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Regístrate y accede a la revistaLos Indicadores de Desarrollo Personal y Social permiten observar cómo se vive la experiencia escolar más allá de los resultados académicos. Analizar sus diferencias entre regiones, modalidades educativas y contextos socioeconómicos ofrece pistas para comprender el clima formativo de los colegios.
Los establecimientos educativos son espacios donde se desarrollan aprendizajes académicos, pero también donde se forman disposiciones personales que acompañarán a los estudiantes más allá de su vida escolar: la responsabilidad, la empatía, la colaboración o la capacidad de resolver conflictos. En otras palabras, el clima escolar constituye una dimensión relevante en la formación del carácter.
Los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS) elaborados por la Agencia de Calidad de la Educación permiten observar precisamente esa dimensión del proceso educativo. Entre ellos, el indicador de clima de convivencia escolar mide la percepción que tienen los estudiantes sobre el respeto, la seguridad y la calidad de las relaciones dentro de su establecimiento.
Los resultados correspondientes a 2024 –y a la espera de la información más desagregada que el MINEDUC publicará del 2025– muestran que, a nivel país, los establecimientos científico-humanistas (HC) registran un puntaje promedio de 76,0 en el indicador de clima de convivencia escolar, mientras que los establecimientos técnico-profesionales (TP) alcanzan 74,9 puntos.
La diferencia entre ambas modalidades es moderada, aunque permite abrir preguntas sobre las condiciones institucionales en que se desarrollan las trayectorias educativas en cada tipo de establecimiento.
Los resultados de los IDPS 2024 sugieren que el clima de convivencia responde principalmente a dinámicas propias de cada comunidad educativa.
En el caso de la Educación Media Técnico-Profesional (EMTP), este análisis adquiere un interés particular. Los liceos TP concentran trayectorias educativas diversas y, al mismo tiempo, tienen el desafío de articular la formación escolar con el desarrollo de competencias personales y sociales vinculadas al mundo del trabajo. Comprender cómo se configura el clima escolar en estos establecimientos permite, por tanto, observar un aspecto central de la experiencia educativa que viven sus estudiantes.
Al analizar el indicador de convivencia escolar según nivel socioeconómico, los resultados muestran un comportamiento interesante. En los niveles medio y medio alto, los establecimientos técnico-profesionales presentan resultados similares e incluso superiores a los científico-humanistas.
Por ejemplo, en el nivel socioeconómico medio alto, los liceos TP alcanzan 78,3 puntos, superando a los establecimientos HC, que registran 75,0 puntos.
El análisis por región revela un panorama más diverso. Los puntajes del indicador de convivencia escolar presentan variaciones entre territorios y entre modalidades educativas.
En varias regiones, los establecimientos científico-humanistas obtienen resultados algo superiores a los técnico-profesionales. Esto ocurre, por ejemplo, en Atacama, O’Higgins y Magallanes, donde las diferencias superan los dos puntos.

Sin embargo, esta tendencia no es uniforme ni muy significativa. En otras regiones, como Biobío o Tarapacá, los resultados entre ambas modalidades son bastante similares. Estas variaciones sugieren que el clima escolar no depende exclusivamente del tipo de modalidad educativa, sino también de factores territoriales, culturales e institucionales propios de cada sistema educativo local.
Es en las interacciones cotidianas donde los estudiantes aprenden a trabajar con otros, respetar normas compartidas y asumir responsabilidades colectivas. Estas disposiciones forman parte de lo que hoy se denomina educación del carácter, un enfoque que destaca la importancia de formar personas capaces de convivir, colaborar y contribuir activamente a la vida social.
Desde esta perspectiva, el clima escolar es mucho más que un indicador complementario del sistema educativo: refleja las condiciones en que se desarrollan las trayectorias formativas y el tipo de comunidad que experimentan los estudiantes durante su paso por la educación.
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