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Ago 2026 - Edición 305

Humanizar la educación

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Magnifica Humanitas 5 claves para repensar la educación de hoy

Especialistas analizan algunos de los principales mensajes de la primera encíclica del Papa León XIV y reflexionan sobre cómo la dignidad humana, el sentido de educar, las humanidades y la inteligencia artificial interpelan hoy a las comunidades educativas.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Magnifica Humanitas 5 claves para repensar  la educación de hoy

La publicación de Magnifica Humanitas ha abierto un amplio espacio de reflexión sobre el futuro de la educación, en un contexto profundamente marcado por la inteligencia artificial y las transformaciones tecnológicas. A 135 años de Rerum Novarum, el Papa León XIV invita a volver la mirada hacia aquello que permanece: la dignidad de la persona, el bien común y la formación integral como fundamentos de toda acción educativa. En este reportaje, destacados referentes del mundo educativo comentan algunos de los principales capítulos de la encíclica y analizan sus implicancias para la escuela de hoy. A partir de cinco ejes –la dignidad de la persona, el sentido de educar, el valor de las humanidades y el desafío de la inteligencia artificial–, comparten experiencias y propuestas para fortalecer una educación capaz de formar personas íntegras, críticas y comprometidas con la sociedad. 

 

1. La dignidad de la persona 

Ubicación: Capítulo II

“Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia” → “El ser humano, imagen del Dios trinitario” (n. 50).

“En el centro de la visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre y la mujer son creados ‘a imagen y semejanza’ del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla”.

Miguel Arce, Premio LED, director Fundación Nocedal, Puente Alto, RM.

-La encíclica recuerda que toda acción educativa debe partir del reconocimiento del valor intrínseco de cada estudiante. La dignidad no depende del rendimiento, sino que es un don que precede a cualquier logro. ¿Cómo es posible educar hoy, reconociendo la importancia de la formación integral de los alumnos? 

-Para contestar esta pregunta me parece iluminador leer lo escrito en el punto N°92 de la encíclica, en el que se hace referencia al afianzamiento del “Paradigma Tecnocrático” por el que la “lógica de la eficiencia” se erige como un criterio rector para la toma de decisiones correctas.

Las presiones excesivas por la mejora rápida y sostenida de resultados académicos han hecho que, en muchos casos, la mirada de sostenedores, directivos y profesores se centre casi exclusivamente en el dato numérico de los resultados estandarizados de aprendizaje. Esta asimetría práctica entre la búsqueda del crecimiento cognitivo v/s el volitivo (dejando casi sin desarrollar ese “motor” que es necesario para el crecimiento de las virtudes) ha ido dejando a generaciones enteras huérfanas de hábitos que efectivamente les permitirán alcanzar una vida más plena. Los que siembran en su infancia y juventud pequeñas virtudes son los que luego cosechan logros profesionales y humanos que los acercan a una vida lograda.

 -¿Cómo podemos fortalecer una cultura escolar que ponga la dignidad humana en el centro de todas las decisiones? 

-En mi opinión, al hablar de “cultura escolar”, debiéramos hablar de “ethos”. Pienso que solo se pondrá en el centro de las decisiones escolares (pequeñas y grandes) la dignidad humana, si los directivos, profesores y asesores de la educación comparten de modo sincero los rasgos, creencias, valores y modos de actuar que el concepto de “dignidad humana” entraña. La buena noticia es que, en la mayoría de los “Proyectos Educativos Institucionales” (PEI), la promoción de la dignidad se encuentra de algún modo presente, el desafío está en tomar conciencia de ella e incluirla en el día a día de las decisiones y comportamientos de toda la comunidad educativa.

"Solo se pondrá en el centro de las decisiones escolares (pequeñas y grandes) la dignidad humana, si los directivos, profesores y asesores de la educación comparten de modo sincero los rasgos, creencias, valores y modos de actuar que el concepto de ´dignidad humana´ entraña”. -Miguel Arce.

-¿Qué aspectos de nuestra cultura escolar conviene fortalecer para responder a los desafíos de la formación centrada en la dignidad de la persona humana?

-Algo muy concreto es asumir la importancia de trabajar, de modo explícito, en el desarrollo de las virtudes. Pienso en un ejercicio muy sencillo que puede tener efectos prácticos a mediano plazo: que directivos, cuerpo docente y asistentes de la educación se detengan por algunas horas a pensar en torno a cuáles son las virtudes que sueñan para sus alumnos y, de paso, para ellos también.

Probablemente se sorprendan al constatar que la mayoría de ellos están de acuerdo en un elenco de virtudes muy similar. Con esa información clara, ya tienen la primera parte del camino recorrido, estará en sus manos iniciar ese recorrido que les permitirá un florecimiento verdaderamente humano (integral) de sus estudiantes y no solamente niños y jóvenes eficientes en la resolución de problemas aritméticos y comprensión lectora.

 

2. El sentido de educar  

Ubicación: Capítulo IV

“Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad” (n. 146-147).

“Muchos educadores perciben ya los signos de una posible deshumanización (...). La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.

José Luis Aravena, secretario ejecutivo de Educación Media Técnico-Profesional del Ministerio de Educación.

-Educar no consiste solo en transmitir conocimientos. Los colegios tienen la misión de ofrecer espacios de encuentro, reflexión y relaciones humanas significativas que ninguna tecnología puede reemplazar. ¿Cómo equilibramos el uso de la tecnología con el desarrollo de vínculos personales y el acompañamiento de los estudiantes TP? 

-Nuestra naturaleza humana es social, los vínculos personales son fundamentales para nuestro bienestar y el proceso enseñanza-aprendizaje. Sin vínculo docente-estudiante, no hay tecnología que ayude. Esto, pues la tecnología es una herramienta, un medio. Por esto, siempre debe estar en un segundo plano, ya que sin vínculos personales no podremos usar ni enseñar tecnología de manera ética y efectiva.

-¿Qué aspectos de la cultura escolar conviene fortalecer para responder a los desafíos de la era digital? 

-Creo que el énfasis debe estar en fortalecer de manera secuencial tres aspectos: lograr que nuestros estudiantes puedan distinguir lo bueno de lo malo para que puedan usar de manera ética la tecnología. Segundo, entregar conocimientos y habilidades para que, si necesitan recurrir a una herramienta tecnológica, puedan discernir cuál, de qué manera y evaluar los efectos de su uso. Por último, buscar que tengan las habilidades y conocimientos para analizar la calidad del resultado logrado con su uso.

-¿Cómo llevar los desafíos a los que nos llama la encíclica respecto de la formación TP?

-El mayor desafío es presentar de manera simple y contextualizada los conceptos fundamentales, como dignidad humana y el valor intrínseco de la vida. Desde ahí surge casi naturalmente el valor e importancia de una formación integral, no solo como mandato legal, sino que como un imperativo ético y moral.

 

Paulina Dittborn, concejal de la Municipalidad de Las Condes y miembro del comité editorial de Revista Educar.

-¿Cómo equilibramos el uso de la tecnología con el desarrollo de vínculos personales de los estudiantes TP?

-El trabajo concreto y práctico que ofrece la educación TP es valiosísimo. Ya sea que estemos trabajando en algo más artesanal o con mucha tecnología, las personas necesitamos la oportunidad de tener la experiencia de resolver un desafío de manera personal. Eso no es posible de transmitir ni de estudiar teóricamente en textos, por lo tanto, en la educación TP tenemos que ofrecer muchas oportunidades a los estudiantes de experimentar personalmente. Y en ese proceso tenemos que decirles lo importante que es que lo hagan por sí mismos y ojalá dejar un espacio en la clase para que cada uno pueda comentar qué le resultó más difícil y qué más fácil. De esa manera se pone de manifiesto lo distintas que somos las personas y, a la vez, cada estudiante va a poder observar mejor qué se le hace más difícil, para poner más atención la próxima vez. 

-¿Qué aspectos de la cultura escolar conviene fortalecer? 

-La conversación. Ofrecer la oportunidad de compartir sus experiencias frente a los desafíos digitales. Una forma fácil de comenzar puede ser preguntar a los estudiantes si se dan cuenta del algoritmo que usa TikTok u otras aplicaciones para mantenerlos enganchados. Preguntarles si en algún momento se han aburrido de algún juego o aplicación y por qué. 

-¿Cómo llevar los desafíos de la Encíclica respecto de la formación TP?

-En este punto, tomaría lo que dice el Papa casi textual. Que los alumnos aprendan a detectar la verdad de la manipulación en las aplicaciones, que utilicen la IA para muchos aspectos respecto de fortalecer sus ideas, pero que no olviden que la inteligencia artificial ha sido creada por personas. Por lo tanto, las ideas de los estudiantes de hoy y de los que vendrán serán las únicas que podrán enriquecer esta herramienta en favor de la humanidad. 

 

3. Las humanidades y la educación en IA   

Ubicación: Capítulo IV

Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad

Subapartado: Rol central de la escuela (nn. 145).

"El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona. Es necesario favorecer la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional, para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia."

Rodrigo Fábrega Lacoa, presidente de Fundación Cruzando.

-¿Qué criterios éticos deben orientar el uso de la IA en los colegios?

-No necesitamos inventar una ética completamente nueva para la inteligencia artificial. Los principios que orientan la formación humana –la dignidad, la libertad, la verdad, la justicia y la responsabilidad– siguen siendo nuestra principal referencia. Es lo que el Padre Alberto Hurtado llamaba “sentido social”: quien lo posee reconoce que todas sus acciones repercuten en los demás y, por tanto, comprende el valor solemne incluso del menor de sus actos. Ninguna decisión sobre la IA en la escuela es neutra: cada una afecta a personas concretas. La IA constituye una realidad inédita, pero el discernimiento moral, la responsabilidad y la decisión continúan siendo tareas profundamente humanas. 

El desafío, por tanto, no consiste solamente en hacer mejor las mismas cosas, sino en atrevernos a hacer cosas mejores. No basta con utilizar la IA para preparar más rápidamente las mismas clases, evaluaciones y tareas de siempre; debemos preguntarnos qué educación necesitan los estudiantes para habitar creativa y responsablemente el futuro. Como ha señalado el Papa León XIV, el desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA vuelve rápidamente obsoletos los planes de estudio concebidos para otra época y exige repensar la organización escolar, los espacios, la evaluación y el papel del docente. La IA será una gran oportunidad si nos ayuda a renovar la escuela sin perder aquello que la hace humana: el encuentro, la dignidad, la búsqueda de la verdad y el bien común.

"No necesitamos inventar una ética completamente nueva para la IA. Los principios que orientan la formación humana –la dignidad, la libertad, la verdad, la justicia y la responsabilidad– siguen siendo nuestra principal referencia”. -Rodrigo Fábrega.

-¿Cómo formar estudiantes que usen la IA con responsabilidad y pensamiento crítico?

-Ir a la escuela debe ser, en un sentido profundo, ir al futuro. Esto exige abandonar una educación centrada únicamente en memorizar información para una prueba. En ese modelo, a los estudiantes con más dificultades se les olvida lo enseñado antes de la evaluación, mientras que a los buenos alumnos se les olvida después. La IA nos ofrece la oportunidad de revisar esa lógica y avanzar hacia una educación basada en la comprensión, la creatividad y la capacidad de transferir lo aprendido a situaciones nuevas. Para lograrlo, conviene entender la IA como una nueva materialidad para pensar. Su valor educativo no está en pensar por el estudiante, sino en ayudarlo a hacer más visible su propio proceso de pensamiento. Los estudiantes deberían aprender no solo a pedir resultados, sino también a revisar datos, verificar fuentes, detectar sesgos, comprender los límites de estas herramientas y desarrollar proyectos propios. 

-¿Qué oportunidades y riesgos trae la IA a la comunidad educativa?

-Esta herramienta ofrece oportunidades en distintos niveles. En el más inmediato, puede reducir tareas administrativas y liberar tiempo docente para acompañar, escuchar y retroalimentar. En un nivel pedagógico, puede adaptar recursos a diferentes ritmos, intereses y necesidades, favoreciendo la inclusión y la accesibilidad. Y, en un nivel más profundo, puede permitir que los estudiantes desarrollen proyectos creativos, científicos y sociales vinculados con problemas reales de sus comunidades. Su mayor valor no está solo en hacer más rápido lo que ya hacemos, sino en abrir posibilidades que antes eran difíciles de imaginar. Sin embargo, el principal riesgo es que la IA sustituya la experiencia de aprender. El mayor riesgo no es que la IA responda preguntas, sino que los estudiantes dejen de hacerse preguntas. Si la máquina resuelve todo por ellos, puede debilitarse precisamente aquello que la educación busca desarrollar: la autonomía, el razonamiento, la curiosidad y la capacidad de crear respuestas propias.

Quizás la mayor oportunidad que ofrece la inteligencia artificial no sea responder más preguntas, sino ayudarnos a comprender mejor cómo construimos conocimiento. 

 

4. Inteligencia artificial y tecnología  

Ubicación: Introducción

“Las res novae de nuestro tiempo” (n. 4-6).

“En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo (...). Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común”.

Vicente Lorca, subdirector de Innovación, Facultad de Ingeniería UDD.

-¿Cuáles son los criterios éticos para orientar el uso de la inteligencia artificial en los colegios?

-A mi juicio, el primer criterio ético debe ser la centralidad de la persona. La inteligencia artificial nunca puede estar por sobre el estudiante, el profesor ni la comunidad educativa; su valor está en apoyar, ampliar y fortalecer las capacidades humanas. En educación, esto es especialmente importante, porque el aprendizaje no es solo transmisión de información. 

Un segundo criterio es el bien común, la IA no puede ser una herramienta que profundice las desigualdades. Si algunos estudiantes tienen acceso a mejores plataformas, dispositivos, conectividad o mayor orientación familiar, y otros no, entonces la tecnología puede terminar ampliando las brechas que la educación precisamente debe ayudar a disminuir. Desde una mirada educativa y social, la IA debiera ponerse al servicio de la equidad, y ahí hay varios caminos; puede ayudar a personalizar aprendizajes, apoyar a estudiantes con rezago, entregar nuevas oportunidades a comunidades con menos acceso, facilitar materiales para docentes y abrir posibilidades creativas.

Un tercer criterio es la transparencia. Los estudiantes deben saber cuándo están usando IA, cómo funciona en términos generales, qué puede hacer, qué no puede hacer y qué riesgos tiene. No podemos formar usuarios pasivos, que creen que todo lo que entrega una máquina es verdad; la IA se equivoca, puede inventar información, reproducir sesgos y entregar respuestas aparentemente correctas pero profundamente incompletas. 

Un cuarto criterio es la responsabilidad, esto es, la decisión educativa sigue siendo humana, no podemos delegar en un algoritmo decisiones sobre el aprendizaje, la evaluación, la conducta o el futuro de un estudiante sin mediación pedagógica. 

"El gran desafío educativo no es simplemente enseñar a usar herramientas de IA, sino formar personas capaces de cuestionarlas y ponerlas al servicio de algo mayor, que es la dignidad humana, el bien común y el desarrollo integral de la comunidad”. -Vicente Lorca.

-¿Cómo formar estudiantes capaces de utilizar la IA con responsabilidad, pensamiento crítico e integridad?

-Creo que la peor respuesta frente a la inteligencia artificial sería simplemente prohibir, así como también sería un error permitir sin orientación. Los estudiantes ya están expuestos a estas herramientas, y lo estarán cada vez más, la tarea de la escuela es formar criterio. Para educar estudiantes responsables, primero debemos enseñarles que la IA es una herramienta, que puede procesar información, generar textos, imágenes, códigos o respuestas, pero no tiene experiencia humana, no tiene valores propios, no tiene responsabilidad moral. Un estudiante no puede quedarse con la primera respuesta que entrega una IA. Debe aprender a contrastar fuentes, revisar datos, identificar errores, distinguir hechos de opiniones y preguntarse quién está detrás de la información. 

Desde mi mirada, la integridad no se resuelve solo con castigos o detectores de plagio. Se resuelve construyendo una cultura escolar donde el estudiante entienda por qué aprender importa. A modo de ejemplo, si la tarea consiste solo en entregar un producto, la IA puede hacerlo por él, pero si la tarea exige reflexión personal, proceso, defensa oral, aplicación a la realidad, trabajo colaborativo y pensamiento propio, entonces la IA pasa a ser un apoyo, no un reemplazo.

También creo que debemos cambiar algunas formas de evaluar. El rol del profesor, en este escenario, se vuelve todavía más importante. 

-¿Cuáles son las oportunidades y riesgos para nuestra comunidad educativa?

-No todos los estudiantes aprenden al mismo ritmo ni de la misma forma, por lo que la IA puede ayudar a generar explicaciones diferenciadas, ejercicios adaptados, apoyos para estudiantes con dificultades y recursos complementarios para quienes quieren profundizar. Los profesores están sobrecargados con tareas administrativas, planificación, elaboración de materiales y revisión, por tanto, bien utilizada, esta herramienta puede liberar tiempo para que el docente se concentre en lo más importante, como acompañar, enseñar, observar, orientar y construir vínculo con sus estudiantes.

 

5. Sobre las humanidades   

Ubicación: Capítulo I

“La sabiduría de la Palabra y el diálogo con las ciencias humanas” (n. 23).

“Cuando se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro tiempo, resulta esencial la contribución de la filosofía y de las ciencias humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar más a fondo las dinámicas culturales, económicas y políticas. San Juan Pablo II recordaba que la Iglesia acoge la aportación de las ciencias sociales ´para sacar indicaciones concretas que le ayuden a desempeñar su misión de Magisterio´”.  

Klaus Droste, gerente general de Fundación Irarrázaval.

-¿Qué lugar deberían ocupar hoy las humanidades en el proyecto educativo de cada colegio?

-Me parece que deberían tener un lugar central porque ayudan a formar la conciencia, a enriquecer la interioridad y a leer la gramática de la realidad con mayor profundidad. En sintonía con la encíclica Magnifica Humanitas, la Iglesia “no teme el encuentro con el saber humano”, y en esa dirección el diálogo con las ciencias y los conocimientos permite reconocer con mayor claridad lo que verdaderamente promueve la vida de las personas y de las comunidades. Por eso, en un proyecto educativo católico, las humanidades no pueden ser un adorno ni un complemento: son un camino privilegiado para descubrir y admirar por la dignidad de la persona, la búsqueda del bien, la comprensión del lenguaje, la historia y la cultura, y la apertura a la verdad y el asombro por la belleza.

Es importante entender y recordar constantemente que la fe no compite con la razón, sino que la plenifica. Como enseña Fides et ratio, la fe y la razón “se sostienen” mutuamente: la razón busca comprender, la fe ilumina el horizonte último. En esa línea, las humanidades son particularmente claves para ir ampliando y ahondando en nuestra interioridad, porque enseñan a interpretar, nos enfrentan muchas veces a nosotros mismos, nos muestran la complejidad de la vida humana, nos enseñan matices, nos ayudan a argumentar, discernir y orientar la vida humanamente. 

"Me parece que las humanidades deberían ocupar un lugar central porque ayudan a formar la conciencia, a enriquecer la interioridad y a leer la gramática de la realidad con mayor profundidad”. -Klaus Droste.

 -¿Cómo las humanidades favorecen el pensamiento crítico, el diálogo y la reflexión ética en las distintas asignaturas?

-Las humanidades fortalecen la capacidad de pensar porque nos van ayudando a distinguir, ponderar, descubrir, hacernos preguntas y mirarnos a nosotros mismos: leer con profundidad, analizar textos, contrastar perspectivas y reconocer supuestos, distinguir matices y modos sutiles en los cuales muchas veces se mueve la vida humana. En el plano escolar, esto se traduce en métodos que no reduzcan el conocimiento a respuestas rápidas, sino que inviten a comprender el porqué de las ideas y el valor, por ejemplo, de las palabras en la vida humana. El ser humano vive de la palabra y esta palabra, que es mental, cada uno debe ir formándola, de modo que, arraigada profundamente en nuestro interior, podamos obrar con libertad. 

También, me parece, favorecen el diálogo porque enseñan a habitar la pluralidad sin relativizar la verdad. El cardenal Newman, por ejemplo, advertía que la educación auténtica forma convicciones: no se trata solo de acumular opiniones, sino de educar la mente para asentarse en la verdad con humildad. Por su parte, la reflexión moral nace precisamente de comprender lo humano: la persona, su libertad, sus consecuencias y su destino. 

-¿De qué manera es posible integrar los avances científicos y tecnológicos sin perder una mirada humanista?

-Integrar ciencia y tecnología con mirada humanista significa reconocer que el conocimiento técnico es un medio, no un fin absoluto. El desarrollo científico puede ser profundamente valioso, pero requiere ser interpretado por una antropología verdadera: saber qué es la persona, qué significa el progreso y qué exige la justicia en el uso de la tecnología. Por eso, la clave educativa no es oponer ciencia y fe, sino promover un diálogo fecundo donde la técnica se alinee con la dignidad humana. El Magisterio insiste en que el encuentro con el saber humano no debilita el Evangelio; lo clarifica y lo vuelve más capaz de servir al bien. En la práctica escolar, esto se logra cuando las materias científicas y tecnológicas trabajan con preguntas humanas: el impacto ético de los datos, la responsabilidad en la inteligencia artificial, la calidad de la comunicación, la cultura del cuidado y la verdad en el mundo digital. Aquí puede ayudar Veritatis gaudium (sobre la formación en la verdad): formar no es solo adquirir competencias, sino integrar la inteligencia con la sabiduría. Así, las humanidades actúan como “criterio” y como “lenguaje” del sentido: educan para preguntar por el bien, para dialogar con la evidencia y para crecer en capacidad de discernimiento.

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