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Abr 2026 - Edición 301

Formación del carácter

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Educar juntos, transformar vidas

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clases. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra”, afirmaba Gabriela Mistral, recordándonos que educar es mucho más que transmitir contenidos: es un acto que se encarna en la vida cotidiana, en los vínculos y en la presencia.

Por: Luis Tesolat.
Educar juntos, transformar vidas

Si educar ocurre en la vida, entonces nadie educa solo. La formación de los estudiantes requiere una alianza real entre docentes y familias, basada en la confianza, la comunicación y la corresponsabilidad. En este camino, educar implica valentía, porque –como también advertía Mistral– “para corregir no hay que temer; el peor maestro es el maestro con miedo”.

 

Esta mirada encuentra eco en autores contemporáneos como Philippe Meirieu, quien sostiene que educar es asumir una responsabilidad ética con el otro, acompañando su crecimiento sin reemplazarlo ni abandonarlo. Superar el temor al conflicto o a la incomodidad no es sencillo, pero es necesario: solo así se construyen vínculos adultos, donde cada uno asume su rol con claridad y responsabilidad, dando lugar a comunidades educativas más sanas, coherentes y consistentes.

 

El aporte de la Revista Educar: formar más allá del contenido

 

Uno de los grandes aportes de Revista Educar ha sido ofrecer herramientas concretas para fortalecer este vínculo. No se trata solo de informar a las familias, sino de integrarlas verdaderamente en el proceso formativo, reconociendo su rol insustituible. En este sentido, la revista ha promovido una educación que trasciende el contenido, porque –como señalaba Mistral con lucidez– “nada más triste que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto”.

 

Educar exige ir más allá: formar en valores, en criterio, en humanidad. En esta línea, Catherine L’Ecuyer advierte que el verdadero aprendizaje ocurre cuando se despierta el asombro y se conecta con la experiencia vital del estudiante. Por eso, la comunicación clara, el testimonio coherente y el trabajo compartido se vuelven claves.

 

Asimismo, la propuesta pedagógica que la revista ha impulsado encuentra resonancia en otra intuición mistraliana profundamente vigente: enseñar con sencillez y profundidad, al modo de las parábolas de Jesús, capaces de transmitir verdades profundas con un lenguaje cercano. Este enfoque, como también señalan enfoques actuales del desarrollo, favorece aprendizajes significativos y duraderos, porque conecta con la persona en su totalidad.

 

El arte de educar: enseñar como acto profundamente humano

 

En la concepción de Gabriela Mistral, la enseñanza conservaba una belleza singular, casi perfecta, que la elevaba misteriosamente a la altura de la más alta poesía. El maestro no era solo un transmisor de contenidos ni un mero conductor de espíritus: era, ante todo, un verdadero artista. Educar implicaba mucho más que enseñar; significaba abrir caminos, despertar sensibilidades y dar forma a lo invisible.

 

Desde esta perspectiva, enseñar se convierte en un diálogo permanente con la vida: con las experiencias concretas de los estudiantes, con la naturaleza que los rodea y con los problemas sociales que interpelan su tiempo. En sintonía con esto, Andy Hargreaves destaca que la educación de calidad se construye en comunidades donde el aprendizaje es relacional, contextual y profundamente humano.

 

Revista Educar ha sabido, a lo largo de los años, recoger esta intuición profunda y traducirla en propuestas pedagógicas vivas, que invitan a los docentes a recuperar la belleza de su tarea. Porque cuando el educador se reconoce como alguien que crea, que inspira y que acompaña procesos únicos e irrepetibles, la enseñanza deja de ser una rutina para convertirse en una verdadera obra.

 

Educar con sentido: una misión que transforma

 

En el fondo, el aporte de la Revista Educar es también antropológico y espiritual. “La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad”, escribía Mistral, iluminando el carácter trascendente de la tarea educativa.

 

Educar, en definitiva, no es solo enseñar contenidos: es formar personas capaces de amar, servir y transformar el mundo. Y esa tarea –la más noble y necesaria– se hace juntos, en comunidad y con esperanza. Educar no es una tarea; es una misión compartida que transforma vidas.

 

Bibliografía

  • El oficio de enseñar, Philippe Meirieu
  • Educar en el asombro, Catherine L’Ecuyer
  • El cerebro del niño, Daniel J. Siegel
  • Liderazgo educativo en tiempos complejos, Andy Hargreaves
  • Magisterio y niño, Gabriela Mistral

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