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May 2022 - Edición 262

Las humanidades, ¿para qué?

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Guillermo Parvex: Cómo fue la infancia del autor de Un veterano de tres guerras

Después de estudiar cuatro años Construcción Civil, decidió comenzar de nuevo e ingresar a Periodismo, lo cual le permitió escribir y ser, hoy, el autor de Un veterano de tres guerras, una obra que estuvo más de un año entre las más leídas del país, y Frontera Sur, su última publicación.

Por: Paula Elizalde
Guillermo Parvex: Cómo fue la infancia del autor de Un veterano de tres guerras

Sobre sus años de infancia y de cómo comenzó a leer a los cuatro años por influencia de su abuelo, el destacado escritor y periodista Guillermo Parvex nos cuenta.  

—¿Qué recuerdos tiene de su etapa escolar?

—Tengo, en general, buenos recuerdos tanto de mis compañeros como de mis profesores, con algunas naturales excepciones. Pero, podría afirmar que fue una hermosa etapa en la que me formé en forma mixta; es decir, entre el colegio y mi familia. Y no me limito solamente a mis padres, ya que mi abuelo materno fue un gran amigo y quien me introdujo lúdicamente en el amor por la lectura desde mis primeros años de básica.

La camaradería lograda en la educación media perdura hasta hoy y hace muy poco nos reunimos 25 compañeros, con nuestro anciano exrector y algunos profesores, para celebrar los 50 años de nuestro egreso del colegio.

—¿Recuerda a algún profesor en particular?

—Imposible olvidar, aunque han pasado más de 60 años, a mi profesora de primero básico, la señora Pepita, y mi profesora de segundo básico, Teresa, que las recuerdo con inmenso afecto y gratitud por su forma de enseñar y el cariño que no se cansaban de prodigar a sus alumnos. También se vienen a mi memoria mi profesor de quinto básico, el señor Valencia, y mi profesor de Historia en los últimos años de la educación media, el padre Fernando Ruz, que nos hacía sumergirnos mágicamente en nuestra historia, en forma apasionada y amena.

—¿Alguna anécdota de esos tiempos?

—Creo que la mejor anécdota, aunque no es graciosa, se dio en segundo medio, cuando llegaba el momento de separarse en cursos humanistas y científicos. El orientador, que era una persona de mucho prestigio a nivel académico, me sometió —al igual que a todos mis compañeros— a test generales e individuales, y a entrevistas, y finalmente determinó que mi vocación era científica. Yo le reclamé, señalándole que sentía inclinación por la literatura y la historia, pero él llamó a mis padres y les señaló que yo no era ni sería jamás un hombre de letras y que tenía grandes condiciones matemáticas.

“Lo primero que deben hacer los profesores es convencerse a sí mismos del gravitante rol que juegan en la sociedad”.

Así, quedé encuadrado en el curso científico y, al egresar, siguiendo sus lineamientos, entré a estudiar Construcción Civil a la Universidad Católica, pero jamás me vi trabajando en ello ni en ninguna otra carrera afín. Por eso, cuando estaba en cuarto año, decidí dar nuevamente la prueba de aptitud, sin mayor preparación. Pese a haber estado estudiando cálculo, física, trigonometría, mecánica de suelos, etc., durante los últimos ocho semestres, saqué puntaje nacional en Ciencias Sociales y Lenguaje y pude ocupar una de las quince vacantes que ofrecía la carrera de Periodismo de la Universidad de Chile.

—¿En qué momento comenzó su gusto por las humanidades?

—Estoy seguro de que mi gusto por las humanidades comenzó cuando tenía cinco años y estaba en primero básico. El libro de lectura, que aún conservo, lo leí completo en dos meses y durante el resto del año me fue muy fácil, ya que lo había aprendido con anterioridad. En esto es muy importante la ayuda que recibí de mis padres que me enseñaron a leer cuando tenía cuatro años y entré al colegio al año siguiente con una clara ventaja. Esto se profundizó con el correr del tiempo y para mí eran un placer las clases de Ciencias Sociales, Lenguaje y Artes, en contraste con el poco entusiasmo con que enfrentaba Matemática, Biología, Química o Física.

—¿Cuándo decide comenzar a escribir? ¿Qué lo motivó?

—Durante décadas siempre escribí como periodista, tanto trabajando en medios como después dedicado a las comunicaciones corporativas, pero siempre tenía en mente escribir un libro. Ocupando los apuntes del coronel Varela, que me había obsequiado mi abuelo en la década del sesenta, comencé a escribir mi primer libro en 2007, cuando ya disponía de algo más de tiempo para hacerlo. El rechazo de las editoriales por publicar esta primera obra no fue motivo para bajar los brazos y comencé a escribir mi segundo libro en 2011, y el tercero en 2013, pese a que aún no me habían publicado el primero.

Cuando se imprimió Un veterano de tres guerras, en 2014, se convirtió en pocas semanas en un best seller. Al poco tiempo, fui convocado por Penguin Random House, el mayor grupo editorial a nivel global, que me publicó de inmediato los otros dos libros que tenía en el computador… De ahí no hemos parado y ya voy a superar la decena de obras, en menos de una década, las que circulan por Chile y en otros países en todos los formatos con mucho éxito, ya que todas han ocupado los primeros lugares de venta.

—¡Increíble! Muchas felicidades. Y enfocándonos en esta revista, la cual está dirigida a profesores, para motivarlos a involucrar a sus alumnos, ¿qué decirles a los docentes para incentivar a sus alumnos a leer y también a escribir?

—Estoy seguro de que lo primero que deben hacer los profesores es convencerse a sí mismos del gravitante rol que juegan en la sociedad. Es cierto que no están construyendo puentes, autopistas, ni realizando complicadas intervenciones quirúrgicas… están haciendo mucho más que eso: formando a los ciudadanos del futuro. 

Basado en mi propia experiencia como alumno, creo que el mejor incentivo que recibe un estudiante es encantarse con las enseñanzas de sus maestros. Para lograr esto es indispensable que los docentes dominen bien el tema, que sean lúdicos al impartir sus conocimientos, que no se limiten al pizarrón y busquen formas creativas de entusiasmar a sus alumnos. Sean maestros, guías, referentes, entregando todo el conocimiento que poseen, pero evitando sesgos ideológicos. Ya habrá tiempo para que cada niño de hoy, con base en su propia experiencia de vida y apoyado en los conocimientos que recibió en el colegio, pueda definir su posición en la sociedad.

Al encantar a un alumno con determinada materia o lectura, puede estar abriéndole las puertas del saber, marcando una vocación. 

En el caso específico de incentivar la lectura y la escritura, estimo que es de gran valor que compartan aula con escritores, que siempre estamos dispuestos a hacerlo. También que los docentes se extiendan más allá de los libros obligatorios y den libertad para que lean otros de interés de cada alumno, eligiendo uno de una propuesta de cinco obras entregadas por cada estudiante, pero con el compromiso de que deben desarrollar un ensayo relatando el libro escogido y sus propias conclusiones. De esa forma se incentiva la lectura y la escritura.

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