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Ago 2022 - Edición 265

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Educación superior: Un camino cada vez más común entre los estudiantes TP

Un 44% de los egresados de EMTP ingresan a la educación superior al primer año. No obstante, el académico Leandro Sepúlveda explica que la baja diversidad de especialidades, poca orientación y falta de coordinación con la industria son barreras para que los estudiantes elijan su camino de manera reflexionada.

Por: Verónica Tagle
Educación superior: Un camino cada vez más común entre los estudiantes TP

La matrícula total de educación superior en Chile en 2021 fue de 1.294.739 estudiantes. De este número, el 39,7% pertenece a institutos profesionales o centros de formación técnica. Hace 11 años (2010), esta cifra era el 35,7% (Servicio de Información de Educación Superior, Mineduc). 

Según el estudio “¿Navegando contra la corriente?: transición educativo-laboral de jóvenes egresados de la educación secundaria técnico profesional en Chile”, realizado por Sepúlveda en conjunto con la investigadora María José Valdebenito, un 75,6% de los consultados expresó tener como expectativa el ingreso a la educación superior, con una alta propensión hacia estudios de carácter universitarios. Las razones de esto serían las condiciones de gratuidad o semigratuidad y el reconocimiento de nuevas exigencias que surgen en el mercado laboral.

Según el estudio “¿Navegando contra la corriente?: transición educativo-laboral de jóvenes egresados de la educación secundaria técnico profesional en Chile”, realizado por Sepúlveda en conjunto con la investigadora María José Valdebenito, un 75,6% de los consultados expresó tener como expectativa el ingreso a la educación superior, con una alta propensión hacia estudios de carácter universitarios. Las razones de esto serían las condiciones de gratuidad o semi-gratuidad y el reconocimiento de nuevas exigencias que surgen en el mercado laboral.

Más vocación, menos descarte

La vocación es un problema pendiente. La elección de la educación TP, explica el estudio antes mencionado, “apunta a un objetivo de tipo instrumental, basado en la obtención de una certificación de técnico de nivel medio que entregaría mayores posibilidades de incorporación al mercado laboral una vez finalizados los estudios secundarios. Esta decisión no inhibe la existencia de aspiraciones mayores de continuidad de estudios, pero representa un resguardo para hacer frente a eventuales adversidades en la consecución de los planes de futuro”.

Es difícil elegir por vocación, si las alternativas son pocas. El 50% de los establecimientos ofrecen dos o tres especialidades, según datos del Mineduc (https://datosabiertos.mineduc.cl/). “La mayoría de los establecimientos técnico profesionales, solo ofrecen TP. Diría que no menos del 30% ofrece solo una alternativa. Entonces, cuando ingresan a primero medio, los jóvenes están en un embudo. Es una decisión compleja, porque a los 15 o 16 años no solo se elige una especialidad porque ahí me proyecto trabajando, sino que ahí están los amigos. Irse significa dejar todo”, asegura Sepúlveda. 

En esta línea, Leandro Sepúlveda propone que en aquellos casos donde hay mayor oferta de especialidades, se dé mayor apoyo y orientación para elecciones reflexionadas. “Quizás, lo más factible es que la oferta TP sea más generalista y no tan particularista en el inicio. Esto quiere decir que los estudiantes puedan estudiar un área de la industria y más tarde, cuando tengan más claridad sobre lo que les atrae, poder elegir especialidades”.

Industria como parte de la solución

Sepúlveda explica que “sin duda” hay un problema de coordinación entre industria y centros de formación. “Cada establecimiento tiene que gestionar por sí mismo la vinculación con empresas, por ejemplo, para las prácticas profesionales. A veces, por la ubicación geográfica, no se cuenta con empresas cercanas”. El académico enfatiza la necesidad de una escala intermedia de apoyo a estas relaciones, como los servicios locales de educación, por ejemplo. “La agrupación de una serie de establecimientos ayudaría a evitar esta nuclearización y dispersión de la gestión en la relación liceo-empresas”, dice.

“Puede ser más factible que la oferta TP sea más generalista. Esto quiere decir que los estudiantes puedan estudiar un área de la industria y más tarde, cuando tengan más claridad sobre lo que les atrae, poder elegir especialidades”, explica Leandro Sepúlveda, académico UAH.

Lo segundo es que existe una escasa preocupación de los actores del área productiva hacia la educación técnica. “Más allá de algunos esfuerzos por parte de sectores gremiales, se necesita un tipo de cultura empresarial más activa. Los gremios no ponen los recursos, sino que aportan redes y conocimiento, pero debería haber una gestión mucho más poderosa, pensando en que en esos liceos se están formando para esas propias industrias. Es una inversión. Es necesario fortalecer la presencia activa y financiera del mundo empresarial”.

-¿Qué opinas de la valorización de la educación TP en el país actualmente?

-Yo lo veo contradictorio. Hay discursos que plantean que la mayoría de los puestos laborales que se requieren son técnicos, que son muy importantes para el desarrollo productivo moderno. Sin embargo, al mismo tiempo, los técnicos reciben menores salarios y son más desvalorizados en el mercado laboral. Yo creo que sí son tiempos cambiantes donde lo técnico ya no se asocia tanto a lo manual, a la industria dura. Hoy, también se relaciona con las nuevas tecnologías y eso abre un campo distinto y posibilidades reales para que lo técnico tenga un nuevo espacio.

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