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Ago 2026 - Edición 305

Humanizar la educación

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Formar el carácter, la principal ventaja educativa en la era de la IA

La formación del carácter se vuelve más importante precisamente porque la inteligencia artificial nos abre infinitas posibilidades respecto al acceso y manejo de datos, modelos y aplicaciones, pero no necesariamente nos dice qué deberíamos hacer con ellos. Por esto mismo, las personas necesitan criterios que orienten el uso de la IA de manera responsable, honesta y humana.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Formar el carácter, la principal ventaja educativa en la era de la IA

En ese contexto, cuenta Francisco Moller, director de UNIR Character Project: “La educación del carácter puede servir como brújula en este camino, orientando cuándo usarla, para qué usarla, qué consecuencias tiene y cómo cuidar su propia integridad en ese proceso. En definitiva, la IA hace más visible algo que siempre ha sido central en educación, como formar personas capaces de tomar buenas decisiones cuando nadie las está mirando”.

-Cuando una herramienta puede responder preguntas, escribir textos o resolver problemas en segundos, ¿qué habilidades, virtudes o disposiciones humanas se vuelven irremplazables en la educación?

-Aquellas que tienen que ver con el pensamiento crítico, el sentido y la relación con otros. La IA puede producir respuestas muy rápidas, pero no puede reemplazar la responsabilidad personal, la honestidad intelectual, la empatía, la creatividad profunda ni la capacidad de deliberar sobre lo que es valioso.

También se vuelve clave la capacidad de hacer buenas preguntas. En un mundo donde las respuestas abundan, la diferencia estará en saber preguntar, interpretar, contrastar, dudar y decidir. Por eso virtudes como la prudencia, la humildad intelectual, la perseverancia y la justicia son centrales. Son las que permiten que el conocimiento no sea solo acumulación de información, sino una forma de actuar mejor en el mundo.

-¿Qué virtudes considera más urgentes de desarrollar en los estudiantes para enfrentar responsablemente los desafíos que plantea la inteligencia artificial y el mundo digital?

-Creo que hay varias virtudes especialmente urgentes. Las primeras serían la honestidad y el pensamiento crítico, porque la IA tensiona directamente temas como la autoría, el plagio, el esfuerzo personal y la autenticidad del aprendizaje. La segunda es la prudencia, porque los estudiantes necesitan aprender a discernir cuándo una herramienta ayuda y cuándo empobrece su proceso formativo. La empatía es otra virtud fundamental, porque el mundo digital puede facilitar formas de despersonalización, agresión o indiferencia. Finalmente, pondría mucha atención en la responsabilidad: formar estudiantes que comprendan que sus decisiones digitales tienen efectos reales sobre ellos mismos, sobre otros y sobre la comunidad.

"La educación del carácter puede servir como brújula... En definitiva, la IA hace más visible algo que siempre ha sido central en educación, como formar personas capaces de tomar buenas decisiones cuando nadie las está mirando”. - Francisco Moller.

-Muchas veces se piensa que formar el carácter resta tiempo a los aprendizajes académicos. Sin embargo, la evidencia parece mostrar lo contrario. ¿Qué relación existe entre una educación centrada en el carácter y la mejora de los resultados de aprendizaje? ¿Cómo pueden los docentes formar el carácter de sus alumnos desde las distintas asignaturas y no solo en las clases de orientación o formación valórica?

-Creo que esa oposición entre carácter y aprendizaje académico es falsa. Muchas de las virtudes que buscamos formar
–perseverancia, responsabilidad, honestidad intelectual, amabilidad, curiosidad y respeto– son justamente condiciones para aprender mejor.

Un estudio reciente en Educational Review, con datos de más de tres mil colegios secundarios (tres millones de estudiantes) en Inglaterra entre 2016 y 2024, muestra que los colegios con educación del carácter más integrada tendían a tener mejores resultados en Progress 8, una medida de progreso académico que controla el rendimiento previo. Además, la publicación no encontró evidencia de que trabajar el carácter tuviera un “costo académico”.

Por eso, el punto no es solo agregar más actividades, sino integrar el carácter en lo que ya se enseña. En ciencias se puede trabajar la honestidad frente a la evidencia; en historia, la justicia y el pensamiento crítico; en lenguaje, la empatía y la comprensión de otros puntos de vista; en matemáticas, la perseverancia. Cada asignatura puede ser un espacio para formar hábitos intelectuales y morales, no solo para transmitir contenidos.

-¿Qué rol cumplen las familias en este proceso? ¿Cómo puede fortalecerse la alianza entre familia y colegio para formar jóvenes íntegros en un contexto cada vez más digital?

-Las familias cumplen un rol insustituible, porque el carácter se forma principalmente en relaciones, hábitos y ejemplos cotidianos que se viven muchas veces en la casa. El colegio puede hacer mucho, pero necesita coherencia con lo que ocurre en la casa. En el mundo digital esto es especialmente importante, porque muchas de las decisiones más relevantes sobre pantallas, redes sociales, estudio, descanso y vínculos ocurren fuera del horario escolar.

La alianza entre familia y colegio debe construirse desde criterios compartidos, no solo desde normas. Las familias necesitan orientación clara, realista y práctica; y los colegios necesitan escuchar mejor las preocupaciones de los padres. No se trata únicamente de prohibir o controlar, sino de formar progresivamente la autonomía, la responsabilidad y el buen juicio de los estudiantes.

Para fortalecer esa alianza, ayudan mucho los acuerdos simples y consistentes sobre el uso de tecnología, formación para padres, conversaciones sobre hábitos digitales, criterios compartidos de honestidad académica y espacios donde familia y colegio hablen el mismo lenguaje formativo. En un contexto digital, educar el carácter exige una comunidad adulta más coherente.

Las evidencias 

1.- Desde el UNIR Character Project hemos visto que la formación del carácter puede tener efectos relevantes, aunque siempre hay que mirarlos con cuidado y sin prometer resultados automáticos. Entre aquellos estudiantes que han pasado por el programa POTENCIA hemos observado mejoras en virtudes como la empatía, autoestima, propósito, gratitud, compromiso cívico y prosocialidad, dependiendo de la edad de los estudiantes, el tipo de programa y la forma en que se implementa.

2.- Un aprendizaje importante es que la educación del carácter depende mucho de los docentes, de la cultura escolar y de la coherencia institucional. Cuando el colegio logra integrar las virtudes en la vida cotidiana –en las clases, en la convivencia, en el liderazgo adulto y en la relación con las familias–, los resultados tienden a ser más sólidos.

3.- También hemos visto que el bienestar y la convivencia escolar no son dimensiones separadas del aprendizaje. Un estudiante que se siente reconocido, que puede reflexionar sobre sí mismo, que tiene mejores relaciones y que desarrolla hábitos de responsabilidad está en mejores condiciones para aprender.

Revisa en el capítulo de Educar Conectados la conversación que tuvimos con Francisco Moller, director de UNIR Character Project sobre formación del carácter. 

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