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Regístrate y accede a la revistaDaniel Almonte, rector del Colegio Bicentenario Padre Alberto Hurtado de Chillán, y Goighet Andrade, directora del Liceo Bicentenario Juan Pablo II de Alto Hospicio, ambos pertenecientes a la RED Irarrázaval, integran el recientemente creado Consejo Nacional de Directores. Desde dos realidades distintas, pero con desafíos comunes, comparten su mirada sobre la gestión escolar, el liderazgo pedagógico y las transformaciones que consideran urgentes para fortalecer la educación chilena.
La creación del Consejo Nacional de Directores representa una señal dentro del sistema educativo chileno: poner en el centro la experiencia de quienes conducen diariamente las comunidades escolares. Tras años en que las políticas públicas se han construido, muchas veces, desde el nivel central, el Ministerio de Educación decidió convocar a directoras y directores de distintas regiones, dependencias y proyectos educativos para escuchar su experiencia y recoger propuestas nacidas desde la práctica cotidiana.
Entre quienes integran esta instancia se encuentran Daniel Almonte, rector del Colegio Bicentenario Padre Alberto Hurtado de Chillán, y Goighet Andrade, directora del Liceo Bicentenario Juan Pablo II de Alto Hospicio. Ambos pertenecen a la RED Irarrázaval y comparten una trayectoria marcada por el fortalecimiento de la Educación Media Técnico-Profesional (EMTP), la formación integral de sus estudiantes y la búsqueda permanente de mejores prácticas de gestión escolar.
Aunque sus establecimientos se ubican en contextos geográficos muy diferentes, coinciden en un diagnóstico: los desafíos que enfrentan hoy las comunidades educativas son sorprendentemente similares y requieren ser abordados desde la experiencia de quienes viven diariamente la realidad de las escuelas.
Un diagnóstico construido desde las regiones
Para Daniel Almonte, el Consejo Nacional de Directores no comenzó con la reunión oficial realizada en Santiago, sino varios meses antes. Explica que el proceso incluyó encuentros regionales, consultas nacionales y espacios de conversación donde miles de directores pudieron expresar cuáles son las principales dificultades que enfrentan para desarrollar su labor. Según relata, más de 5.700 directores participaron en una consulta nacional impulsada por el Ministerio de Educación y cerca de 1.800 líderes escolares asistieron posteriormente a encuentros presenciales, en los que fue posible profundizar esos resultados. El propósito fue levantar un diagnóstico compartido y comenzar a construir propuestas desde quienes conocen de primera fuente la realidad de los establecimientos.

"El exceso de requerimientos administrativos termina desplazando la tarea más importante: estar presente en las salas de clases, acompañar a los docentes y conducir el proyecto educativo”. -Goighet Andrade.
Goighet Andrade vivió ese proceso desde la Región de Tarapacá. Recuerda que antes de constituirse formalmente el Consejo, se desarrollaron diversos conversatorios regionales en los que participaron directores de establecimientos municipales, particulares subvencionados, particulares pagados y técnico-profesionales. Esas instancias permitieron recoger inquietudes comunes que luego fueron sistematizadas por el Ministerio de Educación. Lo que más la sorprendió fue comprobar que, pese a las enormes diferencias territoriales del país, las preocupaciones eran prácticamente las mismas. “Cuando revisamos los resultados, vimos que los problemas que enfrentan los directores de Arica son muy parecidos a los que viven los de Punta Arenas”, explica.
Uno de los diagnósticos más reiterados durante las conversaciones fue la creciente carga administrativa que enfrentan los equipos directivos. Daniel Almonte sostiene que el tiempo de los directores se distribuye hoy entre múltiples exigencias provenientes de distintos organismos. Informes, plataformas, fiscalizaciones y requerimientos administrativos consumen horas que deberían destinarse al acompañamiento pedagógico, al trabajo con los docentes y al seguimiento de los aprendizajes. A su juicio, uno de los grandes desafíos será precisamente recuperar ese tiempo y devolver a los directores la posibilidad de ejercer plenamente el liderazgo pedagógico que requieren sus comunidades educativas.
Goighet Andrade coincide plenamente con ese diagnóstico. Desde su experiencia, observa que el director muchas veces deja de estar donde realmente genera mayor impacto –las salas de clases, los equipos docentes y los estudiantes– para responder a exigencias administrativas que se han multiplicado en los últimos años.

"Esperemos estar a la altura en esta ruta que nos ha hecho la ministra Arzola y poder aportar con nuestra visión y, sobre todo, poner foco en los aprendizajes de nuestros estudiantes a nivel nacional”. -Daniel Almonte.
Ambos consideran que fortalecer el liderazgo escolar implica también revisar los niveles de autonomía que poseen los establecimientos para tomar decisiones. Mientras Almonte plantea que muchos colegios enfrentan restricciones que dificultan responder oportunamente a las necesidades de sus comunidades, Andrade insiste en que el exceso de burocracia termina desplazando la tarea esencial de quienes conducen los establecimientos: liderar procesos educativos. Sin embargo, ambos advierten que reducir la carga administrativa no resolverá por sí solo los desafíos que enfrenta la educación.
Durante los encuentros también apareció con fuerza otro tema: la convivencia escolar. Los directores constataron que hoy resulta imposible hablar de aprendizajes sin considerar el bienestar socioemocional de estudiantes, docentes y asistentes de la educación. A ello se suma la necesidad de fortalecer el vínculo entre las familias y los proyectos educativos, un aspecto que ambos consideran decisivo para avanzar hacia comunidades escolares más cohesionadas.
La EMTP como oportunidad
Aunque el Consejo Nacional de Directores reúne a representantes de establecimientos de distintas dependencias y niveles educativos, tanto Daniel Almonte como Goighet Andrade valoran especialmente que la Educación Media Técnico-Profesional tenga una presencia activa en esta instancia.
Para ambos, la EMTP ha demostrado durante los últimos años que es posible ofrecer una formación de calidad, conectada con el mundo del trabajo y, al mismo tiempo, profundamente centrada en el desarrollo integral de los estudiantes.
Daniel Almonte sostiene que la educación TP representa una de las mayores oportunidades de movilidad social para miles de jóvenes del país. Por eso, considera que uno de los desafíos del Consejo será seguir fortaleciendo la articulación entre los establecimientos educacionales, las instituciones de educación superior y el sector productivo. A su juicio, esa vinculación permite ampliar las oportunidades de formación, facilitar las prácticas profesionales y generar trayectorias educativas mucho más sólidas para los estudiantes. “Necesitamos fortalecer la relación con las empresas y seguir construyendo alianzas que permitan responder mejor a las necesidades del mundo laboral”, plantea.
Goighet Andrade comparte esa mirada. Desde Alto Hospicio observa que los liceos técnico-profesionales han desarrollado una experiencia muy valiosa en materia de vinculación con el entorno productivo y que ese aprendizaje puede enriquecer al conjunto del sistema escolar. “Tenemos experiencias exitosas que valen la pena mostrar”, señala. “La relación permanente con las empresas nos ha obligado a desarrollar formas de trabajo colaborativo que hoy pueden aportar a todo el sistema educativo”.
Una de las principales fortalezas del Consejo Nacional de Directores es que las propuestas no nacen desde la teoría, sino desde experiencias concretas implementadas diariamente en los establecimientos. En el caso del Colegio Bicentenario Padre Alberto Hurtado de Chillán, Daniel Almonte explica que uno de los pilares del proyecto educativo ha sido construir una formación integral que combine el desarrollo académico con la formación humana.
El establecimiento mantiene convenios permanentes con universidades e instituciones de educación superior que permiten fortalecer la continuidad de estudios de los jóvenes y ampliar sus oportunidades de formación. A ello se suman programas de certificación internacional en idiomas, experiencias de intercambio estudiantil y una fuerte apuesta por la formación artística, convencidos de que estas iniciativas enriquecen el desarrollo personal y profesional de los estudiantes.
Goighet Andrade, por su parte, ha impulsado un modelo de liderazgo que busca desarrollar autonomía y confianza dentro de los equipos de trabajo. Sostiene que un establecimiento no puede depender exclusivamente de quien ocupa la dirección. Por ello ha procurado formar líderes capaces de tomar decisiones, asumir responsabilidades y continuar el trabajo institucional incluso cuando ella no se encuentra presente. “Las personas también aprenden equivocándose”, explica. “Si un director controla permanentemente cada decisión, termina limitando el crecimiento de su propio equipo".
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