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Abr 2024 - Edición 281

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Desafíos 2024

Con los resultados de la prueba PISA en mano, conversamos con expertos acerca de cómo enfrentar este 2024. Velar por aumentar la matrícula y la asistencia a clases, junto con priorizar los aprendizajes, trabajando las habilidades lectoras y matemáticas, además de un refuerzo por el trabajo socioemocional, parecen ser las claves.

Por: Marcela Muñoz I.
Desafíos 2024

Hace algunos meses se entregaron los resultados en la prueba PISA, que revelaron una baja en comparación con la evaluación realizada prepandemia, en 2018. Sin embargo, Chile sigue con promedios superiores a sus pares de América Latina y el Caribe en las tres áreas que mide PISA 2022.

Los resultados de la prueba de Matemática en el país arrojaron una caída de cinco puntos en comparación al resultado anterior, mientras que la prueba de Lectura promedió 448 puntos, registrando una disminución de cuatro puntos, y en la prueba de Ciencias Naturales, Chile promedió 444 puntos, similar a lo alcanzado en 2018.

La prueba PISA, que lleva a cabo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se aplica en el país cada tres años desde el 2000, y en su última evaluación –correspondiente a 2021 pero postergada por la pandemia al año 2022– participaron 6.488 estudiantes de 230 establecimientos de todo Chile, destacándose en el cumplimiento de los estándares para su aplicación.

Para académicos, como Carlos Henríquez, coordinador general del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la OREALC/UNESCO, “no hay grandes diferencias en los resultados de nuestro país, pese a que se proyectaron unas pérdidas gigantescas para América Latina respecto de los aprendizajes. Aunque las proyecciones de los resultados eran poco promisorias, los datos no lo señalan. ¿Eso quiere decir que tenemos un escenario positivo? Por supuesto que no, ya que seguimos teniendo uno de cada dos alumnos, que ni siquiera tiene niveles básicos de aprendizajes”. 

Explica Carlos que falta muchísimo por avanzar, pero para hacerlo, hay que anclarse, dice, en las fortalezas del sistema y tomar acciones distintas que permitan hacerlo. “Al revisar los datos en serie, Chile no cambia entre el 2018 y el 2019, pero si se revisan desde el 2000, cuando parte esa prueba hasta el 2022, Chile mejora hasta el 2012 en lectura y después se estanca. “¿Qué quiere decir esto? Fuimos capaces de avanzar, pero después lo que estamos haciendo no está agregando mayores aprendizajes. Sin embargo, en Matemática no hemos podido mover la curva hacia adelante, nunca hemos podido movilizar la mejora, incluso desde el 2000. Debemos generar los acuerdos necesarios para dar el salto, en la recuperación y transformación educativa”.  

Para este año, el desafío educativo es…
“Debemos generar los acuerdos necesarios para dar el salto, en la recuperación y transformación educativa que Chile necesita”.

Carlos Henríquez
Coordinador general del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la OREALC/UNESCO.

Una opinión similar tiene Daniel Rodríguez, director ejecutivo de Acción Educar, para quien los resultados de la Prueba PISA confirman una tendencia al estancamiento desde hace cerca de una década; la diferencia respecto de 2018 no es significativa. “Lo que llama la atención es que Chile no muestra una disminución profunda de los puntajes postpandemia. Por ejemplo, países como Noruega y Dinamarca, que suelen destacar en este tipo de mediciones, muestran caídas muy significativas”.

En tanto, María Paz Arzola, coordinadora del Programa Social del Instituto Libertad de Desarrollo, explica que la PISA mostró una disminución en el desempeño de Chile, aunque algo menor que la del promedio de los países medidos. “Así también, reveló que la caída provino principalmente de las mujeres y del segmento socioeconómico alto, mientras que el más bajo se ha mantenido estable”.

Sin embargo, señala la investigadora de LYD que, “dado que por ahora no hay más información para explicar estos resultados, solo podemos plantear hipótesis. Una de ellas es la de Henríquez, que sería la tesis optimista. Alternativamente, está la tesis pesimista, que indicaría que dado el bajo valor que agregan colegios de mal desempeño a sus alumnos, estos no se vieron fuertemente impactados con su cierre”. 

Para este año, el desafío educativo es…  

“Realizar una serie de intervenciones que informen a los apoderados sobre la asistencia de sus hijos y traten la temática desde una perspectiva multifactorial. Algo similar ocurre con la salud mental: se deben implementar programas efectivos y costo-eficientes a distintos niveles”.

Daniel Rodríguez, Director ejecutivo de  Acción Educar.

De hecho, si observamos el SIMCE, apunta Arzola, “yo tiendo a pensar que simultáneamente se están dando ambas cosas, es decir, comunidades que fueron resilientes y que están haciendo bien las cosas; sin embargo, también hay otras que mantienen un desempeño insuficiente de manera sistemática y posiblemente no tienen las condiciones ni las capacidades para sobreponerse. De ahí que sea tan urgente activar el sistema de clasificación de colegios que permita guiar las acciones que contribuyan a la mejora escolar”.

Por su parte, Sylvia Eyzaguirre, investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP), sobre los resultados de la prueba, tiene una lectura completamente opuesta a la de Carlos Henríquez, “porque me permito dudar de la resiliencia de nuestro sistema educativo al compararlo con Finlandia o con la gran mayoría de los países de la OCDE”. 

Por el contrario, señala Eyzaguirre que “más bien creo que el bajo impacto del cierre de las escuelas durante la pandemia en los aprendizajes de nuestros jóvenes se debe al bajísimo valor que agregan los establecimientos escolares. De hecho, los jóvenes del quintil de mayores ingresos fueron los que disminuyeron más su rendimiento, mientras que aquellos del quintil más pobre incluso mejoraron su desempeño”. 

Lo anterior se podría explicar por el valor que agregan los establecimientos escolares más que la resiliencia de nuestro sistema educativo. “Por lo demás, también PISA nos enrostra el bajo desempeño de Chile en esta prueba, siendo la calidad de nuestra educación el principal factor a atender”, puntualiza la investigadora del CEP. 

¿Dónde poner el foco este 2024? 

Lo anterior nos llama a enfrentar enormes desafíos en materia educativa en tres focos principales. 

Para Eyzaguirre es clave “aumentar la matrícula de la educación parvularia, especialmente en los sectores más vulnerables. Las estadísticas gubernamentales no muestran una disminución importante de la matrícula en este nivel educativo, que puede cumplir un rol relevante en el desarrollo integral de los niños, especialmente en la estimulación temprana del lenguaje”.

Algo similar propone Daniel Rodríguez, quien señala que es clave una fuerte posición de la autoridad educativa y de las comunidades locales respecto a la importancia de la asistencia, que no deje espacio a la desvinculación. “Se necesita, para esto, una serie de intervenciones que informen a los apoderados sobre la asistencia de sus hijos y traten la temática desde una perspectiva multifactorial. Algo similar ocurre con la salud mental: se deben implementar programas efectivos y costo-eficientes a distintos niveles”.

Por ejemplo, señala Rodríguez, este año vimos cómo la deserción escolar aumentó en un 13,3%. Incluso, durante un mes vimos que 1 millón 300 mil estudiantes presentaron inasistencia grave. “El Plan de Reactivación cuenta con un ítem de revinculación de estudiantes, sin embargo, el último reporte arrojó que cerca de la mitad de las comunas que solicitaron recursos para la contratación de revinculadores, no recibieron los montos suficientes para conformar un equipo. Por tanto, el Presupuesto 2024 era una oportunidad para avanzar en esta línea, pero no se aprovechó”.

Para este año, el desafío educativo es…

“Con respecto a las prácticas, implementar una mejor vinculación tanto de los supervisores de las empresas y sus gerencias, a quienes invitamos a la escuela para que conozcan in situ a nuestros estudiantes y su trabajo en sus respectivos módulos, revitalizando los lazos. De hecho, sobre el 90% de los alumnos de la generación 2023 tiene sus prácticas aseguradas, de las cuales el 100% son pagadas”.

Gino Canales, Director de la Escuela Industrial Talleres San Vicente de Paul.

Otro de los aspectos necesarios que trabajar es aumentar la matrícula y asistencia en la educación escolar. El número de jóvenes que deserta del sistema escolar es alto y, por ello, “necesitamos ir a buscar a los jóvenes que están fuera del sistema para insertarlos y lograr que terminen sus estudios escolares”, agrega. 

Asimismo, sobre el punto anterior, la asistencia a clases se ha convertido también en otro de los aspectos críticos. “La inasistencia grave ha aumentado de forma importante y, por esa razón, se debe diseñar una estrategia para concientizar a los padres y estudiantes de la importancia de asistir al establecimiento, pero también nuestro sistema educativo debe volverse atractivo para los jóvenes”, concluye la investigadora del CEP.

Para abordar ese desafío, explica Gino Canales, director de la Escuela Industrial Talleres San Vicente de Paul, perteneciente a la Red Educacional San Vicente de Paul, que es parte también de la RED Irarrázaval, la clave está en “seguir poniendo el foco en lo socioemocional, especialmente en la autoestima tanto personal y académica de nuestros estudiantes, docentes y asistentes de la educación, ya que, en nuestra escuela, hemos logrado tasas por sobre el 98% de retención escolar. Además, el 92% de los estudiantes están realizando sus prácticas, y cerca de 60 alumnos de la generación 2022 (de un total de 112) se encuentran cursando una carrera técnico profesional y profesional en instituciones de educación superior”.

Para ello, dice Canales, instaurar una cultura de altas expectativas es tarea de todos, “por eso el personal docente y asistentes de la educación deben ser inspiradores para estos jóvenes. Relevar su importancia en el proceso educativo es vital, lo cual obliga a tener una mirada amplia para impulsar los perfeccionamientos de estos colaboradores con la idea de tener una cultura escolar de altas expectativas de verdad”.

En esa línea, coincide María Paz Arzola de LyD, para quien es crucial recuperar de forma urgente los niveles de asistencia previos a la pandemia y al estallido de 2019, así como frenar la deserción de estudiantes y poner recursos y capacidades para revincular a aquellos que hoy están fuera del sistema. “No podemos quedarnos tranquilos mientras la cobertura escolar esté cayendo, y ahí no solo los colegios, sino la sociedad en su conjunto, incluido el gobierno y figuras públicas, deben colaborar con dar la señal inequívoca de que el primer deber de un niño es asistir al colegio”. 

Por último, explica Sylvia Eyzaguirre, en Chile existe una deuda histórica con el nivel de los aprendizajes de los niños y jóvenes. “Dada la envergadura del desafío, priorizaría las habilidades lectoras y matemáticas en los primeros cuatro años de la educación escolar”.

Por ello, para Arzola, “es urgente recuperar los aprendizajes, en especial de aquellos alumnos que más deterioros han sufrido y que sistemáticamente no cumplen con el nivel mínimo para su edad, acumulando rezagos que cada día se hace más difícil revertir”.

Las priorizaciones de este 2024 

Para Sylvia Eyzaguirre no existe una única respuesta sobre cuáles debiesen ser los factores para priorizar. “Es importante que el desafío que enfrentamos en educación sea apropiado por las comunidades educativas y sean ellas el principal motor de esta preocupación. Para ello, el nivel central debiera facilitar las condiciones para que las comunidades puedan hacerse cargo de este desafío”. 

Lo anterior, dice la académica del CEP, implica flexibilizar el uso de los recursos, desburocratizar la gestión y entregar más recursos focalizados para las diversas necesidades que enfrentan los establecimientos, así como también llevar adelante cambios legales o reglamentarios que permitan a los directivos resguardar la convivencia al interior de los establecimientos. 

Asimismo, Gino Canales insiste en que se debe priorizar un adecuado trabajo que signifique “mejorar la asistencia, la lectura y matemática, y los índices de convivencia escolar y salud socioemocional”. Lo anterior, señala, solo se logra teniendo la convicción de dejar atrás “los lamentos de las secuelas de la pandemia, naturalmente teniéndolas presentes para generar las priorizaciones curriculares debidas y, a partir de ahí, diseñar planes de nivelación y reforzamientos, tanto en la jornada regular como en las jornadas o talleres extraprogramáticos”.  

En la misma línea, Arzola explica que, por un lado, es necesario destinar recursos para contar con personal asistente de la educación, pues no es posible pedir a los docentes que se hagan cargo de problemas de conducta que exceden lo que estos pueden manejar dentro de su sala de clases. “Y, por el otro, es de suma importancia que los colegios instalen una cultura de la evaluación para la mejora, que realicen diagnósticos precisos para identificar quiénes son sus alumnos con más dificultades y dónde, en qué contenidos, están sus principales falencias. Se necesita un trabajo de hormiga para adaptar la enseñanza y así poder nivelar a quienes se han ido quedando atrás, lo que no puede hacerse a ciegas”.

Singapur recuperó el primer puesto a nivel mundial en rendimiento en Matemáticas, Lectura y Ciencias entre los estudiantes de escuela en las pruebas PISA de 2022 y allí trabajan fuertemente con los docentes. ¿De qué manera seguir reforzando la carrera docente, por ejemplo, ya que la gratuidad la está dejando obsoleta?

 

María Paz Arzola

“Hoy tenemos un sistema de carrera docente que necesita ser evaluado de forma rigurosa y objetiva. Un informe encargado al PNUD encontró una serie de limitaciones que estarían impidiendo que este cumpla con las expectativas que motivaron su creación en 2016; sin embargo, atendidos los cuantiosos recursos que involucra, se echa de menos también medir de qué manera esta ha contribuido o no con el mejoramiento en el desempeño de los estudiantes. Es urgente contar con una evaluación de esa índole, que a su vez determine mejoras en la evaluación docente, que, si bien es necesaria, tengo mis dudas de que hoy esté permitiendo discriminar correctamente el desempeño de los profesores”.

 

 

 

Sylvia Eyzaguirre

“Habla mal de una profesión cuando la razón para estudiarla es si existe gratuidad o no. Necesitamos atraer a jóvenes de alto rendimiento académico y con vocación por la enseñanza a las carreras de pedagogía. Para ello se requieren al menos tres elementos: una formación y profesión desafiante, salarios competitivos y prestigio profesional. Como país hemos avanzado en mejorar los salarios, pero todavía nos falta mucho por fortalecer la formación inicial y el ejercicio de la profesión. Creo que el prestigio es una consecuencia de las primeras”.

 

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