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Jun 2017 - Edición 211

[LIBERADA] Familia y escuela: La alianza más poderosa

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Conoce los planes

Subir la vara: Nuevos estándares de desempeño profesional.

Psicología

Hace 30 años Singapur se planteó una profunda reforma educacional para llegar a ser competitivos como país. Dentro de esta cambio educativo, la primera meta fueron los profesores, para lo cual se decidió cambiar el currículo en la Universidad haciéndolo más exigente y profesional, además se becó a alumnos con mejores puntajes que estuvieran dispuestos a estudiar pedagogía. Hoy en día Singapur se ha convertido en uno de los sistemas educacionales más exitosos del mundo según los resultados y también según la satisfacción de las personas insertas en el sistema escolar.


Si uno revisa otros sistemas exitosos se aprecia que todos comparten el plantearse metas de desempeño profesional. Insertos dentro de esto, el Mineduc estableció un “Marco para la Buena Enseñanza” donde lo central es el planteamiento de 4 áreas de excelencia en el desempeño profesional de los profesores: Preparación para la Enseñanza, que tiene que ver con saber de lo que se va a enseñar, así como de las metodologías más apropiadas. La segunda área se denomina Creación de un Ambiente Propicio para el Aprendizaje de los alumnos y tiene que ver con la creación de un clima emocional, social, cognitivo y de disciplina apropiado para el aprendizaje. El tercer dominio llamado Enseñanza para el Aprendizaje de todos los Estudiantes se refiere a la estimulación del desarrollo cognitivo de los alumnos de manera de tratar de garantizar que todos aprendan más y mejor. Por último, el cuarto dominio Responsabilidades Profesionales tiene que con establecer buenos equipos de trabajo con los padres, con los otros profesores y relaciones de apoyo y colaboración con sus alumnos, así como sentirse inserto dentro del sistema educacional.

Como revista queremos recoger y convidarlos a descubrir entonces aplicaciones prácticas en cada uno de estos dominios. Abordaremos alrededor de 10 temas diferentes. Empezaremos por el desarrollo del pensamiento y otras áreas de desarrollo cognitivo. El tema de este mes se refiere al papel de la atención y la memoria en el aprendizaje, qué se sabe sobre su desarrollo y cómo podemos potenciarlo en nuestras salas de clases.

La atención: puerta de entrada al aprendizaje

Si a uno como profesor le piden evaluar la habilidad e interés de sus alumnos en un área en especial, una de las primeras cosas en que nos vamos a fijar es en cuanta atención presta en ese ramo y cuanto es capaz de concentrarse. La atención es como la puerta de entrada del aprendizaje, si no abrimos la puerta ni siquiera le daremos oportunidad de entrar. Sin embargo, la atención ha sido vista como algo mucho más voluntario de lo que las investigaciones demuestran que es. Es decir, la capacidad de atención y concentración que evoluciona con la edad no lo haría meramente en función de una “madurez” que el niño adquiriría, sino que estaría mucho más relacionada con el aprender sobre un tema. Y a partir de ello al estar más experto en ese tema, uno aprende a qué prestarle atención en esa área y por lo tanto es capaz de captar más hechos relevantes, relacionar mejor entre componentes, etc. Por ejemplo, los pintores son capaces de distinguir muchísimos más matices de colores que un ojo inexperto y un experto en música es capaz de prestar atención a pequeñas variaciones en los tonos, que nosotros no seríamos capaces de captar, por atentos y concentrados que estuviéramos. Este hecho de que la capacidad de atender y de concentrarse se relacionan con el ser más experto en un tema, llevó a los investigadores en desarrollo cognitivo a plantear la necesidad de una mediación mucho más activa en el sentido de que es necesario enseñar a prestar atención.

Este hallazgo de la investigaciones se relaciona con una observación realizada por Howard Gardner en los preescolares que aplicaban el currículo de las Inteligencias Múltiples. El se dio cuenta que los niños atendían más y se concentraban mejor, en aquellas áreas en las cuales tenían más habilidad, no en la cual estaban más interesados. Esto él lo interpretó en función de que ese niño con más habilidad, captaba más la situación, ya fuera lo auditivo, lo visual, lo motor, etc. y de esa manera le ponía más atención y sabía qué hacer.

Aplicación en la sala:

a) Enseñar y explicar a los niños a qué tienen que ponerle atención
Si decimos presten atención al pizarrón, lo que realmente queremos decir es miren al pizarrón. Si queremos que presten atención a las palabras que están escritas en él, para lograra distinguir entre ellas cuáles son sustantivos comunes y propios, tendremos que darles elementos para que logren distinguir unas de otras. De manera qué sepan en cuáles elementos fijarse.

b) Enseñar estrategias de exploración organizada
Otra aplicación a la clase es enseñar a buscar o a explorar en forma organizada. Muchos niños cometen errores en su trabajo porque este es realizado en forma desorganizada o desordenada. Por ejemplo, si como parte de un ejercicio deben comparar la columna de la derecha con la de la izquierda, si la exploración la realizan mirando el primer elemento de la columna con cualquiera de la segunda columna lo más seguro es que se equivoque, se le pierda algún elemento, etc. Si en cambio, le enseñamos a comparar el primer elemento con el primero, posteriormente con el segundo y así sucesivamente, desarrollan una estrategia de exploración organizada que es “atenta” y que les permite concentrarse. Lo mismo se aplica al enseñar a buscar en el diccionario, al enseñar a investigar en libros, al enseñar a observar fenómenos de la naturaleza. No basta decir: “fíjense” o “busquen”, el niño no sabe qué buscar o en qué fijarse, eso debe ser enseñado por el profesor.

c) Enseñar estrategias de secuencia de pasos
Al igual que en el caso anterior hay muchas tareas o ejercicios que para resolverlos bien se deben seguir una secuencia de pasos. Todo lo que sea anotar esa secuencia de pasos, enseñarla, recordarla en voz alta, le permite al niño ir interiorizando una “manera de hacer las cosas”, interiorizar procedimientos, que le permitirán en otras situaciones mayor autonomía y capacidad de concentrarse porque sabe qué pasos seguir. Al observar niños en clases, se capta que muchos dejan su trabajo en la mitad no por falta de voluntad o por no querer seguir, sino más bien porque no saben como seguir: no han interiorizado un procedimiento.

La atención, la capacidad de estar alerta al ambiente: que depende del niño

Los terapeutas ocupacionales más que hablar de atención hablan de “alerta” y ellos saben mejor que nadie que existe un nivel óptimo de alerta (Zuckerman,1994). Este estado de «alerta óptima», grafica el mejor estado de activación, necesario para captar los estímulos del ambiente. En un nivel bajo de activación la persona está aburrida o aletargada y con niveles altos de activación es donde la persona está sobreexcitada o muy ansiosa. Cuando un niño está con un alerta bajo, se nota en que se ve aletargado, ensimismado, desatento, poco conectado. Existen varias posibilidades para que el alerta esté disminuida: un niño que está durmiendo mal por algún problema respiratorio no descansa y si no descansa al otro día anda aletargado. Si un niño está con alergia, el alerta disminuye considerablemente porque al niño se le complica respirar. Un niño con asma o cualquier otra afección respiratoria tiene incidencia en el alerta. Un niño preocupado por algo puede dirigir toda su atención y energía a ese problema, con lo cual no queda energía para dirigirla hacia el aprendizaje. Un niño aburrido tampoco está en nivel óptimo. Por otro lado un niño puede verse como “hiper alerta”, atento a todo, sin posibilidad de profundizar en nada porque todo le atrae su atención y picotea de una cosa a otra. Existen varias posibilidades para ello: un niño que está ansioso por algo, un niño que está aburrido puede dedicarse a explorar como una manera de aumentar el alerta. Por supuesto que en ambos casos, el niño con alerta muy baja o el niño hiperalerta, el problema puede deberse a un déficit atencional.

La atención, como manejarla en una clase: qué depende del profesor

Existen varias variables o cualidades del estímulo que afectan el alerta: intensidad del estímulo, tamaño, color, connotaciones afectivas, originalidad, complejidad, grado de cambio en relación a la estimulación anterior, carácter repentino del cambio, sorpresa, incongruencia, incertidumbre.
Todas estas cualidades del estímulo, en este caso nuestra clase, pueden y deben ser manejadas por nosotros. No hay que asumir por ello, falsamente que la novedad y el cambio continuo son lo mejor, ya que el exceso de cambio y falta de rutina en el ambiente generan mucha ansiedad. Entonces por un lado una sala de clases con un nivel óptimo de estimulación requerirá de una cuota de cambio, novedad y otro tanto de rutina y predecibilidad.

Actividades que suben el nivel de alerta: introducir cambios físicos (cambiar orden de los asientos, apagar la luz para contar un cuento de misterio), cambiar la forma de trabajo: de individual a trabajo en parejas, a grupos, dividir la clase en dos grandes grupos, etc. Introducir incongruencia: esto se refiere a introducir un elemento que sea discordante para graficar una idea, por ejemplo, empezar la clase de historia con unas sumas y restas que los niños deben resolver, para graficar cuantos hombres partieron en expedición a Chile y cuantos de ellos murieron por el camino y así ver la historia en cifras reales. O iniciar la clase con un problema o pregunta que uno sabe que les va a quedar “grande”, pero así despertar interés y curiosidad. Para generar incertidumbre uno puede dejar cosas inconclusas de una clase a otra. Dejar un cuento sin terminar, dejar una narración histórica en una situación límite, dejar para otro día el recuento de puntaje de una competencia de matemáticas etc.

La rutina es necesaria: la rutina hace que el día a día sea predecible, que uno no tenga que estar adaptándose al cambio o a la novedad permanentemente, lo que genera excitabilidad y ansiedad. La rutina es necesaria entonces en el respeto de los horarios, en los tiempos de entrega de los trabajos, en la revisión de las tareas, en tener ciertos espacios para conversar con los alumnos, ciertas rutinas para que ellos puedan comunicar sus inquietudes y no tengan que perseguirlo a uno en la sala de profesores y toda rutina que facilite la convivencia diaria.

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