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Jul 2021 - Edición 253

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Amanda Céspedes: "Las tecnologías digitales están cambiando el cerebro y la mente de los chicos"

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Para esta destacada neurosiquiatra infantil, todo tiempo pretecnológico fue mejor, asegura que la tecnología digital ha calado en nuestros hogares y relaciones sociales, afectando las habilidades para relacionarnos y reduciendo el tiempo para compartir frente a frente. En esta entrevista conoceremos puntualmente cómo impacta en el desarrollo de los niños y adolescentes.

Por Angélica Cabezas Torres

Es cotidiano ver a los niños y adolescentes pasar horas frente a una tableta o smartphone, seducidos y ajenos al mundo “real”. ¿Afecta este hábito su crecimiento intelectual y afectivo? Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil, asegura que es un asunto complejo, y más aún antes de los 10 años, etapa en la que se están “desarrollando velozmente las diversas funciones cerebrales al servicio de la comunicación interpersonal. Las tecnologías digitales están cambiando el cerebro y la mente de los chicos”. 

¿Cuándo hablamos de “uso excesivo” de dispositivos digitales en los niños y adolescentes?

—Yo soy muy drástica: Antes de los cinco años, los niños no deberían emplear dispositivos digitales como medio de entretención y/o de comunicación. Entre los 6 y los 12 años, el empleo de dispositivos (tabletas, smartphones, etc.) debería ser menor a dos horas por día, sumando entretención y trabajo escolar. En adolescentes, estar conectados a redes sociales no debería superar las tres horas por día y, en lo posible, parceladas.

¿Qué impacto tiene la edad en la que los niños comienzan a usar las tecnologías digitales?

—Mientras más temprano se inician los niños en el uso de tecnologías digitales, menos se desarrollan habilidades sociales tales como la capacidad de leer la mente del otro a través de la mirada, la lectura de claves no verbales, la pragmática (adecuar con rapidez la conducta al contexto), la empatía y la atención espacial (recoger velozmente datos del contexto). Disminuye el empleo de reglas sociolingüísticas (dar las gracias, pedir permiso, sonreír) y se privilegia el contacto social fugaz. 

¿Tenemos un nuevo perfil de niños?

—Tenemos definitivamente nuevas mentes, formateadas, diseñadas por el empleo de tecnologías digitales. Están surgiendo niños muy distintos a los del siglo pasado. Son mentes que procesan la información de modo muy veloz, holístico, con gran empleo de la lógica espacial y de códigos comunicativos nuevos (emoticones, por ejemplo). Lo visual y el espacio son protagónicos, perdiendo relevancia lo conceptual simbólico y el análisis secuencial de los fenómenos. Mentes que privilegian la velocidad de la información por sobre la profundidad de ella. Mentes impacientes. Este procesamiento tan veloz y de superficie sacrifica lo elaborado, lo lento, lo “madurado” antes de ser emitido. Está por encima de la profundidad de las ideas, del desacuerdo con fundamentos que hacía nacer la discusión en un marco de respeto y que es plasmado solamente en las conversaciones de sobremesa, los juegos de salón, la tertulia, el debate.

¿Cuáles son las razones que llevan a niños y adolescentes, a pasar largos períodos frente a las múltiples pantallas?

—Las pantallas ofrecen un material extraordinariamente atractivo desde todo punto de vista (temática, gráfica, sensación de control); generan una elevada expectativa frente a la recompensa (juegos) o son muy gratificantes por su contenido (películas, series). Elevan la liberación de una molécula llamada dopamina, que provoca goce, expectación, interés, curiosidad. Están muchas de ellas a disposición del interesado en cualquier lugar y en cualquier momento y sus contenidos pueden ser elegidos. Sirven de antídoto contra el tedio, la soledad, la pena. Todo esto les otorga una cualidad llamada “gratificación”. Son muy gratificantes, y al ser humano le encanta lo que lo gratifica. El dilema es que si el niño, adolescente o adulto pasa largas horas frente a una pantalla, el sistema de gratificación se hiperactiva y se desencadena una conducta adictiva, pues el cerebro comienza a necesitar dopamina. La pregunta de fondo es ¿por qué un niño o un adolescente —o un adulto— no puede apagar la pantalla para sumergirse en la vida real? La respuesta es: porque la vida real es ingrata. Es una evasión. 

¿Cuál es la edad idónea para que un niño comience a usar las TIC?

—Las tecnologías digitales (TIC) son un espléndido recurso cuando se emplean en el aula, con objetivos bien definidos. Desarrollan la creatividad, el pensamiento divergente y el convergente, la inteligencia ejecutiva, la originalidad, etc. Es distinto cuando las TIC pasan a ser el recurso de entretención en casa, un recurso que permite a los padres desentenderse por largo tiempo de los hijos porque saben que “están en buenas manos”.  Yo soy ardiente admiradora de las TIC en el aula, en la medida que se sepan utilizar y se puedan emplear en preescolar en la medida que no se transformen en “el” recurso metodológico único. Los párvulos necesitan experiencias directas. 

¿Qué cuidados deben tener los profesores al incorporar las TIC como herramienta de enseñanza?

—El empleo de las TIC como recurso metodológico es muy innovador y estimulante para los chicos, pero se debe evitar que se transforme en un medio para evadir el principal deber del profesor, cual es acompañar a los alumnos a crear sus aprendizajes, a darles sentido, a aplicarlos de manera creativa. No basta con que enciendan los laptop o computadores para creer que están aprendiendo de manera innovadora. El profesor es clave, y debe ser un pedagogo que sepa usar las TIC; que ellas sean una parte natural de sus metodologías, porque los chicos perciben cuando el profesor, un inmigrante digital, muestra sus debilidades frente a alumnos que son nativos digitales y dominan la tecnología de un modo muy fluido, dejando en desventaja al docente, el cual pierde liderazgo.

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