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Dic 2018 - Edición 227

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3 claves para enfrentar el Bullying en la sala de clases

Si eres profesor de enseñanza básica, ten en consideración que esta etapa es crucial para detectar a los posibles víctimas, victimarios y testigos de acoso escolar.

Por: María Salazar
3 claves para enfrentar el Bullying en la sala de clases

A días de conocerse que los padres de la alumna del Nido de Águilas, Katy Winter, presentaron una denuncia por maltrato psicológico ante la Superintendencia de Educación, el tema del Bullying y sus consecuencias en las decisiones de los adolescentes está más presente que nunca.

Según un reciente estudio publicado por la Asociación Mundial de Educadores Infantiles, el acoso escolar o Bullying comienza a gestarse durante la educación primaria, exactamente entre los 5 y 6 años, y pese a que éste no se manifiesta en ese mismo momento, es aquí cuando surgen las actitudes que dominarán la etapa escolar.

Por esta razón, resulta clave detectar a tiempo y de manera preventiva las conductas negativas en los alumnos, haciendo partícipe tanto a la familia como a la comunidad escolar de la educación de los niños en esta etapa.

A continuación, les compartimos las claves entregadas por una especialista en educación para tratar el tema:

  1. Trabajar en comunidad

Para Natalia Rubio Iversen, profesora de Lenguaje y Comunicación con un Magíster en Desarrollo Curricular y Proyectos Educativos, una de las primeras formas de enfrentar el Bullying es trabajando de manera mancomunada entre padres y apoderados, y la comunidad educativa, de manera tal de cambiar de manera generalizada el concepto de violencia que exista.

La especialista sugiere que los padres se acerquen el tema “revisando qué tan normalizada está la violencia en el hogar para, a partir de allí, reflexionar con sus hijos de qué manera incide su comportamiento en las otras personas…. Si los más chicos ven a los más grandes solucionando sus problemas de manera agresiva, tenderán a reproducirlo con sus compañeros, porque lo consideran normal”.

En tanto, los profesores pueden trabajar con actividades que utilicen la información sobre Bullying que existe en los medios como herramienta pedagógica y con la intención que el tema no se limite solamente a la hora de orientación.

“Pero más importante aún, en necesario que los docentes también revisen su propia violencia normalizada y analice cómo ayudan a reproducir estos comportamientos. Por ejemplo, si un profesor pide respeto, pero grita constantemente a sus alumnos, es alguien que le está diciendo a los niños que el uso de conductas agresivas es válido”, agrega Natalia.

  1. Estar alerta a las señales

Antes de estar viviendo una evidente situación de Bullying, hay que preocuparse de desarrollar y mantener una comunicación fluida con los niños. Esto, para que jamás se cuestionen el tener que confesarle algo a los adultos. Asimismo, estar alerta ante cualquier evidencia de baja autoestima.

“Observar si los niños andan con la ropa rota, si no tienen ganas de participar en actividades del colegio o, de plano, si no quieren ir más al colegio. Si le cuesta relacionarse socialmente y está más introvertido de lo normal; anda triste, estresado y ansioso, o sobre todo si se pone así luego de navegar por internet; llega con hambre, porque no pudo comer en el colegio, o baja considerablemente su rendimiento”, sugiere Natalia Rubio.

  1. Educar las emociones

Para prevenir acciones violentas o abusos de poder entre los alumnos, es necesario que los niños aprendan a identificar sus emociones, regularlas y evaluar diversas respuestas en función de ese sentimiento. Además, el hecho de que los estudiantes tengan una buena gestión emocional, hará que tengan más posibilidades de resolver el conflicto o de alertar a sus padres a tiempo.

Natalia cree que este factor es trascendental, ya que existe la falsa creencia de que las emociones hay que controlarlas o incluso reprimirlas, sin embargo “el verdadero foco debe estar en aprender a administrarlas para trabajar en conjunto con el pensamiento lógico racional y no por separado, ya que esto solo provoca reacciones desmesuradas y agresivas ante la falta de coherencia entre la emoción y la razón”.

Por otro lado, la especialista cree que los niños con buena regulación emocional no se convertirán en agresores, ya que tendrán la capacidad de reconocer y regular sus propios sentimientos, trayendo como consecuencia una actitud empática hacia sus pares.

 

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