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Ago 2022 - Edición 265

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Educación en Chile: ¿avanza?

La educación en Chile está detenida, ya sea por la pandemia, o por el cuestionamiento que vive el sistema educacional desde hace algún tiempo, señalan dos investigadores de distintos centros de políticas públicas. Aquí su mirada.

Por: Paula Elizalde
Educación en Chile: ¿avanza?

“Creo que se puede hablar de ‘estanflación educacional’: inflación de notas cruzada con procesos de aprendizaje detenidos”, afirma Manfred Svensson, doctor en Filosofía, académico de la Universidad de los Andes e investigador senior del IES (Instituto de Estudios de la Sociedad), ante la pregunta de cómo ve la educación en Chile hoy y agrega: “¿Pero detenidos por qué? Aquí hay abundantes razones, pero una cuestión bien elemental es que para aprender hay que tener clases. En eso los recesos por pandemia han sido fatales, no solo por sus efectos psicológicos, sino también por la catástrofe que implica para la alfabetización. Pero que no hubiera una disposición a efectivamente priorizar las clases presenciales –que incluso se buscara impedirlo mediante una acusación constitucional– nos recuerda que el problema no se reduce a la pandemia. Parte fundamental de nuestra crisis es cómo la bandera de la educación ha sido levantada por quienes al mismo tiempo socavan las condiciones básicas para educar”.

“Llevamos una década de estancamiento en los avances de calidad que se venían produciendo previamente. Y para el futuro, el debate constitucional y la incertidumbre que este está produciendo, podrían ser una fuente de nuevas dificultades para la próxima década”.

María Paz Arzola, economista y coordinadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, afirma: “El sistema escolar está pasando por un momento complejo. Primero, debido a importantes reformas legales, que en la última década vinieron a cuestionar el modo en que los establecimientos estaban funcionando y a imponerles una gran presión para poder ajustarse a ellas. Y luego por la sorpresiva llegada de la pandemia, que una vez más los obligó a adaptarse a las nuevas condiciones. El resultado es que llevamos una década de estancamiento en los avances de calidad que se venían produciendo previamente. Y para el futuro, el debate constitucional y la incertidumbre que este está produciendo, así como la excesiva politización de la discusión pública, podrían ser una fuente de nuevas dificultades para la próxima década, que con seguridad va a traer nuevas reformas y discusiones que afectarán el funcionamiento de las escuelas”.

Valoración de la educación: ¿nuevos fines? ¿Solo retórica?

Aunque como señala el investigador del IES, se ha discutido de lo desprotegido que puede quedar el sistema escolar actual con la nueva Constitución, donde se desprecia el carácter mixto del sistema chileno (aunque en países como Holanda o Francia, la educación subvencionada ocupa un lugar importante), hay un tema que no se ha discutido y que es preocupante en cuanto a los fines de la educación: “Es muy revelador que ahí aparezca ‘la adquisición de conocimientos, el pensamiento crítico y el desarrollo integral’, pero en segundo lugar, los fines primarios que se le asignan son ‘la construcción del bien común, la justicia social, el respeto de los derechos humanos y de la naturaleza, la conciencia ecológica, la convivencia democrática entre los pueblos, la prevención de la violencia y discriminación’. Y aquí surgen varias preguntas. ¿Con qué contenido se llenarán estos conceptos? ¿No se cae aquí en esa ilusión de solucionar todos los problemas apelando a la educación? ¿Y no acaba así, paradójicamente, degradada la educación al estar subordinada a este vasto conjunto de agendas?”.

Para María Paz, independiente de la nueva Constitución, existe una urgencia en pasar de la retórica a la toma de acciones en cuanto a la importancia de la educación: “Por ejemplo, comprometiéndose realmente con el derecho a la educación y poniendo término a la violencia que afecta a varios liceos, asegurando la continuidad de las clases, fomentando el aporte de privados en la provisión de educación y llevando adelante políticas y programas concretos que permitan acoger a quienes se encuentran fuera del sistema educativo, así como a los niños y jóvenes más vulnerables que se han ido quedando atrás. Lo mismo con las escuelas de bajo desempeño, identificadas gracias a las mediciones de la Agencia de la Calidad; sabemos que sus estudiantes no están aprendiendo, pero ¿qué se está haciendo por ellos? Si avanzáramos en estas materias, pienso que estaríamos demostrando realmente cuánto valoramos la educación”.

Siguiendo la línea de lo que debiera considerarse y también priorizar ahora en temas de aprendizaje, Manfred afirma: “C.S. Lewis escribió alguna vez que el educador moderno no tiene que podar selvas, sino irrigar desiertos. Me parece un muy buen recordatorio de lo elementales que son hoy las tareas que tenemos por delante, y esto vale tanto en el campo de la ciencia como en el de la formación en las letras. Antes de pedirle a la educación que cure todos los males de la humanidad, debemos pedirle transmisión de conocimientos científicos básicos, habilidades de lectura y escritura. Quien logra transmitir eso cambia la vida de sus alumnos”. 

“No existe la educación técnico profesional por un lado y la educación universitaria por otro, sino un conjunto de instituciones en que la primera se hace presente con distinta intensidad”.

La coordinadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo reflexiona: “Hoy, la diversidad y la flexibilidad son claves; el aprendizaje como un proceso continuo que nos permita ir desarrollándonos a lo largo de la vida. Para ello es necesario no solo enseñar contenidos, que sin duda son muy importantes, sino que también se requieren habilidades que permitan a los jóvenes adaptarse y aprovechar las oportunidades en un mundo cambiante”.

Para María Paz Arzola, la educación técnico profesional debe tener un lugar relevante dentro de las alternativas educativas disponibles para las familias, ya que, como ella afirma, “esta ofrece una proyección diferente de formación, que puede concebirse como una modalidad de aprendizaje continuo, que además tiene mayor cercanía al mundo del trabajo”. La economista señala que en el último proceso de ingreso a la educación superior se vio que la educación técnica se mantiene como una opción de gran interés entre los postulantes. 

“No existe la educación técnico profesional por un lado y la educación universitaria por otro, sino un conjunto de instituciones en que la primera se hace presente con distinta intensidad: en algunos casos es todo lo que se ofrece, en otros casos es buena parte de lo que se ofrece”, señala Manfred y en esa línea, asegura que por supuesto que hay que incentivarla en cada uno de sus espacios, y agrega: “Pero debemos velar por que la vida humana –donde quiera que uno estudie– no se reduzca a una orientación exclusivamente técnico-profesional. Una dosis de pensamiento humanista en toda la educación superior y una adecuada apertura a preguntas fundamentales desde la educación escolar son requisitos para incentivar la educación técnico profesional”. 

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