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Regístrate y accede a la revistaDocentes y estudiantes apuntan a escasa fiscalización y problemas de calefacción.
MACARENA CERDA MORALES
Como suele ocurrir tras el paso de sistemas frontales, dentro de las próximas semanas se espera un descenso de las temperaturas, lo que vuelve a poner sobre la mesa las condiciones en que estudiantes y docentes desarrollan la jornada escolar, especialmente en establecimientos con problemas de calefacción.
Y es que la norma vigente del Ministerio de Educación fija temperaturas mínimas para el funcionamiento de los colegios. El Decreto N.º 548 (1988), modificado posteriormente por el N.º 393 de 2010, dispone que los recintos deberán mantener determinadas condiciones térmicas durante la permanencia de los estudiantes y que estas “deberán lograrse idealmente mediante estrategias pasivas, o en su defecto con sistemas de refrigeración y/o calefacción”.
En concreto, el reglamento establece una mínima de 15 °C para educación parvularia y hogares estudiantiles en las zonas andina, central interior del río Maipo al sur, sur litoral, sur interior y sur extrema. Para educación básica y media, en tanto, el mínimo exigido es de 12 °C en las zonas andina y desde el interior de Ñuble e Itata hacia el sur, además del sur litoral, sur interior y sur extrema.
Sin embargo, la misma regulación establece un estándar de confort considerablemente superior. El Decreto N.º 393 señala que “los locales escolares e internados deberán mantener una temperatura de confort interna de 18° a 20° C, la que deberá lograrse idealmente mediante estrategias pasivas, o en su defecto con sistemas de refrigeración y/o calefacción con ductos de evacuación de gases al exterior”.
Ingrid Olea, directora ejecutiva de Educación 2020, señala que “una sala a 12 °C cumple la norma, pero nadie aprende bien a 12 °C. La evidencia es clara: el frío afecta la atención, la memoria y la asistencia. El Decreto 548 es de 1988, fija mínimos muy por debajo de los estándares de confort térmico actuales y ni siquiera rige para básica y media en la zona central. Actualizar ese decreto es necesario, pero con una condición: que venga acompañado de financiamiento, porque no se le puede exigir a las escuelas cumplir estándares sin recursos”.
El presidente del Colegio de Profesores, Mario Aguilar, sostiene que “en la mayoría de los lugares no se cumple ese estándar, diría yo”, y agrega que “conozco colegas que les dicen a los estudiantes que la próxima clase vengan con frazadas, porque está pronosticado mucho frío y la sala va a estar heladísima. Eso es así, eso ocurre, y eso no está suficientemente fiscalizado ni cumplido”.
Darlyn Marchant, vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces), manifiesta que “la realidad en los establecimientos es muy distinta: los estudiantes pasan frío; cuando llueve, las salas sí o sí se van a llover, el casino y los baños, es imposible mantener un lugar con las condiciones mínimas de temperatura con goteras en nuestros espacios”.
La vocera de la Red de Solidaridad Estudiantil, Aranza Díaz, dice que “cada invierno se repite la misma historia: nuestras universidades y colegios se inundan, nos suspenden las clases durante semanas porque las facultades no están en condiciones y somos cientos los que debemos enfrentar las salas con goteras, humedad y frío. El problema no es el invierno y la lluvia, es el abandono”.
“El Mercurio” solicitó hablar al respecto con la ministra de Educación, María Paz Arzola, o el subsecretario del área, Daniel Rodríguez, quienes no estuvieron disponibles.
Fuente: El Mercurio, cuerpo C, 29 de julio 2026.
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