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Jun 2020 - Edición 241

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Ser profesor en tiempos de coronavirus

La sala de clase ahora está en la casa. Los compañeros son los hermanos y los profesores la mamá o el papá. Todo ha cambiado sin previo aviso en las últimas semanas para los colegios, y tanto los estudiantes como apoderados y profesores han tenido que adaptarse.

Ser profesor en tiempos de coronavirus

Profesores, ¿de vacaciones?

Desde que se suspendieron las clases ya no tienen que estar al alba en los colegios para recibir a entre 20 y 30 estudiantes en la sala. Suena como que el trabajo para ellos se aliviana bastante, pero ¿es realmente más fácil trabajar de esta manera?

Definitivamente no. El cierre de colegios ha sido un desafío para profesores que han tenido la misión de adaptarse a un sistema para el que jamás los prepararon, sin las herramientas necesarias y haciendo material sobre la marcha, sin evaluación. “Los profesores se han visto obligados a desarrollar contenidos y habilidades en poco tiempo, a cambiar la planificación ya realizada, y a innovar en la forma de entregar el conocimiento”, explica Paloma Domínguez, psicóloga de un colegio de la zona oriente de Santiago.

“El no tener un horario ni lugar definidos, hace que los profesores sientan que tienen que estar siempre disponibles para los estudiantes y apoderados”, agrega Paloma, haciendo un llamado a entender que hoy más que nunca se necesita del trabajo conjunto entre profesores, apoderados y los mismos niños.

Pía Charlín es profesora en diversos cursos sobre 5to básico en el Instituto Alemán de Puerto Montt. Cuenta que el trabajo de la casa ha sido tanto y más complicado. “Hay que coordinar los quehaceres de la casa, con las tareas de los hijos -si son padres-, más la preparación del material y la corrección. También, atender emails de apoderados y alumnos, además de reuniones virtuales con los coordinadores del colegio”.

Dice, además, que reciben bastantes comentarios de padres agobiados y complicados con las tareas de los hijos. Pero también hay papás muy agradecidos de nuestro trabajo. Esto es una oportunidad para que ellos se involucren en el proceso pedagógico de sus niños.

El miedo a quedar atrás

Para los apoderados y profesores uno de los principales temores es que los niños no aprendan lo que deberían. Muchas veces no son capaces de enseñarlo porque no saben o no tienen el tiempo suficiente.

Pía cuenta que en su colegio optaron por usar el sistema online Google Classroom, una herramienta gratuita que permite crear documentos, compartir información en diferentes formatos, agendar reuniones y realizarlas virtualmente. A través de esta plataforma, también se pueden asignar tareas a los alumnos.

Explica que aunque ha funcionado bien, lamentablemente, no todos podrán aprender lo necesario desde la casa. “Hay algunos que les gusta la tecnología y han enganchado, pero los más chicos no tienen acceso a un computador o celular por su edad y les ha sido más difícil. También hay niños que viven en zonas rurales sin Internet, y se van a quedar atrás”.

Asegura que de las cosas positivas de tener un sistema virtual, es que “el contacto visual y la cercanía del video ayudan a que los alumnos se sientan mejor, más acompañados”.

Por otro lado, “el trabajo online genera mucha exposición de los profesores frente a los papás, lo que podría implicar que los profesores se sientan más juzgados”, dice Paloma.

Especialmente en los cursos más chicos el apoyo de los padres es fundamental. Pero no todos entienden la importancia de la corresponsabilidad o tienen el tiempo suficiente. Paloma afirma que hay que entender que vivimos una situación de excepcionalidad, llena de incertidumbres que “hace innevitable que a muchos niños les cueste más concentrarse y aprender”. Para esto recomienda ajustar expectativas y aprovechar de promover la lectura, la cultura y la comunicación familiar, por ejemplo ayudando en las tareas de la casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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