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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Camilo Mori: La viajera (1928)

Por: Catalina Martínez Waman, Área Educativa, Museo Artequin.
Camilo Mori:  La viajera (1928)

Una de las figuras más destacadas en la renovación del arte chileno del siglo XX, fue el pintor Camilo Mori (1896-1973). Artista multifacético, se dedicó a varias disciplinas; no sólo a la pintura, sino también al dibujo y al diseño teatral y fue conocido como un prolífico cartelista. Mori nació en Valparaíso e ingresó a estudiar a la Escuela de Bellas Artes en el año 1914; allí fue alumno de Alberto Valenzuela Llanos, del español Fernando Álvarez de Sotomayor y de Juan Francisco González. Este último se caracterizó por una obra de pincelada suelta, de intensos colores y por un estudio de la luz natural, elementos que se apartaban del canon imperante en la época y que probablemente dieran las primeras pautas de mirada distinta para la pintura en Camilo Mori.
El artista realizó dos viajes a París, que fueron decisivos en su trabajo artístico; el primero de ellos fue en el año 1920, donde conoció la obra de varios artistas modernos, pero sin duda la influencia de Paul Cézanne (1839-1906), será una de las más evidentes en su propia producción.
Durante la estadía, Camilo Mori se relaciona con otros artistas e intelectuales chilenos, entre los que destacan Henriette Petit, Julio Ortiz de Zárate, Luis Vargas Rosas y Juan Emar. Con ellos forma posteriormente el Grupo Montparnasse. Luego de ese viaje, y junto al grupo recién conformado, participa de actividades que buscaron renovar la enseñanza del arte en Chile, por medio de nuevos referentes visuales, con el fin de romper con el realismo de la Academia. Nueve años después realiza un segundo viaje. En esa oportunidad fue comisionado por el gobierno con la tarea de inspeccionar a un grupo de alumnos y profesores enviados a Europa para que cumplieran sus estudios, luego del cierre de la Escuela de Bellas Artes en Chile. Durante ese segundo viaje, Camilo Mori se vinculó con exponentes de la Escuela de París y con artistas del movimiento cubista como Pablo Picasso y George Braque.

En su carrera artística Camilo Mori incursionó en diferentes géneros: el retrato, la naturaleza muerta y el paisaje. Aplicó la influencia de varios referentes que provenían del arte europeo posimpresionista y de vanguardia, que hicieron alejar su obra de la representación mimética de la realidad y reflexionar sobre la pintura como un medio en sí mismo. El artista tomó de manera libre elementos de diferentes vanguardias como el Cubismo, Expresionismo y Fauvismo. En su producción de los años 20, sus obras fueron realizadas de manera sintética y bidimensional, con un vibrante contraste cromático.

Ejemplo de ello, es su reconocida obra “La viajera” (1928), pintura para la cual posa su esposa Maruja Vargas Rosas, y que ha sido considerada por los expertos como una renovación del retrato en la escena local. Mori utiliza amplias zonas monocromáticas que favorecen la expresividad en la representación. Una de las lecturas que se han hecho sobre esta obra es verla como un cuestionamiento hacia el rol de la mujer en la sociedad de la época, entendiendo que en ese tiempo el lugar otorgado era dentro del espacio doméstico, a diferencia de la representación en el cuadro, donde la mujer habita lugares públicos como, por ejemplo, un tren. Mori quiso de alguna forma transmitir al espectador la atmósfera de un viaje y no necesariamente la versión mimética de Maruja.

Actividad sugeridad para estudiantes de segundo ciclo de educación básica

Se invita a los estudiantes a la creación de una historia a partir de la observación del cuadro “La viajera” de Camilo Mori. Para propiciar el diálogo y la creatividad, se sugiere proponer algunas preguntas sobre lo que observan; por ejemplo: ¿Qué vemos en esta obra? ¿Qué elementos de la vida cotidiana reconocemos en ella? ¿Cómo se llamará? ¿Qué edad tendrá esta mujer? ¿Cómo creen que se siente? ¿Hacia dónde viajará? ¿La estarán esperando en el terminal de trenes? ¿Será un viaje por trabajo o por placer? ¿Qué irá leyendo? ¿Quién será el personaje que está a sus espaldas?

El objetivo es que los estudiantes inventen su propio relato a partir de esta pintura. Para finalizar la actividad se sugiere que cada uno lea su relato, exponiéndolo frente al grupo.

 

“La viajera”, 1928, Óleo sobre tela, 100 x 70 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

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