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May 2022 - Edición 262

Las humanidades, ¿para qué?

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La escuela forma parte de la sociedad

Si bien la escuela y su entorno ya eran importantes, luego de la pandemia han cobrado mayor relevancia. De ese tema conversamos con Carlos Henríquez, coordinador del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), en Unesco Santiago.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
La escuela forma parte  de la sociedad

Para Carlos Henríquez, hoy más que nunca ha quedado en evidencia que vivimos una crisis de educación a causa del cierre prolongado de las escuelas, debido a la crisis de la pandemia, “lo que generó una disrupción en el mundo educativo, en especial en los países de América Latina y el Caribe que presentaron el cierre más largo en todo el mundo”. 

—El vínculo escuela–comunidad está siendo promovido como una estrategia para mitigar la crisis de la institución escolar debido a la pandemia, ¿estás de acuerdo con aquello y por qué?

—El vínculo entre la escuela y la comunidad siempre ha sido importante en educación. En ocasiones ha sido más visibilizado, como en el caso de la pandemia, pero ese vínculo es clave para entender lo que sucede con el desarrollo de los estudiantes. Vivimos una crisis en educación a causa del cierre prolongado de las escuelas por el virus. 

Los países pusieron a disposición de la comunidad educativa una serie de soluciones de educación a distancia, para que fueran implementadas en los hogares de los estudiantes. En este sentido, para quienes pudieron acceder a esta modalidad educativa, el aporte de la comunidad fue clave, e incluso es probable que se hayan generado nuevas experiencias de aprendizaje que podremos analizar en el futuro. 

“El sentido de comunidad y las interacciones sociales que se generan en la escuela disminuyen las probabilidades de ausentarse y abandonar la escuela. Dos elementos clave, en el contexto que deja la pandemia en educación, donde el riesgo de abandono ha aumentado en casi todos los países de América Latina y el Caribe”. 

Asegura Carlos que “el involucramiento de los padres, madres y adultos significativos en el apoyo a las tareas y aprendizajes a distancia en el hogar, cuando esto fue posible, fue muy relevante. Sin embargo, ese apoyo no sustituye el proceso de enseñanza–aprendizaje que se da en las escuelas. Prueba de esto es que, previo a la pandemia, el estudio ERCE 2019 ya demostró que la asistencia regular a clases presenciales se asocia con mejores resultados, y sus efectos positivos también pueden evidenciarse en la relación con los docentes y en la interacción con los compañeros de clase”. 

—Al lograr que los alumnos y la comunidad educativa se relacionen con la comunidad, ¿crees que mejora el involucramiento y asimismo el aprendizaje de los estudiantes?, ¿por qué? 

—Ir a la escuela es clave siempre, no solo porque hay evidencia de que se logran mayores aprendizajes, sino también porque es un espacio de sociabilización que permite a los estudiantes desarrollos integrales. Este involucramiento es lo que se denomina sentido de pertenencia a la escuela, que es el sentimiento del estudiante de ser parte de la comunidad educativa a la cual asiste. Diversos estudios internacionales han demostrado que este sentido de pertenencia o de comunidad que se genera en la escuela se expande también a otro tipo de relaciones, por eso en la Unesco hablamos del desarrollo integral de los estudiantes, porque nos interesa la formación de mejores ciudadanos.

En el caso chileno, también se ha ido trabajando como un factor relevante el sentido de pertenencia e incluso es uno de los indicadores de calidad educativa.

—¿Estás de acuerdo con la manera en que el currículum actual aborda el tema de la formación ciudadana? 

—La Unesco ha promovido el concepto de ciudadanía mundial en la Agenda 2030. Esto es un estudiante que es protagonista de su aprendizaje, involucrado con su comunidad, con una nueva relación entre todos para desarrollarnos y cuidar el planeta. Estos son conceptos que están presentes en todos los ámbitos y, por lo tanto, cubrir contenidos curriculares no implica que todos los estudiantes estén aprendiendo y desarrollándose por igual. 

Este concepto desafía, explica Carlos Henríquez, a todos los sistemas escolares a ir más allá para una ciudadanía responsable y donde cada estudiante pueda ejercerla en su espacio de desarrollo y trayectoria. “Chile es un país que en sus cambios curriculares ha sido pionero, incorporando estos conceptos para generar experiencias de aprendizaje de una manera transversal en los contenidos a lo largo de toda la trayectoria educativa”.

—¿Qué acciones es necesario implementar para reforzar la relación de la escuela con su comunidad?

—En un contexto como el que en educación ha dejado la pandemia, es importante retomar el sentido de la escuela dentro de una comunidad, como un núcleo de desarrollo. En ese sentido, vincular la escuela con la formación integral de los estudiantes es clave y ese debe ser el foco de la discusión de políticas públicas. 

Por otra parte, es fundamental e imprescindible que se retomen las clases presenciales, las cuales son irremplazables; se aprenda de lo vivido en la pandemia y se retomen las mejores prácticas que se gestaron fruto de la educación a distancia de emergencia. 

Sabemos que las soluciones provistas por los países en los tiempos de crisis tienen un amplio potencial. Aquellas que tienen desarrollo tecnológico son importantes, pero también es necesario revalorar el sentido y rol que tienen las familias en el desarrollo de los estudiantes. Para la Unesco y el LLECE, las experiencias de aprendizaje no solo se generan en la escuela, son múltiples factores los que se incluyen en dichas experiencias. Por eso, los estudiamos en profundidad y desde la perspectiva de distintos actores de la comunidad educativa, docentes, padres y madres de familia, directivos y los estudiantes. 

—¿Qué otros factores y experiencias hacen pensar en la importancia de la vinculación y aporte de la escuela hacia su comunidad?

—Como se indicó anteriormente, el sentido de pertenencia a la escuela es una de las variables que se asocian positivamente con mejores rendimientos académicos. Los estudiantes con un sentido de pertenencia también se sienten aceptados, queridos y conectados con otros, así sienten que pertenecen a una comunidad. Además, existe evidencia de que los estudiantes que reportan un mayor sentido de pertenencia en la escuela tienden a mostrar una mayor motivación académica, autoestima, y menor probabilidad de presentar comportamientos disruptivos con los pares. 

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