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Sep 2022 - Edicion 266

La vocación docente inclina la balanza

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“Hay un olvido del sistema escolar por desarrollar espacios que promuevan la calma y el bienestar”

¿Con qué emoción lees esta entrevista?, ¿cómo te sientes respecto a tu propio autocuidado? Estas preguntas, nos cuenta la psicóloga Soledad López de Lérida, nos llaman a reflexionar sobre la importancia de “preocuparnos del bienestar de todos, y podemos partir siempre por quienes tenemos más cerca y por nosotros mismos”.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
“Hay un olvido del sistema escolar por desarrollar espacios que promuevan la calma y el bienestar”

Los docentes están al cuidado de niños y jóvenes que están en plena formación de su cerebro, “lo cual también incluye el cerebro emocional como si fuesen, por ejemplo, los docentes el vehículo del aprendizaje”, nos cuenta Soledad López de Lérida, psicóloga con un postítulo en Psicología Clínica Infantojuvenil de la PUC.

Y en ese sentido, dice la psicóloga, es clave trabajar el bienestar docente porque, de lo contrario, hay un riesgo similar a lo que le puede ocurrir a un auto cuando no se le cambia el aceite y se corre el riesgo de que el motor se funda. “El auto funciona igual si no lo haces, pero corres el riesgo de que el motor se funda. De la misma manera, sería bueno que todos los que trabajamos al cuidado de otros, y no solo los profesores, también las psicólogos, enfermeros, madres y padres, nos aceitáramos e hiciéramos las acciones necesarias para protegernos y no fundirnos”.

“Las experiencias difíciles como la pandemia, nos enfrentan con nuestras limitaciones y faltas de recursos, pero también pueden favorecer el crecimiento y, por ello, esperamos que las escuelas sean empáticas para identificar las necesidades de sus comunidades y creativas para potenciar el crecimiento de cada cual desde sus recursos y fortalezas”.

Señala Soledad que los docentes están constantemente enfocados en cumplir los objetivos de aprendizaje y reciben gran parte de las dificultades y sufrimientos de las vidas de sus alumnos y sus familias. Sin embargo, dice, “hay un olvido del sistema escolar por desarrollar espacios que promuevan la calma y el bienestar. El riesgo de no tomar acciones a tiempo es desarrollar diversos síntomas o trastornos mentales, que llevan a realizar interpretaciones de la realidad de una manera más negativa, provocan un enorme malestar e impiden el normal funcionamiento”.

—¿Qué puede ocurrir si descuidamos el bienestar docente?

—Un síndrome que puede presentarse entre profesores y que es importante conocer y prevenir es el de burnout o desgaste profesional, que se caracteriza por un agotamiento emocional y físico, de disminución de energía y entusiasmo, acompañado de un sentimiento de falta de recursos. 

Sucede que el profesor puede sentirse desapegado en la relación con sus alumnos o los demás, quizás algo más insensibles emocionalmente, y comenzar a autoevaluarse de una manera negativa, costarle sentirse satisfecho y experimentar más dificultad para relacionarse con otros.

—Llevamos casi dos años de pandemia, hemos visto cómo los profesores señalan que están estresados y que necesitan recargar sus energías…

—Comento siempre que, para mí, como madre y no solo como profesional, en estos años de pandemia los profesores estuvieron en primera línea, haciéndose presentes cotidianamente en nuestra casa de alguna u otra forma. Y se los agradezco enormemente. Reconozcamos que para ellos el mundo laboral invadió sus hogares y en algunos casos complicó sus dinámicas familiares, además tuvieron que adaptarse y responder rápidamente a un contexto nuevo, desarrollar nuevas competencias tecnológicas, ajustar metodologías a las nuevas condiciones de aprendizaje y responder a escenarios muy diversos de familias y estudiantes. Mientras cada uno también vivía su propia crisis personal por la pandemia, acogieron las vivencias de sus alumnos. Un número importante de profesores está desgastado o, a lo menos, extremadamente cansado o estresado, que son las cifras que el año pasado se dieron a conocer sobre la profesión docente, estando peor que otras profesiones. Este año parece ser que la situación estuvo lejos de mejorar. 

—Respecto de los docentes, ¿por qué es clave cuidar el aspecto emocional?

—Sin duda no veníamos bien en salud mental, y esta crisis lo dejó en evidencia. Ahora tenemos la esperanza de atender a las señales y hacer los cambios necesarios que consideren el bienestar de las comunidades. Al hacer modificaciones recordemos que somos seres vivos no solo con cabeza, sino también con cuerpo, sentimientos y desarrollo espiritual. Es necesario que los profesores reconozcan y experimenten la satisfacción de nutrir estas áreas para que puedan comunicarlo y entusiasmar a los alumnos. 

Por ello, más allá de esta contención, se hace urgente considerar la formación emocional de profesores para contar con más conocimientos y competencias para educar a sus alumnos y para entender más acerca de los procesos de crisis. De ese modo podrán ofrecer acompañamiento y derivar a los estudiantes que lo necesiten. Hay profesores que se sienten inseguros de enseñar algo para lo cual no han sido preparados, bajo el lema “es imposible dar lo que no se tiene”.

—Ahora entran pronto a una etapa de descanso, ¿cómo aprovechar este tiempo para recargar sus energías? Sabemos que existe un ocio que es bueno, ¿nos puedes hablar de aquello?

—El ocio es bueno no sólo en vacaciones, lo fundamental es valorarlo cuando más lo necesitamos. El ocio y el silencio permiten que el cerebro se regenere y sea creativo, y es en estos estados que suelen producirse las verdaderas percepciones, según dice Smart en su libro «El arte y la ciencia de no hacer nada». Este puede ser un buen libro para leer en este verano, o sólo para tenerlo sobre el velador durante las vacaciones.

Cuenta Soledad que existen evidencias empíricas en algunas líneas asociadas al bienestar, como lo son el rol central de la respiración y otras técnicas corporales, el uso de técnicas meditativas como el mindfulness, la importancia del deporte y actividades en la naturaleza, etc. “Todas ellas son altamente recomendables, pero puede sumar aquella actividad que usted más disfrute y la desconecte: tejer, bailar, tocar un instrumento, pintar, leer, la jardinería, etc. Lo más importante es que la practique regularmente durante la semana. Reservarse un espacio para usted no es egoísmo, es una necesidad que usted esté bien para que pueda comunicar a otros la importancia de estar bien y acompañar en tiempos difíciles”. 

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