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Jun 2024 - Edición 283

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Estudiantes agentes de cambio que trascienden en sus comunidades

Por: Observatorio Tecnológico de Monterrey - Nohemí Vilchis

Dos estudiantes de distintos niveles académicos comparten cómo incidir en sus entornos positivamente ha motivado su preparación y esfuerzo constante. Conoce las iniciativas que han desarrollado con la guía y acompañamiento de Ashoka.

Durante su trayectoria, Ashoka, la organización internacional reconocida por impulsar el emprendimiento social y la agencia de cambio, ha transformado la forma de ver cómo un individuo tiene el potencial de contribuir para la construcción del futuro. Al impartir sus programas, cultiva en agentes de cambio la intención de mejorar sus entornos y las vidas de quienes les rodean. 

La educación tiene un papel preponderante en la formación y desempeño de las personas. Sin embargo, tener acceso a programas de calidad es complejo. Hoy en día, si bien se requiere que muchos factores se alineen para concluir los distintos niveles escolares, existen quienes se esfuerzan por conseguirlo y apoyan con nuevas soluciones a que otros lo hagan también. Estas personas buscan mejorar la gama de opciones reduciendo las brechas que obstaculizan estar en igualdad de condiciones.

Luna Contreras y Estrella Flores son estudiantes que, desde sus contextos y diferentes grados académicos, desarrollan proyectos que ayudan a potenciar sus comunidades. A continuación, cada una de ellas comparte qué las inspiró a actuar y cómo cambian su entorno. 

La lectura como un arte sanador

Luna Contreras es una estudiante de cuarto semestre en la preparatoria Anáhuac de Colima. Ser alumna la ha llevado a percibir distintas problemáticas al transitar por su vida académica. Principalmente, observó la desconexión que existe entre las infancias y los libros, sobre todo en una generación más ligada a los smartphones que considera la lectura como una obligación escolar. 

Debido a que ella siempre se sintió atraída por la lectura, le costaba comprender cómo el resto no deseaba hacer esa inmersión, incluso en libros sin ilustraciones, que también representan universos enormes. Desde los seis años, Luna acompañaba a su mamá a jornadas literarias y comunidades donde realizaban obras de teatro. 

Al entrar a secundaria, se percató de que, si bien habían más lectores, la lectura aún se depreciaba, por lo que decidió hacer algo al respecto. Con este precedente, Luna creó el proyecto Hagamos que la lectura cuente, el cual tenía la intención de llegar a las primeras infancias con el fin de fomentar la lectura, no meramente al leerles sino que mediante el arte las niñas y niños lograran aprender y divertirse. Esto, con el objetivo de aplicar a la convocatoria Lead Young de Ashoka, donde su proyecto fue seleccionado como uno de los cuatro ganadores.  

El propósito inicial partió desde la noción de que las infancias son una pequeña semilla que hay que cuidar para su florecimiento, creando así talleres con dinámicas para cautivar el interés mediante la dramatización. Luna explica que, en primera instancia, se podía notar que a las niñas y niños no les gustaba leer; esto se debía que no tenían un ejemplo que les mostrara que esto podía cambiar dándole voz e interpretación. Entonces, al jugar con las historias, las infancias tomaban cariño por la lectura y recibían estímulos para abrir sus horizontes.

Ella indica que el arte sirve como canal para despertar la imaginación y creatividad, lo que les ayuda a abrirse a crear y escuchar nuevas historias. Por ejemplo, mientras pintan, hay personas que les pueden estar leyendo y por medio de lo que escuchan replicar o crear ciertas imágenes, lo que los conecta directamente con lo atractivo de la lectura. Posteriormente, será más sencillo que aviven su deseo de buscar libros continuamente, así sean ilustrados, y cualquier texto contribuirá a su desarrollo personal. 

Desde 2021, Hagamos que la lectura cuente ha tomado mayor fuerza, e incluso el director de cultura del nuevo ayuntamiento de la localidad de Coquimatlán, Colima, ha apoyado abriendo mayores oportunidades para la difusión del proyecto, confiando y valorando lo que hasta ahora ha trabajado la iniciativa. 

Ashoka ha servido como un vínculo que conecta a Luna con diferentes convocatorias que ayudan a visibilizar y apoyar el emprendimiento, pero también aportan para ampliar su currículo. A partir de su enlace y acompañamiento con la Red de Jóvenes de Ashoka, esta iniciativa ha ido creciendo. Lo que primero comenzó con talleres hacia las infancias, hoy en día también está dirigido a personas de la tercera edad. Asimismo, el proyecto cuenta con un enfoque de recuperación de las voces del pueblo, donde por medio de documentación con entrevistas y colecciones de relatos se está trabajando en publicar un libro de leyendas y personajes de Coquimatlán.

En ocasiones, los adultos mayores suelen evitar la lectura por una vista cansada, por lo que este programa contribuye con leerles directamente. Existen muchas formas de conectar con la lectura, sin importar la edad. Solo se trata de encontrar la que funcione directamente para las personas a quienes se quieren impactar. 

“El hecho de ser estudiante me permite entrar al mundo y entender que un niño no se va a emocionar si le lees cinco o seis horas. Así sean 30 minutos se va a aburrir, pero si lo pones a jugar leyéndole una leyenda y sorprendiéndolo, asustándolo, haciéndolo imaginar, le va a encantar”, comparte Luna. 

Luna explica que ser una alumna le concede estar a un nivel horizontal que le facilita entender cómo llegar a los adolescentes sin que se sientan obligados a leer, e incentivar en ellos una curiosidad por hacerlo. Además, colabora con su mamá, quien aporta con perspectivas diferentes. 

Para Luna, su red de apoyo ha sido un pilar para escalar el proyecto. Su familia es su inspiración para siempre seguir adelante. Su abuelo era historiador, por lo que la lectura siempre tuvo una presencia importante en casa. Su mamá, papá y hermano también le ayudan a tener una visión de ámbitos variados para desarrollarse personal y profesionalmente.

Lo anterior la ha llevado a aprender que primero debe conocerse y cuidarse a sí misma para entender qué es aquello que vive en ella que puede propiciar algo en los demás. 

“Lo importante es que se atrevan, uno nunca sabe si las cosas le van a salir o no, pero si no intentamos nunca nos vamos a dar cuenta de si tenía o podía generar algún impacto”, indica.

Este proyecto le ha ayudado a dejar su huella en el entorno y comunidades que la rodean, y en los próximos años piensa escribir su propia novela, estudiar una carrera relacionada con la salud mental y, por supuesto, continuar con su proyecto, incluso llevándolo más allá de México. Hasta ahora, Hagamos que la lectura cuente ha estado presente en varias ferias del libro y en proyecciones de cines por la tarde para divulgarlo a una audiencia más grande.

Luna describe que seguirá haciendo esto, ya que no importa si las personas deciden leer por moda o por temas que puedan parecer clichés. También apunta que, mientras se practique la lectura, siempre habrá una lección por aprender o tal vez hasta una salvación de nuestra propia realidad. 

Vocación al servicio de los demás

Estrella Flores es una estudiante de sexto semestre en la Facultad de Trabajo Social y Desarrollo Humano en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Al estar cada vez más cerca de graduarse, y por la naturaleza de su profesión, considera que tener un rol de alumna permite ver otras realidades en diversos entornos y comprender que pueden cambiarse o incidir en ellos. 

Dentro del plan de estudios que se encuentra cursando, las prácticas profesionales en los sectores de educación, salud, comunidad, rehabilitación, entre otros, son indispensables. En este ejercicio, Estrella ha encontrado un valioso potencial para aprender y hallar problemas que aquejan a diferentes comunidades.  

Desde pequeña, experimentó de primera mano circunstancias en donde el sistema educativo carecía de sensibilidad y gestión adecuada de determinadas situaciones. Ante esto, ella optó por una formación profesional que le permitiera intervenir en una mayor cohesión y el desarrollo social de varias personas. 

Su integración a esta lucha comenzó de la mano con Ashoka y el Polígono Edison. Del Fideicomiso Polígono Edison, que pertenece a la empresa OXXO, nace la iniciativa social denominada Unión Comunitaria en Acción (UCA); este grupo encauza el desarrollo de las colonias aledañas al corporativo ubicado en Monterrey que experimentan problemas locales y factores de riesgo diversos. Los integrantes de UCA son agentes de cambio que brindan servicio a la comunidad, y Ashoka les ayuda a reconocer eso y visibilizar sus esfuerzos. 

La participación de Estrella con UCA la llevó a formar parte de MAAKE, un programa de acompañamiento en salud física, mental y emocional para incidir en política institucional. Con equipos multidisciplinarios de trabajadores sociales, psicólogos y médicos, espacios de diálogo y análisis para detectar problemas y alertas (como tamizajes, encuestas, estudios socioeconómicos, valoraciones, etc.) buscan que el estudiantado de la preparatoria de la UANL pueda continuar con sus estudios. 

La intención es que el proyecto se adquiera a la malla curricular de la preparatoria como un apoyo que les acompañe, fomentando a su vez la agencia de cambio. Aunque la iniciativa se encuentra en los primeros pasos con el acercamiento a la institución, su respaldo ayudará a que las integrantes de este equipo logren influir y mejorar la experiencia del estudiantado.

MAAKE está conformado por un equipo de mujeres estudiando medicina, psicología y trabajo social, quienes han tenido experiencias cercanas de injusticia en relación con una educación de calidad y la salud mental como una barrera para acceder también a esta. Las integrantes identificaron que no se cuenta con personal asignado dentro de las instituciones para detectar alertas que eviten la deserción escolar.  Por ello, diseñaron una herramienta que apoya a estudiantes, a sus familias y al sistema educativo a distinguir qué se requiere fortalecer para seguir estudiando.

“La agencia de cambio y el trabajo social fusionados abren un gran panorama que me ha permitido observar las realidades, injusticias, carencias y desigualdades, y hacerlas visibles también para otras personas”, señala Estrella. 

La afinidad de este proyecto con su vocación profesional le ha permitido a Estrella balancear sus estudios y la manera en que practica la agencia de cambio. Desde su pasión, encuentra que vale la pena velar por las generaciones que vienen para abrir su panorama de oportunidades y de salud. 

“Aprender la historia para no estar condenado a repetirla” es una premisa que le ayuda a seguir. Su motor es cuestionar los sistemas preestablecidos que llevan ejecutándose desde hace mucho tiempo y que quizás no habilitan posibilidades superiores a las futuras generaciones. 

Estrella contempla que involucrarse en este tipo de emprendimientos ha influenciado totalmente su vida, lo que la hace permanecer en constante reflexión y le brinda un recordatorio continuo de la importancia de la empatía. Ella considera que esta habilidad es fundamental, es decir, no perder la sensibilidad ante lo que los demás enfrentan por más seguido que se vea, ya que esto incentiva el poder proporcionar soluciones. 

Una vivencia que la ha marcado hasta el día de hoy es el lazo que mantiene con algunos de los alumnos de sus intervenciones prácticas, donde ella reconoce el impacto de sus palabras y la influencia de conectar con otras personas en la mejora de sus vidas. Este contacto le ha permitido saber que hay quienes gracias a su ejemplo siguen intentando estudiar hasta terminar. 

Asimismo, ha participado con otra compañera en un concurso de la facultad de la semana de la investigación, donde ganaron el primer lugar. Esto, tras una presentación que expusieron sobre el racismo en México, con la cual se generó conciencia sobre sus manifestaciones y ejemplos de uso cotidiano que no son incluyentes. A partir de ello, algunas docentes preguntaron sobre el tema, por lo que posteriormente las vincularon con otros departamentos para propagar esta información. 

“Yo creo que todos tenemos algo que nos toca fibras sensibles, algo que nos mueve, y puede ser en cualquier ámbito. Lo que sea que hagas tiene que salir desde tu pasión, desde el amor y desde la empatía”, expresa. 

El equipo de MAAKE espera que el proyecto se vaya consolidando conforme avanza, y a pesar de que son conscientes de que los cambios pueden suceder gradualmente, su paso es constante. Estrella está decidida a permanecer luchando por defender los derechos humanos y detectar las desigualdades que obstaculizan el avance, hasta llegar a un punto donde en una charla con las siguientes generaciones se sorprendan de que estas disparidades existían.

Los estudiantes que logran combinar su aprendizaje con agencia de cambio favorecen otros ambientes de enseñanza. Sus casos son un modelo que puede ser replicable con empatía, trabajo colaborativo, liderazgo compartido y creatividad para solucionar problemas. Ashoka, desde su Comunidad Colíder de Niñez y Juventud, invita a las personas a sumarse a una visión transformadora desde la agencia de cambio.

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