Suscríbete a nuestra revista y podrás leer el contenido exclusivo online
Regístrate y accede a la revistaEl Liceo Técnico San Miguel aborda la convivencia escolar con foco en la prevención, el vínculo y la gestión eficiente de los conflictos. Su director, Marcelo Zúñiga, cuenta cómo han avanzado en este desafío y asegura que la nueva ley de convivencia puede ser de gran ayuda, pero que los cambios reales demandan recursos concretos, como profesionales especializados.
La convivencia escolar tiene, hoy, otra cara. Los docentes deben abordar no solo más denuncias, sino también más diversas. En 2025, la Superintendencia de Educación recibió 22.680 denuncias, un 18,7% más que en 2024. El 75% de ellas se refería a situaciones de convivencia escolar.
Marcelo Zúñiga, director del Liceo Técnico San Miguel, que forma parte de la RED Irarrázaval, asegura que hoy se observan estudiantes con mayores dificultades para gestionar emociones, resolver conflictos mediante el diálogo y tolerar la frustración. “Muchas situaciones que antes terminaban en conversaciones, ahora escalan rápidamente a agresiones verbales, físicas o exposición en redes sociales. El cyberbullying también ha aumentado considerablemente, la mayoría de las veces desde el anonimato”, explica.
Hoy, muchos equipos trabajan al límite, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad. Las escuelas no solo necesitan fiscalización; requieren apoyo, formación y políticas que comprendan la complejidad social que enfrentan diariamente.
Zúñiga lleva seis años a la cabeza del liceo ubicado en San Miguel, que recibe a más de 800 alumnas para formarse en las especialidades de Gastronomía, Vestuario y Confección Textil y Atención de Párvulos.
Ante este panorama, el profesional comenta que el mayor desafío ha sido reconstruir vínculos y fortalecer habilidades socioemocionales tras años marcados por la pandemia, la sobreexposición digital, además de contextos familiares y del entorno social complejos.

Marcelo Zúñiga, director del Liceo de Técnico San Miguel.
El director explica que el foco está en lo preventivo y formativo. “Entendemos que la convivencia no se mejora solo desde la sanción, sino desde la formación, la gestión del vínculo y la presencia activa de los adultos en los procesos de formación”, dice. Para esto han implementado diferentes estrategias con buenos resultados:
Marcelo destaca la implementación de una plataforma de seguimiento y acompañamiento estudiantil. Esta herramienta permite registrar intervenciones, coordinar acciones entre el equipo de convivencia escolar, los profesores y los equipos psicosociales, y hacer seguimiento oportuno a situaciones complejas. “Gracias a esto, hemos logrado intervenir de manera más temprana y evitar que muchos conflictos escalen. Además, mejora la comunicación interna y permite tomar decisiones más integrales respecto al apoyo que necesita cada estudiante”, detalla.
La convivencia escolar mejora cuando existe una alianza real entre escuela, familia y estudiantes, asegura Zúñiga. La familia es el primer espacio formativo y el principal referente emocional y valórico para niños y jóvenes. “Cuando existe acompañamiento, comunicación y corresponsabilidad, los avances son mucho más sostenibles, rápidos y eficientes”, explica.
En esta línea, el ideario del Liceo Técnico San Miguel incluye el concepto de que la familia y el establecimiento son “socios colaboradores” en la formación de las alumnas. Por otro lado, las estudiantes no deben ser solo receptoras de normas, sino protagonistas en la construcción de una buena convivencia. Por eso promueven espacios de participación, escucha y reflexión donde puedan expresar sus inquietudes y asumir responsabilidades dentro de la comunidad educativa. El Consejo de Presidentas de Curso, el Centro de Estudiantes y el Consejo Escolar son referentes muy valorados y participativos dentro de la institución.
El 1 de julio de 2026 entra en vigencia la Ley 21.809, que establece medidas para fortalecer la convivencia escolar: amplía la definición de acoso escolar, incluye coordinador de convivencia escolar obligatorio en cada establecimiento, exige la elaboración de un Plan de Convivencia Educativa, da mayor protección a docentes y endurece el estándar para expulsiones.
Zúñiga valora que la nueva ley reconozca la convivencia escolar como un eje central del proceso educativo y no solo como un aspecto disciplinario. “Creemos que puede ayudar a ordenar procedimientos, fortalecer el enfoque preventivo y visibilizar la necesidad de cuidado emocional dentro de las comunidades educativas”.
Sin embargo, agrega que para que los cambios sean reales, los establecimientos necesitan recursos concretos: más profesionales especializados (mayores posibilidades de capacitación), tiempo protegido para el trabajo preventivo y acompañamiento efectivo desde el Estado.
“Hoy, muchos equipos trabajan al límite, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad. Las escuelas no solo necesitan fiscalización; requieren apoyo, formación y políticas que comprendan la complejidad social que enfrentan diariamente”. El director propone complementar el enfoque de la Superintendencia de Educación, que hoy se centra en los “derechos”, para asegurar también los “deberes” de estudiantes y apoderados, y realizar procesos de acompañamiento hacia la mejora institucional que no sean necesariamente una fiscalización.
Revisa nuestro contenido en todas las plataformas desde un teléfono hasta nuestra revista en papel.
Mantengamos la conversación, búscanos en twitter como @grupoEducar
Tweets by grupoEducarIngresa a nuestra comunidad en Facebook y profundicemos el debate.