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Jul 2026 - Edición 304

Educación TP con sentido

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Agustín Agirre: “La innovación no es opcional”

El exdirector del área de Aprendizajes y Alto Rendimiento de Tknika comparte la experiencia de la Formación Profesional del País Vasco y reflexiona sobre el valor del trabajo colaborativo, la escucha activa y el desarrollo de competencias humanas para enfrentar los desafíos de la educación técnico-profesional en un entorno en constante transformación.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Agustín Agirre: “La innovación  no es opcional”

La Formación Profesional del País Vasco es reconocida por su estrecha vinculación con el mundo productivo y por una estrategia de innovación sostenida en el tiempo. En ese proceso, Tknika se ha consolidado como un referente para los centros educativos, impulsando proyectos, metodologías y redes de colaboración que buscan anticiparse a los cambios tecnológicos y sociales. 

En esta conversación, Agustín Agirre, exdirector del área de Aprendizajes y Alto Rendimiento de Tknika, comparte algunos de los aprendizajes que han marcado este recorrido y que pueden servir de inspiración para otros sistemas de formación técnico-profesional.

-Cuando comenzaron el proceso de transformación de Tknika, ¿cuál era la situación que enfrentaba la formación TP en el País Vasco y qué necesidad urgente buscaban resolver?

-Ya venía de una situación consolidada, con una red de centros públicos y privados extendida por todo el territorio y con una conexión aceptable con el entorno socioproductivo de cada uno de ellos. Además, muchos de estos centros ya estaban desarrollando proyectos muy interesantes, con un elevado nivel emprendedor e incluso innovador. Sin embargo, había dos ideas fundamentales que Tknika quería impulsar desde el inicio. Se trataba de un centro innovador en sí mismo y no tenía referentes similares en el entorno europeo. Por ello, tuvo que ir diseñando sus actividades de una manera muy particular, aprendiendo de cada paso.

La primera estrategia fue reforzar la innovación y acelerarla, pero sobre todo conseguir que se produjera de manera colaborativa entre los diferentes centros. Había muchos haciendo cosas muy interesantes, pero esa innovación se quedaba únicamente en el propio establecimiento y los aprendizajes derivados de esos proyectos no llegaban a otros centros. El problema se hacía aún más evidente cuando los resultados eran negativos. Muchas veces donde más aprendemos es precisamente de los errores. El no compartir esos errores podía provocar que se repitieran en distintos centros. Si además consideramos que detrás de muchos de estos proyectos había inversiones importantes, repetir errores era algo que no nos podíamos permitir.

El segundo gran objetivo era facilitar el acceso a colaboraciones y proyectos que, por su tamaño o complejidad tecnológica, resultaban difíciles de abordar desde un centro educativo de manera individual. Tknika terminó convirtiéndose en un referente para toda la Formación Profesional de Euskadi y eso facilitó el acceso a espacios nacionales e internacionales.

-¿Cuáles fueron los principales cambios que impulsaron para transformar la educación técnico-profesional y acercarla a las demandas del mundo productivo?

-La Formación Profesional en Euskadi ha sido un elemento muy importante para hacer llegar la innovación al mundo productivo, especialmente a la pequeña y mediana empresa. Tknika es una institución pública dependiente de la Viceconsejería de Formación Profesional y una de las herramientas más importantes para impulsar cambios dentro del sistema. Gracias a proyectos de innovación tecnológica y metodológica, trabaja con los centros educativos y, a través de ellos, con las empresas e instituciones de su entorno. Esto ocurre mediante prácticas, formación dual, formación continua y múltiples actividades de colaboración.

Además, la participación en asociaciones empresariales y clústeres permite tener una visión muy cercana de hacia dónde evolucionan las tecnologías y cuáles son los cambios que se están produciendo, anticipándose a las necesidades futuras del sector productivo.

-Desde su experiencia, ¿cuál es el primer paso para atreverse a hacer las cosas de manera diferente?

-Yo resumiría la respuesta en algo muy sencillo: la innovación no es opcional.

Lo que no podemos hacer es pensar que algo nos va bien y quedarnos ahí. Es importante preguntarnos para qué queremos hacerlo y por qué queremos hacerlo. Compartir ese propósito con toda la comunidad es fundamental.

También considero importante definir una estrategia a medio o largo plazo, con una dirección clara, pero con suficiente flexibilidad para revisar lo que se está haciendo y adaptar el camino cuando sea necesario. Y existe un tercer elemento fundamental: hacerlo de manera colaborativa. No debemos ir solos. Aprender por uno mismo es positivo, pero cuando ese aprendizaje se realiza de manera colaborativa, los resultados se multiplican.

Agustín Agirre, exdirector del área de Aprendizajes y Alto Rendimiento de Tknika.

"Los docentes son claves en la construcción de una cultura de innovación. Si entendemos la innovación como creatividad, curiosidad, colaboración, reflexión, evaluación formativa y aprendizaje continuo, resulta muy difícil que los estudiantes desarrollen esas competencias si los propios docentes no las practican”. Agustín Agirre.

-¿Cómo lograron involucrar a docentes y directivos en este proceso de cambio y superar las resistencias que suelen surgir frente a la innovación?

-Las más importantes suelen surgir por miedo. Son temores y desconfianzas totalmente naturales. Por eso es importante involucrar a las personas en el diagnóstico de la situación que queremos mejorar. Cuando compartimos los para qué y los por qué, normalmente es más sencillo construir acuerdos.

También es importante comenzar con pequeñas experiencias piloto; experiencias ágiles en las que participen personas motivadas. Quienes tienen dudas pueden observar el proceso. Lo importante es que comprendan por qué se está realizando. De hecho, los pilotos permiten aprender. Pueden salir bien o pueden salir mal, pero precisamente para eso existen. Lo importante es evaluar, aprender y seguir avanzando. Porque si bien innovar requiere recursos y tecnología, lo más difícil es construir una cultura de innovación dentro de la organización.

-¿Qué diferencia a una innovación que realmente transforma los aprendizajes de una que solo incorpora nuevas tecnologías o metodologías?

-La diferencia está en que la primera genera cambios que permanecen y transforman la organización. Las tecnologías pasan y las metodologías evolucionan, pero una innovación transformadora termina formando parte de la cultura de la institución.

No existen metodologías buenas o malas. Las metodologías son adecuadas o no en función de las competencias que queremos desarrollar en los estudiantes. Por eso es tan importante no dejarse llevar por las modas y adaptar las experiencias a las necesidades reales del entorno.

-¿Qué rol cumplen los docentes en la construcción de una cultura de innovación y qué características tienen aquellos que lideran con éxito estos procesos?

-Los docentes son claves en este proceso. Si entendemos la innovación como creatividad, curiosidad, colaboración, reflexión, evaluación formativa y aprendizaje continuo, resulta muy difícil que los estudiantes desarrollen esas competencias si los propios docentes no las practican.

Los profesores tienen que evolucionar, no porque hasta ahora hayan trabajado mal, sino porque las necesidades actuales son diferentes. Esto genera inseguridades y exige cambios importantes. Respecto de los líderes, considero fundamentales tres aspectos: empatía, liderazgo desde la acción y capacidad de acompañamiento. La experiencia demuestra que cuando los docentes viven estos cambios y trabajan en entornos colaborativos, difícilmente desean volver a modelos tradicionales.

-¿Cómo trabajan con las empresas y el sector productivo para anticipar las competencias que necesitarán los trabajadores del futuro?

-Uno de los objetivos de Tknika desde sus inicios ha sido actuar como una antena capaz de recoger necesidades, oportunidades de innovación y señales de cambio allí donde se produzcan. Un buen ejemplo fue el desarrollo del modelo ETHAZI. El detonante no fue una moda metodológica, sino escuchar a las empresas que señalaban que los estudiantes tenían buenas competencias técnicas, pero que comenzaban a faltar otras más transversales y sociales. 

Nuestro trabajo consistió en escuchar esas señales, investigar, experimentar y construir respuestas junto a los propios actores involucrados.

Aprendizajes para la educación TP en Chile 

  • Uno de los principales aprendizajes es la importancia del trabajo colaborativo en red, desarrollado con flexibilidad y dinamismo. 
  • Otro aspecto clave es la creación de espacios de confianza donde puedan convivir personas provenientes del sector público y privado trabajando en proyectos comunes.
  • También hemos aprendido que es posible competir y colaborar al mismo tiempo. Hay momentos para competir y momentos para colaborar, y entender esa diferencia es fundamental.
  • Es necesario fortalecer el aprendizaje permanente y promover la generosidad para compartir conocimiento desde la humildad.

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