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Regístrate y accede a la revistaJosé Manuel Parodi, director ejecutivo de Fundación Trabün, reflexiona sobre la importancia de educar el carácter, fortalecer las virtudes y ayudar a los estudiantes a descubrir que su oficio puede transformarse en una forma concreta de servicio a los demás.
Para José Manuel Parodi, director ejecutivo de Fundación Trabün, formar con sentido a un estudiante técnico-profesional exige mirar más allá de su futura inserción laboral: “La pregunta no es solo qué sabe hacer, sino quién puede llegar a ser y para qué usará todo lo que aprenda”, afirma. Desde esa mirada, la educación debe integrar el desarrollo de competencias técnicas con la formación humana, socioemocional, afectiva y espiritual, entendiendo que todo oficio adquiere sentido cuando se pone al servicio de otras personas.
Parodi sostiene que con frecuencia se asume que el éxito laboral de los egresados de la educación técnico-profesional depende principalmente de los conocimientos adquiridos en su especialidad. Sin embargo, la evidencia muestra que las habilidades socioemocionales también desempeñan un papel fundamental. “Un estudio de Educación 2020 realizado en liceos TP del SLEP Puerto Cordillera muestra que, cuando se pregunta a los estudiantes qué conocimientos y habilidades consideran más importantes para su futuro, el 68% menciona aspectos vinculados a la formación personal y al desarrollo socioemocional. A ello se suman las investigaciones de James Heckman, que destacan el impacto de estas habilidades en las trayectorias laborales y de vida. Pero su valor va más allá de la empleabilidad: contribuyen al desarrollo integral de la persona y a la construcción de una vida con propósito”, señala.
-¿Qué significa hoy formar a un estudiante técnico-profesional católico con sentido y propósito, y cómo ayudarlo a descubrir que su trabajo puede ser una forma de servicio a los demás?
-Ayudarlo a descubrir que su trabajo es un servicio implica encontrar al prójimo en ese camino: detrás de cada esfuerzo y cuidado por hacerlo bien, hay alguien cuya vida mejora según la calidad y la honestidad de ese trabajo. Concretarlo en el aula es menos abstracto de lo que parece: por ejemplo, visibilizar al beneficiario de cada tarea, cultivar el orgullo sano del trabajo bien hecho y conectar la competencia técnica con su impacto en la dignidad de quien la recibe.
-En un contexto donde la educación TP está fuertemente enfocada en las competencias técnicas, ¿cómo equilibrar esa formación con el desarrollo espiritual, humano y ético de los estudiantes?
-Muchas veces se nos presenta lo técnico y lo humano como dos cosas que compiten dentro del currículum: una hora más de Desarrollo Socioemocional, Ética o Religión es una hora menos de la especialidad. Sin embargo, estas dimensiones se complementan. Es necesario entender el oficio, pero también entender al compañero para poder trabajar en grupo. Es importante resolver problemas matemáticos, pero también los conflictos que surgen en el día a día. Es crucial tener competencias técnicas, pero también tener un propósito y, con ello, dotar de sentido a la vida.
Ahora bien, cuando un docente exige rigor, puntualidad, prolijidad y honestidad en el resultado, ya está formando dentro de la especialidad, sin salir de ella. Lo ético no vive necesariamente en una asignatura aparte sino en el cómo se trabaja. Por esto, junto con convencernos de la complementariedad de estas dimensiones, es importante entender que el desafío, más que en equilibrar los tiempos, muchas veces está en cómo integramos estas dimensiones en lo que ya hacemos hoy en día.
"Muchas veces se nos presenta lo técnico y lo humano como dos cosas que compiten dentro del currículum: una hora más de Desarrollo Socioemocional, Ética o Religión es una hora menos de la especialidad. Sin embargo, estas dimensiones se complementan". José Manuel Parodi.
-¿Cuáles son las principales virtudes y rasgos de carácter que debería desarrollar un joven de la EMTP para enfrentar con éxito su vida personal, laboral y ciudadana?
-Pienso que la humildad, sumada a las virtudes cardinales, es una buena guía para cualquier persona, y en especial puede ser bueno cultivarlas en un joven TP. La prudencia para deliberar y decidir bien en situaciones reales, tomando decisiones con conciencia de sus consecuencias. La justicia para dar a cada uno lo suyo, la fortaleza para enfrentar los momentos difíciles y la templanza como vehículo para lograr la disciplina y el autocontrol
Ahora bien, si pudiera agregar algunas más, destacaría tres: la responsabilidad para asumir las consecuencias del propio trabajo; la perseverancia para sostener el esfuerzo y aprender del fracaso, y la honestidad, buscando coherencia entre lo que se promete y lo que se entrega, base de toda confianza profesional.
-¿Cómo pueden los docentes transformarse en referentes que inspiren no solo el aprendizaje técnico, sino también la formación de personas íntegras y comprometidas?
-Por un lado, creo que el docente enseña sobre todo por lo que es y no tanto por lo que dice o lo que hace. En la formación técnica esto es muy nítido, porque el profesor suele venir del oficio: encarna delante del estudiante lo que significa ser un buen profesional. Por eso el primer aporte es la coherencia y que el estudiante vea en su profesor aquello que este busca transmitir.
Por el otro, pienso que es fundamental el vínculo. Para ser una persona a quien el estudiante realmente escuche como referente, es importante cultivar una relación. Tratar a cada joven por lo que es y no por lo que hace o lo que tiene. Esta cercanía, sin perder la autoridad natural que tiene un profesor, facilita una confianza sana que se abre al aprendizaje.
-¿Cómo se educan la libertad, la responsabilidad y la toma de decisiones en estudiantes que están próximos a ingresar al mundo laboral o a continuar estudios superiores? ¿Por qué la formación del carácter debería ocupar un lugar tan relevante como la formación técnica dentro de un proyecto educativo católico?
-La libertad se educa dando oportunidades reales de decidir y de hacerse cargo de lo decidido. En esto la metodología importa: una formación que pone al estudiante como protagonista (es decir, que le da agencia, capacidad genuina de elección dentro de un encuadre claro y lo enfrenta a las consecuencias de sus decisiones) educa la libertad y la responsabilidad a la vez, porque las trata como las dos caras de un mismo acto. La libertad es un don y conlleva responsabilidad: poder elegir y responder por lo elegido.
-¿Qué experiencias o prácticas concretas ha visto en colegios que logran integrar exitosamente fe, vocación, formación humana y preparación para el trabajo? ¿Cuál es el aporte específico que puede hacer la educación técnico-profesional católica al desarrollo del país y a la construcción de una sociedad más humana y solidaria?
Las que he visto funcionar comparten un rasgo: no tratan la fe, el oficio y la formación humana como mundos separados. Algunos ejemplos concretos: prácticas profesionales en que el estudiante pone su especialidad al servicio de una comunidad que no podría pagarla (por ejemplo, reparaciones, instalaciones o atención) y luego reflexiona sobre lo vivido; estudiantes de cuarto medio que guían en su especialidad agropecuaria el trabajo de los cursos más pequeños; y momentos breves de interioridad u oración. Lo decisivo no es la actividad aislada, sino que exista un relato que una el oficio con el servicio y con el sentido. Todo ello constituye un aporte importante al desarrollo del país y a la construcción de una sociedad más humana, que los estudiantes realizan incluso antes de su graduación.
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¿De qué manera la educación católica puede ayudar a los jóvenes a encontrar sentido y esperanza? |
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1.- La propuesta del mensaje católico de un Dios que nos quiere incondicionalmente, sin importar nuestras características personales, éxitos o fracasos, en la cual cada joven tiene una dignidad infinita y es único e irrepetible. 2.- El mensaje católico nos dice con mucha fuerza que cada vida tiene un valor que no se gana ni se pierde según el rendimiento, que vale la pena ser vivida al cien por ciento y que no existe ninguna circunstancia que pueda quitar la esperanza de Jesús resucitado. 3.- Pienso que facilitar un encuentro personal con Cristo, para el joven que libremente lo desee, puede ayudar en la búsqueda de ese sentido de la vida que muchas veces no está encontrando en otros lados. |
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