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Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

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Educar la espiritualidad para formar niños seguros

En la inocencia de los niños está la espiritualidad. Con sus simples, pero difíciles preguntas reflejan lo más intrínseco de las personas: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué es morir? Es esta curiosidad innata la que los docentes deben potenciar.

Por: Francisca Icaza
Educar la espiritualidad para formar niños seguros

Se viene un fin de semana largo a nivel nacional y, aunque sólo los católicos celebran Semana Santa como un tiempo de recogimiento y oración, es una oportunidad para todos de vivir la espiritualidad. ¿Qué está pasando con la educación de nuestros niños en este sentido?

Religión y espiritualidad no son sinónimos. Mientras que el primero es un conjunto de creencias o dogmas acerca de una divinidad; la espiritualidad -como su nombre lo dice- es lo referente al espíritu, a lo más esencial del ser humano.

“Independiente del credo, al educar el “espíritu” estamos ayudando a los niños a que se conecten con ellos mismos y con su entorno. Con esto, estamos a la vez criando personas que respeten a todos y todo lo que los rodea”, explica Ignacia González, psicóloga.

Vivimos en un mundo que cambia constantemente, marcado por el materialismo, la tecnología, el consumismo y muchas veces también violencia. “Entonces es hoy cuando más que nunca necesitamos potenciar la espiritualidad de los niños y fomentar valores”.

Los docentes deben aprender a incentivar en los alumnos una inquietud espiritual, explica. “Al cuestionarse quiénes son, hacia dónde van, qué es lo que quieren de ellos mismos, estaremos educando personas más seguras, por lo mismo más comprensivas con su entorno y más optimistas y respetuosas”, dice. Y agrega que además se fortalecen los valores internos de cada niño y así descubren de qué son capaces.

“Como profesores es necesario promover instancias y experiencias de espiritualidad, que los ayuden a resolver problemas por sí mismos, superar crisis y sobrellevar la presión que implica la adolescencia”. Formar personas con valores e inteligencia emocional para que puedan conectarse de manera adecuada con el entorno, es una importante herramienta, asegura.

En un sentido más práctico, esto no sólo los ayudará a tener mejores relaciones sociales, sino también a evitar malas influencias como el alcohol y las drogas. “Sólo teniendo en cuenta esta dimensión espiritual estaremos efectivamente entregando una educación integral a los niños”.

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