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Jul 2021 - Edición 253

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Chile en el escenario internacional de las tecnologías

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En los años 90, nuestro país era un referente en materia de tecnologías y aprendizaje. Pero hoy tenemos en general políticas de distribución de dispositivos en las escuelas y poco más. Esa situación es lamentable, porque la evidencia internacional indicaría que la sola presencia de tecnología no hace ninguna diferencia en los resultados de aprendizaje. 

Por Marcela Paz Muñoz Illanes 

Esa es la visión y el llamado que hace Eugenio Severin, experto e investigador en TIC, fundador y director ejecutivo de “Tu Clase, Tu País”, quien participó en el seminario “Innovación y Aprendizaje. ¿Cómo cambiar los paradigmas en educación?”, organizado por la Comunidad de Emprendimientos en Educación (Ceeduc), que reúne a 10 instituciones educacionales integradas por egresados de Enseña Chile.

Después de 30 años de inversión en tecnología en educación, las prácticas educativas en América Latina son prácticamente las mismas que teníamos antes de esas inversiones. Lo más probable es que, tal como asegura Eugenio Severin,  se han instalado nuevos equipos y tecnologías en la sala de clases, pero lo que falta es un cambio real en las políticas educativas que permitan sacarles partido y en definitiva, mejorar el aprendizaje de los alumnos. 

¿En qué etapa nos encontramos como país, en cuanto al uso de las TIC en los procesos educativos?

—Chile, en los 90, fue uno de los países pioneros en América Latina. El programa Enlaces fue citado como ejemplo a seguir en muchos países de la región. Fue una experiencia muy adelantada, no solo por la distribución de equipamiento en las escuelas, sino por el enorme esfuerzo en generar capacidades en las regiones y por la creación de una red de trabajo para los estudiantes, cuando recién se inventaba y masificaba internet. Veinticinco años después, creo que hemos perdido ese impulso. 

Desgraciadamente, hoy tenemos en general políticas de distribución de dispositivos en las escuelas y poco más, lo que es lamentable, porque lo que la evidencia internacional señala es que la sola presencia de tecnología no hace ninguna diferencia en los resultados de aprendizaje.

¿Nuestro sistema escolar fomenta el uso de las TIC?, ¿necesitamos algunos cambios?

—Hay, por supuesto, iniciativas que apuntan en esa línea, pero la presencia de las TIC en el currículo es todavía bastante marginal. El cambio más relevante es entender que las TIC son una herramienta necesaria, hasta diría que indispensable, para apoyar los cambios educativos que se requieren, para proponer a los estudiantes un conjunto de experiencias de aprendizaje más profundas, interesantes, pertinentes, para promover pedagogías más interactivas y colaborativas. Pero las tecnologías no son el cambio, ellas lo habilitan, lo facilitan y lo potencian, pero el verdadero cambio ocurre en las personas; particularmente, docentes y directivos escolares, que tienen que convencerse de ese cambio.

¿De qué manera las TIC pueden apoyar la mejora de la calidad educativa y no quedar en una mera herramienta?

—Lo que permite la mejora es la unidad de propósito, el que podamos ponernos de acuerdo en qué queremos lograr y proponer a los estudiantes en su experiencia escolar, qué esperamos que ellos aprendan y qué competencias queremos que desarrollen. Eso está definido fundamentalmente por el currículo, y debe traer detrás un conjunto de políticas, instrumentos, incentivos y apoyos para que las escuelas, los directivos y los docentes estén en condiciones de implementar. Con un currículo que cambia prácticamente todos los años, escuelas que no saben cuál es la institucionalidad en la que van a funcionar en los próximos meses y directivos y docentes con pocos apoyos y bajos sueldos, es difícil. Las TIC pueden acompañar y ayudar en cada uno de estos desafíos, pero lo primero es resolver los asuntos estratégicos.

¿La incorporación de las TIC a la sala de clases genera un cambio en las prácticas educativas?

—No necesariamente. Lo que muestra la vida real es que después de 30 años de inversión en tecnología en educación, las prácticas educativas en América Latina son en general las mismas que teníamos antes de esas inversiones. Probablemente, porque hemos puesto la carreta delante de los bueyes. No es la tecnología puesta en la escuela la que produce el cambio. Es el compromiso con el cambio en las prácticas educativas, para hacerlas más relevantes y pertinentes, más equitativas e inclusivas, más eficaces y eficientes, el que puede aprovechar las ventajas de la tecnología.

¿Cuál es el aporte de las TIC a la evaluación de los aprendizajes?

—Precisamente este es un ámbito muy prometedor, cuando tenemos cada vez más conciencia de las limitaciones de nuestros instrumentos de evaluación, tanto los nacionales (SIMCE), como los internacionales (PISA, TIMMS, TERCE), y la propia experiencia de evaluación de los docentes en las aulas. Sabemos que debemos avanzar hacia evaluaciones más integrales, multifactoriales y diferenciadas, de manera de reconocer y valorar la diversidad de nuestros estudiantes y nuestras escuelas. Yo no imagino cómo podría ser eso posible sin tecnología, y eso requiere que concordemos previamente qué queremos evaluar y, sobre todo, cómo hacemos que la evaluación sea parte del proceso de aprendizaje, para acompañar el logro de mejores resultados, más que solo una medición ex post, que funciona más como una autopsia, para saber lo que ya no se aprendió.

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