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Nov 2019 - Edicion 236

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El niño resiliente

Orientación · Psicología · Sociología

Autor: Grupo Educar

 

Enfrentó las tormentas de la vida y salió de ellas fortalecido.

Cuantas historias no hay como la de Aníbal, plagadas de dificultades y dolores. Sin embargo, muchas de ellas con resultados diferentes. ¿Qué hace que algunos salgan de las dificultades más fortalecidos y mejores mientras que otros salen amargados e inseguros? Los psicólogos han acuñado una palabra para definir este fenómeno: RESILiENCIA.

 

¿Qué es la Resiliencia?

Resilencia es la capacidad de soportar las adversidades y salir fortalecido de ellas.

Resilencia es la capacidad de enfrentar una situación dolorosa.

Resilencia es la capacidad de enfrentar desafíos, es la actitud frente a esos desafíos, es la capacidad de adaptarse a los cambios.

Las personas resilentes nacen y se hacen, es decir existirían factores genéticos y de crianza que incidirían en que un niño sea una persona más resilente.

 

¿Cuáles son los rasgos de una persona Resiliente?

- Las personas resilentes tienen una actitud proactiva de resolución de los problemas. No se quedan lamentándose en forma pasiva, y aunque puedan enojarse o angustiarse frente a un problema, pasan de los sentimientos a la acción. Se plantean ¿qué es lo que yo puedo hacer frente a este problema? Y asumen su cuota. Resilente sería un niño que al no entender matemáticas, pediría ayuda a un hermano mayor, estudiaría más y se sentaría al lado de un compañero que entendiera bien. Una actitud pasiva sería decir “es que soy malo para las matemáticas”, reactiva sería la actitud de echarle la culpa al profesor porque no explica bien.

- Las personas resilentes aprenden de sus fracasos y tratan de ver lo bueno de cada situación o circunstancia. No niegan lo doloroso de las situaciones, pero piensan en términos de ¿qué puedo aprender de esto? Resilente sería un profesor que luego de un pobre resultado en el Simce decidiera analizar las causas de ese resultado y qué aspecto él puede cambiar para una próxima vez.

- Las personas resilentes presentan un gran sentido de coherencia, es decir, son personas que tienen un sentido de vocación o misión personal. Por lo general, esto se ha visto asociado a una visión espiritual de la vida, en la cual mi existencia es importante y hay una sensación de apoyo espiritual en un Ser Superior, que me ha creado con un sentido. Las investigaciones muestran que la fe es un aspecto fundamental para la superación de las situaciones dolorosas y de las personas psicológicamente más sanas.

¿Se puede educar la Resiliencia en la sala de clases?

Definitivamente, sí.

 

1- Ayudar a nuestros alumnos a descubrir sus fortalezas:

Hace poco tiempo entrevisté a una profesora para preguntarle sobre una alumna suya que estaba en tratamiento psicológico. Cuando le pregunté sobre que opinaba de ella, sus palabras textuales fueron. “Participa poco en clases, cuando levanta la mano, se pone nerviosa y pregunta tonteras, es tímida y está siempre volando” como diría Gabriela Mistral “cien veces lo miré y nunca lo vi». Esa profesora no había visto a su alumna, y por lo tanto no era capaz de ayudarla. No había visto que le fascinaba la historia, que dibujaba y pintaba estupendo, que cuando había otro que estaba con pena era la primera en acercarse.

Para ayudar a nuestros niños a desarrollar sus habilidades tenemos que descubrirlos. Hay multiplicidad de dones y esos no han sido repartidos en forma pareja.

Una persona que descubre sus dones es una persona que capta como puede contribuir a los demás. Una persona que descubre sus dones es una persona que puede más fácilmente aceptar no ser tan buena en otras áreas.

Para ayudar a nuestros alumnos a descubrir sus dones podemos:

  • Replantearnos el consejo de profesores. Un consejo de profesores puede derivar en un “pelambre de alumnos difíciles” o puede convertirse en una instancia para descubrir la visión que otros tienen de ese niño. Plantearnos como un imperativo descubrir áreas de fortaleza en cada alumno.
  • Aprovechar la entrevista con los padres de nuestros alumnos como un momento para descubrir otras áreas y aspectos positivos que nosotros no hayamos visto. Iniciar la entrevista preguntándole a los padres: ¿cómo es ese niño en la casa?, ¿Qué hobby o interés especial tiene? Un niño de kinder tenía muy preocupada a su educadora por sus grandes dificultades. En entrevista con los padres les preguntó que le interesaba y los padres le contaron que era un especialista en dinosaurios. La educadora con gran finura aprovechó ese dato para nombrarlo consultor de la clase cuando iniciaron la unidad sobre ese tema. Ese fue el comienzo de un despertar para ese niño.
  • Preguntar a los otros sobre que ven en cada uno de sus compañeros. Los niños son un excelente barómetro para medir habilidades. En su libro Chocolate caliente para el alma, Jack Canfield, cuenta la historia de una profesora que un día decidió pedirle a cada alumno que escribiera algo positivo que viera en sus compañeros. Luego, copió en hojas lo que había recopilado sobre cada uno. Años después descubrió que una gran mayoría de ellos conservaba esa hoja de 4° básico y que habían sido releídas miles de veces.

 

2- Ayudar a los niños a desarrollar un estilo proactivo de solución de los problemas.

  • Ayudar a los niños a captar que una vida feliz no es aquella que no tiene problemas, los problemas nos permiten probarnos a nosotros mismos. Los problemas nos dan un sentido de desafío que es también estimulante.
  • Utilizar como parte de la metodología de la clase plantearles problemas a los niños más complejos de lo que acostumbramos. A modo de ejemplo es interesante saber que los profesores de matemáticas en Japón, utilizan el planteamiento de problemas como una metodología muy frecuente. En Castellano, Historia, Geografía se pueden plantear problemas.
  • Usar un esquema de resolución de problemas para enfrentar problemas frecuentes de la sala de clases. Ej: robo, copia, faltas de responsabilidad. Se plantea entonces en el consejo de curso: “Tenemos un problema de robo en esta sala”, de ahí se analiza y se buscan caminos. De este modo los niños aprenden a enfrentar más problemas, a trabajar en equipo para solucionar un problema y a verlos como parte de la vida.

 

3- Ayudar a los niños a ver el error como parte del aprendizaje y como el riesgo implícito en toda cosa que se emprende.

Hace un mes me tocó observar un 4° básico. Estaban resolviendo problemas de matemáticas. Alrededor de 5 alumnas lo resolvieron muy rápidamente. Un grupo de 20 lo resolvió en un rato prudente y alrededor de 7 personas tuvieron mayor dificultad. Si uno observa otra clase, por ejemplo de gimnasia o de lectura se encuentra con algo más o menos similar. Que esos niños que se demoran se sientan unos parias, me preocupa, que sus compañeros les digan: puchas que te demoras, o así no se hace; también debiera preocuparnos. Porque dejamos de ver el colegio como un lugar donde se va a aprender y se lo ve como un lugar donde ir a saber y rendir.

  • Plantear como regla del funcionamiento de la clase, que está permitido equivocarse.
  • Tomar conciencia que, un alumno que se equivoca y le cuesta aprender muchas veces nos irrita, porque nos hace sentir impotentes, o porque tenemos expectativas más o menos rígidas con respecto a cuanto debiera demorarse un alumno en aprender. Mirar al alumno que se demora en aprender algo, como una persona que requiere más tiempo para asimilar ese concepto, le quita pasión al asunto y nos permite arreglarlo de manera que reciba esas explicaciones. Hay colegios donde se ha formado una hora de estudio posterior a la jornada escolar donde en la biblioteca un profesor explica a los niños que lo necesitan. En otros se ha formado grupos de madres que apoyan la labor del profesor de manera de que el profesor disponga de más tiempo para explicar.  
  • Un profesor que me tocó conocer, enfrentaba los errores de sus alumnos con un espíritu diferente. Si un alumno se equivocaba le daba oportunidad de rectificar su error, lo señalaba y le preguntaba ¿Crees que está bien? ¿Se te ocurre otra manera de hacerlo?. No buscaba pillar a nadie. Al corregir las pruebas se centraba en aquellas preguntas que un mayor número de alumnos se había equivocado y les planteaba, “descubramos que podemos descubrir de estos errores”. ¡Qué clima se respiraba en esas clases!

 

4- Ayudar a los niños a desarrollar algún hobby que les permitan descubrir dones e intereses que les sirvan de compensación a hechos duros de la vida, a problemas, etc.

 

5- Recordar que la relajación, el sueño, contribuyen a tener más fortaleza para enfrentar el estrés.

 

6- Entregar valores y creencias que les ayuden a desarrollar un sentido más coherente de la vida.

  • Contar historias de fe y perseverancia, la Biblia, los mitos de la antigüedad, los relatos históricos están llenos de historias de gente que vence miles de obstáculos y logra su objetivo.
  • La idea de que los obstáculos son parte de cualquier empresa.
  • La idea de que podemos aprender de nuestros errores y fracasos y que el que no lo hace corre el riesgo de tropezar dos veces con la misma piedra.
  • La idea de que si bien no tenemos alternativa de elección frente a muchos de los sufrimientos y limitaciones que nos ocurren, siempre podemos elegir la actitud con que los enfrentamos.

Nivel

Preescolar - 8vo Básico

Asignatura

Orientación

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