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Sep 2026 - Edición 306

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Tomás Recart: “Tenemos que volver a las raíces de la educación”

El cofundador y director ejecutivo de Enseña Chile aborda la urgencia educativa, los resultados de PISA, la importancia de la lectura y las matemáticas, el rol de las familias y los docentes, y los desafíos de Enseña Chile.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Tomás Recart: “Tenemos que volver a  las raíces de la educación”

Los últimos resultados de la prueba PISA volvieron a poner en el centro del debate los aprendizajes fundamentales y la necesidad de recuperar el foco en educación. Para Tomás Recart, cofundador y director ejecutivo de Enseña Chile, el desafío no pasa por sumar nuevas exigencias a la escuela, sino por volver a las raíces: fortalecer la lectura y las matemáticas, priorizar el aprendizaje por sobre el avance de contenidos y reconstruir la alianza entre familias, docentes y comunidades. 

-Los resultados de PISA vuelven a poner sobre la mesa la discusión sobre los aprendizajes. ¿Cómo lees estos resultados?

-Es importante considerar el contexto tanto nacional como global. Lo primero que quiero decir es que Chile empezó a rendir esta prueba el año 2000 y, entre 2000 y 2009, fue el país que más mejoró en el mundo, tanto en calidad como en equidad. No me están escuchando mal: Chile fue el país que más mejoró en el mundo en ese período.

Si uno mira lo que ocurrió después, nos pusimos creativos y empezamos a tratar de cambiarlo todo, perdiendo el foco, el objetivo y lo fundamental. Hemos multiplicado por más de 2,5 nuestra inversión en educación superior y por 1,4 la inversión en educación primaria y secundaria, y hoy tenemos más recursos, pero menos resultados de aprendizaje.

Nos encandilamos con la cantidad de cosas que le pedimos a la escuela. Por supuesto que creemos en el desarrollo integral, pero no podemos tener un desarrollo integral si lo fundamental no está. Hay un estudio de la Universidad de Oxford, Focus to Flourish: Five Actions to Accelerate Progress in Learning –publicado en 2022 por el programa Research on Improving Systems of Education (RISE). Entre sus autores está Lant Pritchett, de la Blavatnik School of Government de la Universidad de Oxford–, que analiza qué países han mejorado a lo largo de 60 años. Hoy, PISA está afectada también por la tecnología, las pantallas y todo este mundo digital con el que nos encandilamos y que nos hizo dejar de leer. Pero, si uno observa seis décadas de datos, la conclusión es que los países que mejoran consistentemente son los que no pierden el foco.

"Enseña Chile forma una red de agentes de cambio con profesionales de todas las áreas, que primero buscan transformar una sala de clases para luego aportar a la transformación del país, desde distintos ámbitos".

-Cuando hablas de volver a las raíces, ¿a qué te refieres concretamente? 

-Los niveles vienen bajando desde antes. Si uno mira los estándares de aprendizaje del SIMCE desde 2013 a la fecha, incluso el nivel socioeconómico más alto cae de alrededor de 70 puntos porcentuales a 50 en casi diez años. Por eso insisto en que el punto de quiebre está antes, alrededor de 2009-2011. Después de 2011 hemos tenido muchas modificaciones, reformas, leyes y aumento de presupuesto, pero menos aprendizaje. Cuando hablo de raíces, digo que la brecha de aprendizaje es, primero, una brecha de lenguaje. Como ingeniero, que sueño en Excel, te puedo decir con mucha propiedad que lo que hace la diferencia es el lenguaje. El lenguaje te ayuda a identificar un problema matemático, te permite acceder al conocimiento y seguir aprendiendo.

Por eso, si hay algo que hacer en la casa, es leer, leer, leer y leer. ¿Por qué Gabriela Mistral llegó a ganar el Premio Nobel viniendo de una escuela rural en Montegrande? Porque leía. Leía todos los días y mucho. Leer es la llave del conocimiento.

Y esto se relaciona directamente con dónde ponemos los recursos. Hemos incrementado fuertemente el presupuesto en educación superior, pero hemos dejado de lado la educación inicial, que es justamente donde se siembran esas raíces y donde se aprende a leer. Si tenemos adultos que no entienden lo que leen y niños de segundo, tercero o cuarto básico que todavía no han adquirido bien las destrezas lectoras, tenemos que reforzar el foco en esa etapa. Debemos decir con fuerza que los niños y niñas de edad temprana tienen que ser los más importantes. Es ahí donde debemos invertir. Lo contrario termina siendo regresivo e injusto. Quizás fue políticamente correcto en algún momento, pero llega un punto en que hay que decir: esto no corresponde, no es provechoso para Chile, ni para su presente ni para su futuro. Tenemos que invertir en la nueva generación.

-¿Cómo interpretas la caída de los resultados en Chile con respecto a otras naciones en Latinoamérica?

-Aquí hay algo muy interesante. Uruguay sube bastante y, cuando uno pregunta por qué, una de las respuestas es que mantuvieron las escuelas abiertas o las reabrieron antes. Entonces, cuando hablamos de lo fundamental, lo primero es tener la escuela abierta. Gran parte del problema fue que nosotros, siendo un país con una vacunación muy alta, mantuvimos las escuelas cerradas por mucho tiempo. Esa es una raíz fundamental. Pero hay otra raíz que también es muy importante: en Chile tenemos una cultura curricular de pasar materia y no una cultura de aprendizaje. Tenemos que enfocarnos en el aprendizaje y no simplemente en cubrir contenidos. En matemática, por ejemplo, se enseña Pitágoras antes de asegurarse de que los estudiantes sepan sumar, restar, dividir y multiplicar.

Si uno mira los datos del SIMCE de octavo básico, solamente un 67% sabe lo que debería saber de cuarto básico; menos del 10% alcanza lo correspondiente a quinto y sexto, y un 23% lo de séptimo y octavo. Es decir, pasamos mucha materia, pero no necesariamente aprendemos. Tenemos que cambiar esa cultura. Parece simple, pero es muy difícil en un país que durante mucho tiempo ha entendido que pasar la materia equivale a educación de calidad.

"Según los datos del SIMCE de octavo básico, solo un 67% sabe lo que debería saber de cuarto básico; menos del 10% alcanza lo correspondiente a quinto y sexto, y un 23% lo de séptimo y octavo. Es decir, pasamos mucha materia, pero no necesariamente aprendemos".

-¿Qué otros aspectos son fundamentales para volver a las raíces de la educación?

-Es esencial entender que la educación es todo lo que rodea al niño desde que nace; no es solamente el colegio. Y también recordar el derecho y el deber de las familias de educar. A mi juicio, uno de los grandes problemas que tenemos hoy en Chile está en la familia. Hay estudios que muestran que muchas familias tienen hoy un solo adulto funcional. Dicho de manera simple, muchos estudiantes pasan gran parte del tiempo solos y es muy difícil que la escuela, el liceo o el colegio se hagan cargo de todos los problemas de nuestra sociedad.

No lo digo como un juicio. Puede haber muchísimas razones. Hoy existen familias monoparentales, puede estar a cargo una abuela, una madre, un padre, un tío. No estoy diciendo cómo tiene que ser la familia. El punto es que, funcionalmente, muchas veces hay un solo adulto y no alcanza. Hay un proverbio antiguo que dice que se necesita una aldea para educar a un niño. Eso es lo básico. Tenemos que volver a ser aldea, volver a ser comunidad y volver a generar entornos donde nuestros hijos e hijas estén acompañados.

-Desde Enseña Chile, ¿qué han aprendido sobre el liderazgo y el rol de los profesores?

-Los estudiantes, de distintas maneras, te dicen algo muy sencillo: “Si yo no veo que le importo al adulto, a mí tampoco me importa el adulto”. Eso es lo que llamamos vínculo: establecer una relación en la que el estudiante se siente querido y entiende que no es solamente la materia, sino mucho más que la materia. Gran parte del problema es justamente que le estamos exigiendo tanto a la escuela, que sostener ese trabajo durante décadas se vuelve muy difícil. 

Nuestros profesionales están dos años, tienen contrato de 35 horas y muchas veces terminan trabajando 70. Imagínate hacer eso durante 40 años. Por eso el vínculo y el liderazgo que se necesitan hoy son enormes. Gabriela Mistral decía que uno debiese tener un oficio lateral, no solamente enseñar toda la vida, sino tener un oficio que permita entrar y salir del sistema. Por un lado, para descansar; por otro, para darle sentido a la materia.

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