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Regístrate y accede a la revistaEl nuevo secretario ejecutivo de Educación Media Técnico Profesional del Ministerio de Educación aborda los desafíos del sector, la actualización curricular, la articulación con la educación superior y el sector productivo, y explica por qué la formación del carácter será uno de los ejes centrales de su gestión.
La Educación Media Técnico Profesional (EMTP) vive un momento decisivo. La actualización de las bases curriculares, la necesidad de responder con mayor rapidez a los cambios tecnológicos, la vinculación con el sector productivo y la formación de docentes son algunos de los desafíos que hoy enfrenta el sistema.
En conversación con Revista Educar, José Luis Aravena, nuevo secretario ejecutivo de Educación Media Técnico-Profesional del Ministerio de Educación, profundiza en las prioridades de su gestión y plantea una visión donde la formación técnica, los aprendizajes fundamentales y el desarrollo del carácter forman parte de un mismo proyecto educativo.
-¿Cuál es su diagnóstico sobre el estado actual de la educación TP?
-Creo que existe bastante consenso respecto de los desafíos estructurales que presenta. Durante años se ha investigado y discutido sobre los problemas y las posibles soluciones. Por eso, nuestra preocupación hoy no es tanto identificar los desafíos, sino cómo abordarlos de manera sistémica. Estamos frente a un ecosistema vivo, presente en todo Chile, con especialidades, territorios y sectores productivos muy distintos. Cuando conversamos con directores y docentes aparecen dos conceptos de manera permanente: flexibilidad y velocidad. La EMTP debe responder a los cambios tecnológicos y a las necesidades del mercado laboral con rapidez, sin perder calidad ni sentido formativo.
-¿Cómo entiende el rol de la EMTP dentro del sistema educativo?
-Si revisamos lo que establece la ley, encontramos tres grandes objetivos. El primero es formar personas desde el punto de vista ético, moral y ciudadano. El segundo es preparar jóvenes autónomos, capaces de desarrollar su proyecto de vida y con competencias fundamentales en Lenguaje y Matemática. El tercero es desarrollar competencias técnicas especializadas que les permitan desempeñarse laboralmente. Para nosotros, estas tres dimensiones son inseparables. No basta con formar técnicos competentes; también debemos formar personas capaces de contribuir positivamente a la sociedad.
-Hoy, muchos estudiantes TP continúan estudios superiores. ¿Qué desafíos plantea esta realidad?
-Nuestra aspiración es que los jóvenes puedan elegir. Pero para que esa elección sea real, deben egresar con una buena formación general, una sólida formación técnica y una adecuada formación del carácter. Si quieren incorporarse al mundo laboral, deben estar preparados para hacerlo. Si desean continuar estudios superiores, también deben contar con las herramientas necesarias. Hoy existe además un desafío de articulación entre la educación media, la educación superior y el sector productivo. Necesitamos construir mayores niveles de confianza y mecanismos que permitan reconocer aprendizajes de manera más clara.
-¿Qué rol debería cumplir el Marco de Cualificaciones?
-Puede transformarse en una herramienta muy relevante para generar esa confianza. Existen sectores donde ya se observan experiencias valiosas de certificación y reconocimiento de competencias. El desafío es avanzar hacia un sistema permanente que permita actualizar perfiles, monitorear cambios tecnológicos y responder oportunamente a las nuevas necesidades productivas. La conversación no involucra solo a la EMTP, sino también a la educación superior, la industria y otros actores que participan en las trayectorias formativas.
"La formación del carácter no es una ocurrencia; está en la ley, lo pide la sociedad y también lo valora el mundo del trabajo”.
Bases curriculares, sector productivo y formación dual
-¿Cómo fortalecer la relación entre la EMTP y el sector productivo?
-Estamos trabajando con distintos actores para identificar brechas y construir soluciones. Queremos entregar mejores herramientas de gestión a los establecimientos, reducir barreras normativas y fortalecer la vinculación con las empresas. También creemos que experiencias como la formación dual y la alternancia tienen un enorme potencial para acercar a los estudiantes a contextos reales de aprendizaje y trabajo.
-¿Qué importancia tiene Chile Dual en este proceso?
-Nos hemos reunido con Chile Dual porque creemos que hay aprendizajes muy valiosos que compartir. Muchas veces los establecimientos quieren avanzar en formación dual, pero no saben cómo partir o qué pasos seguir. Nuestro desafío es facilitar esos procesos, aprender de quienes ya tienen experiencia y generar orientaciones concretas para otros establecimientos. La vinculación temprana con el mundo laboral tiene efectos muy positivos en la autonomía, la responsabilidad y la madurez de los estudiantes.
-Usted habla frecuentemente de las buenas prácticas. ¿Por qué son tan importantes?
-Porque muestran que es posible obtener excelentes resultados incluso en contextos complejos. Un caso que hemos destacado es el trabajo de Francisco Manqui y su establecimiento en Pilmaiquén. Allí observamos avances significativos en aprendizajes y convivencia escolar. Cuando analizamos estos casos, descubrimos que detrás de los resultados existe una cultura escolar sólida, liderazgos claros y una gestión intencionada. Las organizaciones también aprenden, y nuestro desafío es identificar qué elementos de esas experiencias pueden ser compartidos con otros establecimientos.
-¿En qué etapa se encuentra la actualización de las bases curriculares?
-Es una de nuestras prioridades principales. Las propuestas anteriores recibieron observaciones del Consejo Nacional de Educación y hoy estamos trabajando para construir una nueva propuesta que responda mejor a las necesidades del sistema. Queremos avanzar hacia un modelo más flexible, capaz de responder con mayor rapidez a los cambios tecnológicos y productivos, pero también considerando la diversidad territorial de Chile. No se trata de partir desde cero; existe mucho trabajo realizado y queremos aprovechar aquello que tiene valor técnico.
-¿Cómo piensan fortalecer la formación y actualización de los docentes TP?
-Tenemos una mirada integral. Estamos trabajando con el CPEIP, la Red Futuro Técnico y otros actores para robustecer tanto la formación disciplinar como las capacidades pedagógicas. También creemos que es importante incorporar conocimientos relacionados con las ciencias del aprendizaje, la formación del carácter y la gestión de culturas escolares. Los profesores son fundamentales. Más allá de la infraestructura o los recursos, son ellos quienes hacen posible los cambios en los establecimientos. Por eso buscamos una mayor coordinación con el CPEIP y el desarrollo de trayectorias formativas más pertinentes para los docentes TP.
La importancia de formar
el carácter
-Durante toda la entrevista ha insistido en la formación del carácter. ¿Por qué la considera tan relevante?
-La formación del carácter surge de la observación de la realidad. Cuando uno revisa las demandas del mundo laboral, encuentra permanentemente atributos como responsabilidad, puntualidad, honestidad, compromiso y capacidad de trabajar con otros. Las empresas valoran esas características porque saben que son esenciales para el desempeño profesional. Un buen técnico no es solamente alguien que domina una especialidad; también debe ser una buena persona y un buen ciudadano. Además, la formación del carácter tiene una ventaja enorme: no queda obsoleta. Las tecnologías cambian, los conocimientos evolucionan y los perfiles laborales se transforman, pero atributos como la perseverancia, la responsabilidad o la honestidad acompañan a las personas durante toda su vida.
"Nuestra aspiración es que los jóvenes puedan elegir. Pero para que esa elección sea real, deben egresar con una buena formación general, una sólida formación técnica y una adecuada formación del carácter".
-¿Cómo se relaciona la formación del carácter con la convivencia escolar?
-Están profundamente conectadas. Muchas veces se habla de convivencia escolar y formación socioemocional como ámbitos separados de los aprendizajes, pero nosotros creemos que forman parte del mismo proceso. Una cultura escolar que desarrolla responsabilidad, respeto, compromiso y autocontrol genera mejores condiciones para aprender. Por eso hablamos de formación del carácter como algo integrado a los aprendizajes y no como una iniciativa aislada.
-Algunos sostienen que la educación TP sigue siendo vista como el “hermano pobre” del sistema. ¿Cómo cambiar esa mirada?
-Creo que la educación técnico-profesional debe entenderse como una formación avanzada. Permite que los estudiantes conozcan tempranamente un área de desarrollo profesional, que puedan trabajar si lo necesitan, continuar estudios superiores y construir proyectos de vida con mayores oportunidades. También entrega experiencias reales de vinculación con el mundo laboral que muchas veces ayudan a los jóvenes a definir con mayor claridad sus vocaciones.
-¿Cómo se relaciona esta visión con la estrategia nacional TP que están construyendo?
-La estrategia busca ordenar y priorizar el trabajo. Hemos organizado los desafíos en dos grandes dimensiones: aprendizajes y gobernanza-vinculación. Desde ahí se desprenden temas como formación docente, actualización curricular, relación con la industria, articulación con educación superior y fortalecimiento institucional. No estamos inventando temas nuevos; estamos recogiendo preocupaciones que durante años han planteado directores e investigadores, y transformándolas en una hoja de ruta coherente.
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