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Mar 2024 - Edición 280

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Docentes apasionados

“No te compadezcas de los muertos, Harry, compadécete de los vivos y, sobre todo, de aquellos que viven sin amor”, le aconseja el profesor Dumbledore a Harry Potter. Pienso que este pedido es válido también para todos aquellos docentes que, a diario, ejercen con amor el arte de educar con maestría porque no solo transmiten contenidos útiles de manera atractiva sino, sobre todo, acompañan, se involucran emocionalmente, enseñan a pensar.

Por: Luis Tesolat
Docentes apasionados

Esta columna está dirigida a esos docentes, quienes siempre están dispuestos a aprender y a dar un poco más de sí mismos para estar presentes en la vida de los estudiantes, confiados para que sean mejores personas, le encuentren sentido a la vida y tengan las herramientas adecuadas para valerse por sí mismos.

La vocación del docente nace del amor y se manifiesta en la educación que brinda a sus alumnos. Pero no les alcanza con tener vocación, se hace necesario que sean apasionados, es decir, deben conectar, disfrutar y amar lo que hacen siendo virtuosos: las virtudes generan paz interior y sostienen la práctica constante de los buenos deseos. 

Además, los docentes apasionados son capaces de generar inspiración y trascienden el tiempo porque son depositarios de la auténtica educación: “El profesor mediocre dice. El buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira”, afirma William Ward. Por ello, si un colegio quiere brindar educación integral, debe formar docentes apasionados, capaces de ejercer con amor el arte de educar con maestría, involucrados y comprometidos con sus estudiantes. 

Ahora que el año llega a su fin, quiero regalarles a los profesores unos consejos que pueden servir como balance del año, y para generar nuevos y eficaces propósitos de mejora personal y profesional:

1. Amar la vocación: la ilusión de querer transformar el mundo a través de la educación implica amar la vocación y darse generosamente a los demás. No se trata de hacer cosas distintas, sino de hacerlas cada día con más amor, con más pasión, con mayor ilusión.  

2. Fe creciente: educar personas requiere de fe en uno mismo, en los estudiantes y en la ayuda de Dios que jamás ha de faltar. Es muy probable que el profesor no vea la obra terminada, pero sí su alumno. ¡Ánimo que, para Dios, nunca está dicha la última palabra!

3. Liderazgo en servicio: los estudiantes necesitan sentirse amados y acompañados para dar lo mejor de sí mismos. Así, el primer liderazgo del docente es servir porque, a través del servicio gustoso, alegre y desinteresado, los alumnos recibirán una fuente de inspiración que los hará llegar a lugares donde no podrían solos. 

4. Hacer brillar las virtudes: cada docente vale por lo que valen sus virtudes. Ser buen profesor es fruto de ser una buena persona. 

5. Afinar el teclado emocional: todos queremos ser felices, pero el problema con la búsqueda de la felicidad es que la olvidamos cuando estamos bien y no la buscamos cuando estamos mal. Un docente que sabe gestionar sus emociones se conoce a sí mismo, reconoce, acepta y trabaja sus limitaciones y potencia sus fortalezas. Para que florezcan los talentos se deben tener las emociones afinadas.

6. Estar preparados para navegar en aguas turbulentas: es importante aprender a conocer a los estudiantes y sus circunstancias. El docente debe hacer equipo con sus colegas y con los directores para resolver eficazmente los conflictos que se presenten con sus alumnos.

7. Formación constante: estar preparados y estudiar son claves en la profesión de educar porque, si el instrumento no sirve, la educación resulta ineficaz. Además, es una manera de honrar la vocación y de querer más y mejor a los estudiantes, ya que enseñar bien requiere de estudio y preparación. 

8. Disfrutar del momento presente: no hay mejor momento que el que se vive en presente, de modo que no sirve de nada volver al pasado para alabarlo o ir al futuro para desearlo. Los alumnos que tenemos son la oportunidad de dar lo mejor de uno mismo y, para ellos, cada docente es, quizás, la única alternativa para aprender a ser mejores.

9. Aprender a comunicar asertivamente: las palabras que salen de la boca del docente las lleva el viento al corazón de sus alumnos. Cuidar todo lo que se dice de modo que, al final del día, tengamos que arrepentirnos de la menor cantidad de palabras posibles.

Todo profesor apasionado que quiere ejercer con amor el arte de educar con maestría debe ser capaz de desocultar lo que está oculto a las mentes y los corazones de sus estudiantes y, sobre todo, de compadecerse de aquellos que viven sin amor. Por eso, querido profesor, te animo a ir por más con renovada pasión, sabiendo que es el momento de la historia que Dios pensó para ti y para tus estudiantes: no lo desperdicies. La vida es un constante comenzar y recomenzar, de modo que si quieres ser ese docente apasionado, hoy es el gran día para comenzar. Sorpréndete a ti mismo.

“La vocación del docente nace del amor y se manifiesta en la educación que brinda a sus alumnos. Pero no les alcanza con tener vocación, se hace necesario que sean apasionados”.

7 virtudes que todo docente debe trabajar

  1. Fortaleza, cimiento de todas las virtudes, ayuda a sobrellevar situaciones difíciles y a sostener los propósitos u objetivos que se hayan establecido y evitar aquello que hace mal a uno mismo y a los demás. 
  2. Orden, para establecer prioridades, ser puntuales y saber estar en el lugar oportuno en el tiempo oportuno. 
  3. Obediencia, para trabajar en sintonía con lo que piden los directores. 
  4. Laboriosidad, para trabajar de manera colaborativa dejando de lado la comodidad. 
  5. Alegría, que nos hace afables, amigables, empáticos y evita la queja constante y el mal humor que destruye el clima de trabajo. 
  6. Prudencia, que ayuda a pensar ordenadamente para obrar el bien. 
  7. Justicia, que encauza a las virtudes hacia los demás de modo que les demos lo que corresponde, evitando favoritismos, injusticias, malos tratos o desprecios.

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