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Regístrate y accede a la revista“El bienestar no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de condiciones que permiten desarrollarse sanamente”. Así lo plantea Goighet Andrade, directora del Liceo Bicentenario Juan Pablo Segundo de Alto Hospicio, quien enfatiza la necesidad de avanzar desde una lógica reactiva hacia una convivencia escolar preventiva y formativa.
Cuando le preguntamos a la directora del Liceo Bicentenario Juan Pablo Segundo en Alto Hospicio, Goighet Andrade, sobre los casos de violencia escolar en su establecimiento, señala que “los desafíos más importantes tienen relación con el contexto y la realidad territorial de las comunas donde están insertos los colegios. En el caso particular de Alto Hospicio, la alta tasa de delincuencia y los ejemplos palpables de la sociedad en la forma de resolver conflictos, en ocasiones hacen compleja la comunicación con algunos apoderados y, cuando hay algún tipo de dificultad, se espera que vengan a colaborar y algunos vienen a confrontar”.
En el ámbito estudiantil, señala que “está presente el cyberbullying, la falta de empatía, problemas de convivencia, dificultades para adaptarse a una comunicación respetuosa, violencia en el pololeo y tratos inadecuados”. De hecho, agrega que “hay que enseñar pilares que a veces no se abordan bien en sus casas”.
Este tránsito hacia una sana convivencia implica “dejar de ver la convivencia como ‘apagar incendios’ o actuar reactivamente, para verla como la base del aprendizaje socioemocional, de manera preventiva.
"El rol de la cultura escolar en la prevención de la violencia y la promoción del buen trato es muy importante, debido a que supone un conjunto amplio de valores y formas de interacción", dice Goighet.
El bienestar no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de condiciones que permiten desarrollarse sanamente. Los colegios deben invertir en educación socioemocional y no solo en reglamentos disciplinarios”, agrega la directora.
¿Cómo lo hacen? “Para lograr ese trabajo se requiere un potente equipo multidisciplinario y apoyarlos en una gestión planificada, ya que los casos son desgastantes para todos los equipos, especialmente los que se derivan a SIE, por la extensa documentación que solicitan”.
En esa misma línea, la directora plantea que “el rol de la cultura escolar en la prevención de la violencia y la promoción del buen trato es muy importante, debido a que supone un conjunto amplio de valores y formas de interacción que definen la identidad de una comunidad educativa”.
Esta cultura –indica Goighet– funciona como un paraguas que estandariza el qué, cómo y cuándo actuar dentro de la comunidad, predisponiendo respuestas favorables frente a prácticas que pueden significar un aumento en la violencia y tendiendo siempre a una regulación de las relaciones sociales centradas en el buen trato.
En este aspecto se puede avanzar cuando el proyecto educativo es conocido por todos, los protocolos están bien aclarados y, obviamente, los apoderados se suman a esta dinámica, aportando desde su vereda al respeto de las normas de convivencia del establecimiento.
Ante la pregunta sobre el lugar que ocupa el docente en la construcción de ambientes de aprendizaje seguros y respetuosos, la directora responde que este “es un arquitecto y guardián; en este sentido, es el primer referente de la gestión emocional y del respeto”. El profesor es un modelo y facilitador de los vínculos saludables, estableciendo normas, resolviendo conflictos y asegurando la inclusión y la organización en el aula, explica.
A la luz de la nueva normativa en convivencia escolar, la directora afirma que “presenta un avance hacia una convivencia más inclusiva, preventiva y formativa, pero su impacto dependerá de cómo se implemente en la práctica. El gran desafío no es solo tener mejores reglas, sino lograr cambios culturales reales en las comunidades educativas”.
Finalmente, sobre la importancia de las prácticas restaurativas en el abordaje de los conflictos escolares, destaca que “son claves porque transforman el conflicto en una oportunidad educativa, pasando de una lógica de control a una de formación, reparación y construcción de comunidad”.
En el contexto actual, “apostamos muchísimo por las mediaciones, ya que los estudiantes son capaces de adquirir compromisos en la mejora permanente de su desempeño en convivencia educativa”.
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