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Jul 2026 - Edición 304

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Educar el carácter y custodiar lo humano en tiempos de inteligencia artificial

Educar el carácter y custodiar lo humano en tiempos de inteligencia artificial

La respuesta era perfecta. El aprendizaje no

Tomás cursaba cuarto medio en un establecimiento técnico-profesional. Junto con tres compañeros debía diseñar una solución automatizada para una pequeña empresa, preparar un informe y defender el proyecto. Como el tiempo apremiaba, recurrió a una herramienta de inteligencia artificial y le pidió que elaborara buena parte del trabajo. El resultado parecía impecable.

Durante la exposición, Tomás no pudo explicar algunas decisiones, sus compañeros reconocieron que no comprendían la propuesta y el profesor detectó errores importantes. Su primera reacción fue invalidar el proyecto, pero la directora le hizo una pregunta decisiva: además de señalar la falta, ¿qué necesitaban aprender esos jóvenes? La escuela escuchó al grupo, conversó con la familia y permitió rehacer el trabajo, exigiendo que cada integrante comprendiera y asumiera su aporte.

Una respuesta correcta no siempre significa aprendizaje

El caso podría ocurrir en muchas escuelas. La inteligencia artificial ya forma parte de las aulas, los hogares y el mundo laboral. Negarla sería tan poco razonable como incorporarla sin criterio. El desafío no consiste solo en decidir qué herramientas pueden utilizarse, sino también qué procesos y responsabilidades no debemos delegar.

En Magnifica Humanitas, el papa León XIV invita a custodiar la grandeza de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. La tecnología puede producir respuestas con enorme velocidad, pero no posee conciencia moral ni responde por las consecuencias de una decisión. El problema de Tomás no fue haber utilizado una herramienta, sino haberle entregado aquello que él y sus compañeros debían comprender y decidir.

Enseñar a usar inteligencia artificial exige seguir enseñando a pensar. No alcanza con obtener una respuesta convincente: hay que contrastarla, descubrir errores y preguntarse si responde a la situación concreta. La pregunta no debería ser solo si un alumno usó inteligencia artificial, sino para qué y qué hizo con el resultado.

El carácter se forma cuando aparece el camino fácil

Educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar competencias técnicas. También significa formar el carácter. La honestidad permite reconocer qué parte del trabajo es propia; la responsabilidad ayuda a aceptar las consecuencias; la fortaleza sostiene el esfuerzo; la humildad permite admitir que no se sabe; y la prudencia enseña a preguntarse qué conviene hacer y al servicio de quién.

Estas virtudes se aprenden en decisiones cotidianas: cumplir una tarea, reconocer un error, escuchar a un compañero, aceptar una corrección y volver a empezar. El carácter se forma cuando el camino fácil está disponible y, sin embargo, elegimos hacer lo correcto.

La educación técnico-profesional tiene aquí una responsabilidad especial: enseña que una decisión técnica afecta a otras personas y que alguien deberá responder si algo falla.

Evaluar el proceso y liderar con sentido

Cuando una herramienta puede preparar un informe o una presentación, el producto final deja de ser evidencia suficiente del aprendizaje. Por eso, conviene recuperar prácticas como los borradores, las demostraciones, las preguntas orales y la explicación personal de las decisiones tomadas.

En el caso de Tomás, rehacer el proyecto no significaba solamente corregir errores. Implicaba recuperar el proceso omitido: observar nuevamente el problema, comprobar cálculos y justificar cada elección. La nueva oportunidad permitía asumir la responsabilidad y aprender.

La intervención de la directora fue decisiva porque ayudó al profesor a mirar más allá de su primera reacción. Liderar una comunidad escolar no consiste solamente en aplicar normas o resolver urgencias. Liderar es custodiar el sentido de lo que hacemos y ayudar a los demás a tomar decisiones educativas, evitando tanto el castigo sin aprendizaje como la permisividad sin consecuencias.

Frente a la inteligencia artificial, la comunidad necesita acuerdos y una visión compartida de la persona que desea formar. La escuela católica no mira al estudiante como un simple usuario ni como un recurso productivo. Lo reconoce como una persona única, creada y amada por Dios, llamada a desarrollar sus talentos y ponerlos al servicio de los demás.

Familia y escuela: una alianza necesaria

Cuando la madre de Tomás reconoció que se había alegrado por la calificación sin preguntar cómo se hizo el trabajo, expresó una dificultad frecuente: los adultos solemos mirar el resultado, pero no siempre el camino recorrido.

Familia y escuela necesitan construir criterios comunes sobre el uso de la inteligencia artificial. No se trata solo de controlar dispositivos, sino de conversar sobre la verdad, la autoría, el esfuerzo, la responsabilidad y el sentido del trabajo. La familia no necesita convertirse en especialista en tecnología para acompañar; necesita interesarse por el proceso, escuchar las dificultades y valorar el esfuerzo honesto.

La inteligencia artificial seguirá transformando nuestras aulas, nuestros talleres y el mundo laboral. El desafío es humanizar su uso. Podemos formar jóvenes capaces de utilizar tecnologías avanzadas, pero nuestro horizonte es más alto: formar buenas personas, trabajadores responsables y ciudadanos capaces de pensar, servir y trabajar junto con otros. Porque una herramienta puede producir una respuesta perfecta; lo que no puede hacer es recorrer por nosotros el camino que nos convierte en seres humanos.

Seis claves para que los docentes eduquen con inteligencia artificial

  1. Conversar antes de juzgar: preguntar qué herramienta se utilizó y para qué.
  2. Evaluar el proceso: incorporar borradores, demostraciones y defensas orales.
  3. Exigir comprensión: no aceptar producciones que el alumno no pueda explicar.
  4. Reconocer la ayuda: pedir que se declare cómo fue utilizada la inteligencia artificial.
  5. Vincular técnica y ética: analizar consecuencias, beneficios y riesgos.
  6. Cuidar la relación educativa: usar la tecnología sin reemplazar el diálogo ni la responsabilidad.

 

Seis claves para acompañar a los hijos

  1. Preguntar qué aprendieron: interesarse por el proceso y no solo por la nota.
  2. Valorar el esfuerzo honesto: reconocer más un trabajo propio que uno brillante pero ajeno.
  3. Diferenciar ayuda de sustitución: acompañar sin permitir que una herramienta haga todo.
  4. Hablar de verdad y autoría: explicar por qué no corresponde presentar como propio lo ajeno.
  5. Preservar el encuentro: cuidar momentos de conversación sin dispositivos.
  6. Educar con el ejemplo: mostrar un uso responsable y equilibrado de la tecnología.

 

Bibliografía

  1. Gardner, Howard; Csikszentmihalyi, Mihaly; Damon, William. Good Work: When Excellence and Ethics Meet. Nueva York: Basic Books, 2001.
  2. León XIV. Magnifica Humanitas. Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2026.
  3. León XIV. Preservar las voces y los rostros humanos. Mensaje para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Ciudad del Vaticano, 24 de enero de 2026.
  4. León XIV. Discurso a una delegación de la Association of Catholic Colleges and Universities. Ciudad del Vaticano, 3 de junio de 2026.
  5. León XIV. Diseñar nuevos mapas de esperanza. Carta apostólica sobre la educación. Ciudad del Vaticano, 27 de octubre de 2025

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