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Fundación La Llave: acompañar para que llegar a la educación superior sea solo el comienzo

Desde hace 20 años, Fundación La Llave acompaña a jóvenes de regiones y en situación de vulnerabilidad que llegan a Santiago para cursar estudios superiores. A través de cuatro hogares, la organización entrega alojamiento, alimentación y una red de apoyo que busca favorecer su permanencia y evitar la deserción.

Fundación La Llave: acompañar para que llegar a la educación superior sea solo el comienzo

Ingresar a la educación superior puede cambiar la trayectoria de un joven y también la de su familia. Sin embargo, para quienes deben dejar sus ciudades de origen y trasladarse a Santiago, conseguir una beca o acceder a la gratuidad no resuelve necesariamente todos los obstáculos que aparecen en el camino.

Dónde vivir, cómo financiar la alimentación, adaptarse a una ciudad desconocida y enfrentar la distancia de la familia son parte de las dificultades que pueden poner en riesgo la continuidad de los estudios. Es precisamente en ese espacio donde Fundación La Llave ha concentrado su trabajo durante las últimas dos décadas.

“Muchos de ellos logran acceder a la universidad gracias a la gratuidad o a becas, pero eso no resuelve todo”, explica Natalia Morales Aguilera, coordinadora social de Fundación La Llave.

Mucho más que un lugar donde vivir

Actualmente, la Fundación cuenta con cuatro hogares en Santiago, donde los jóvenes reciben alojamiento, alimentación, vida en comunidad y acompañamiento integral. La propuesta, explica Morales, busca ir más allá de resolver una necesidad habitacional.

“Más que ofrecer una residencia, buscamos crear un entorno seguro y estable que les permita concentrarse en sus estudios, desarrollar su autonomía y construir su proyecto de vida”, señala.

Natalia Morales Aguilera – Coordinadora social

El propósito es que el ingreso a una institución de educación superior pueda traducirse efectivamente en permanencia, titulación y mejores perspectivas de futuro. En ese sentido, la Fundación pone el foco en un aspecto que muchas veces queda fuera de la discusión sobre acceso: las condiciones que necesitan los estudiantes para sostener sus trayectorias una vez que ya consiguieron entrar.

En 20 años, La Llave ha acogido a 89 jóvenes provenientes de distintas regiones de Chile y 63 de ellos ya se han titulado. Además, el 87% corresponde a la primera generación de sus familias en acceder a la educación superior.

Para Morales, este último dato muestra que el impacto puede extenderse más allá de cada estudiante. La llegada de un primer profesional a una familia puede abrir nuevas oportunidades y modificar las expectativas de quienes vienen después.

Una deserción inferior al 3%

Uno de los indicadores que la Fundación destaca es la permanencia de los jóvenes que viven en sus hogares. De acuerdo con los datos entregados por la organización, la deserción entre sus residentes es inferior al 3%, frente a una tasa nacional cercana al 29,3%.

“Esto demuestra que acceder a la universidad es solo una parte del desafío; contar con condiciones adecuadas y una red de apoyo durante el proceso puede hacer una enorme diferencia”, afirma la coordinadora social.

El acompañamiento apunta, de esta manera, a que dificultades económicas, familiares o de adaptación no terminen interrumpiendo una trayectoria educativa que ya logró superar una primera barrera: el acceso.

Cuando un joven logra titularse, agrega Morales, el efecto tampoco termina con la obtención de un título. Acceder a mejores oportunidades laborales y convertirse, en muchos casos, en el primer profesional de la familia puede abrir posibilidades para las siguientes generaciones.

El desafío de llegar a más jóvenes

La demanda, sin embargo, supera ampliamente la capacidad actual de la Fundación. Este año recibieron 67 postulaciones y pudieron seleccionar solamente a 15 jóvenes. En la actualidad cuentan con cuatro hogares y 36 cupos.

Esa diferencia plantea uno de sus principales desafíos para los próximos años: crecer sin perder la cercanía y la calidad del acompañamiento.

“Nuestro principal desafío es llegar a más jóvenes sin perder la calidad y cercanía del acompañamiento que caracteriza a La Llave”, explica Morales.

Para avanzar en ese objetivo, la Fundación busca fortalecer su sostenibilidad financiera y ampliar la red de personas, empresas y organizaciones comprometidas con el proyecto, de manera de aumentar progresivamente su capacidad de acogida.

El propósito de fondo permanece intacto después de dos décadas: que un joven de regiones no tenga que renunciar a estudiar por no contar con recursos suficientes, un lugar donde vivir o una red que lo sostenga durante el proceso.

“En Fundación La Llave creemos que el talento está en todas partes, pero las oportunidades no. Queremos que el lugar donde nació un joven o la situación económica de su familia no determine hasta dónde puede llegar. A veces, lo único que hace falta es una llave que abra esa primera puerta”, concluye Natalia Morales.

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