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Nov 2021 - Edición 257

Escuelas Inclusivas

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Inclusión en Educación Técnica Profesional: Se hace camino al andar

Dos organizaciones sostenedoras de colegios técnicos profesionales, la Fundación Magisterio de La Araucanía y la Congregación de los Hermanos Maristas, nos contaron cómo trabajan el tema de la inclusión en sus colegios técnicos profesionales. El sueño para la primera: que no se hable de inclusión de tan integrada que esté, y para la segunda, generar una cultura inclusiva en el amplio sentido de la palabra. Aquí detallan sus experiencias.

Por: Paula Elizalde
Inclusión en Educación Técnica Profesional: Se hace camino al andar

“El colegio nace con un enfoque inclusivo desde el comienzo. Desde que partió el colegio, comenzó siempre con atención a la diversidad, como uno de los elementos que lo iban a distinguir en los años”, afirma Giovana Muñoz, educadora diferencial, coordinadora PIE de Educación Media Técnico-Profesional del Colegio Marista de La Serena Nuestra Señora de Andacollo. 

Sin embargo, como Giovana cuenta, cuando los niños fueron subiendo de nivel y llegaba la hora de entrar a enseñanza media, muchos de los que habían sido integrados, optaban por querer irse a otros colegios. “A nosotros como equipo nos empezó a hacer mucho ruido. No tenía sentido, no era el espíritu de la integración. El 2008 empieza a haber un diálogo súper potente con el área técnico-profesional, que tenían muchas aprensiones, para cambiar esta realidad”, señala Giovana, explicando cuándo comenzaron a trabajar la inclusión como Colegio Marista. 

En el caso de los colegios de la Fundación Magisterio de La Araucanía, la inclusión nace con la Fundación, como señala Martín Ñanco, coordinador de Educación de la Fundación del Magisterio de La Araucanía: “El tema de inclusión es un tema que nos gusta mucho, lo hemos venido abordando desde hace ya muchos años. La Fundación nace, de cierta forma, para dar respuesta a las necesidades de comunidades de la región, de La Araucanía, del Biobío; por lo tanto, trabajamos desde la esencia misma. Y esto se ve fortalecido al momento de ser promulgada la ley de inclusión que aporta a la no discriminación al ingreso de los estudiantes al sistema educativo”.

De los once colegios técnicos profesionales pertenecientes al Magisterio de La Araucanía, en todos existe un programa de integración escolar, afirma Martín, “y en todos ellos tenemos experiencia muy enriquecedora, de formación TP”.

 

Primeros pasos en la inclusión técnica profesional

Una vez que deciden comenzar a trabajar con el área técnica profesional en el caso de los colegios maristas, congregación que posee cuatro establecimientos técnico-profesionales, como relata Giovana, se empezó un largo camino, que aún se sigue construyendo, como ella misma explica, donde los desafíos son constantes. “Hicimos un trabajo ahí muy bonito con el área técnica, y nos fuimos a trabajar en red con colegios de La Serena, Coquimbo, Ovalle, ya que estábamos todos con el mismo problema. Surgieron múltiples opciones y ahí empezamos a trabajar y hoy ya nadie se cuestiona que los niños de integración pasen a la media”. 

En este camino, para Giovana había dos cuestionamientos importantes como equipo: “Qué plan de trabajo íbamos a hacer para que los niños llegaran de buena manera, las adecuaciones que íbamos a necesitar, y cómo sistematizar la formación en competencia, una formación alternativa”, y agrega: “Son desafíos que aún permanecen en el proyecto educativo”. 

Por su parte, Lorena Jara, coordinadora de Educación Especial del Departamento de Educación de la Fundación Magisterio de La Araucanía, cuenta: “Vamos haciendo camino en el tema TP; porque hemos buscado muchas respuestas en el Ministerio y todo, y en general siempre topamos en la dificultad de la certificación de los estudiantes en temas TP. Pareciera que aún no hay respuestas en relación a cómo certificar a un estudiante más que en algo tan amplio; quizás, por ejemplo, en una competencia específica para que estos estudiantes se puedan desempeñar el día de mañana”. 

“Hemos visto casos en otros países donde existen estudiantes con necesidades permanentes que se desempeñan en una actividad específica y son los mejores en esa actividad específica; entonces, nos gustaría llegar a eso y que obviamente eso en el país se reconociera en el Ministerio de Educación”, comenta Lorena. 

Martín Ñanco complementa: “Requerimos apoyo, no solamente en términos de ministerios, sino también de las empresas, de las industrias, de todos quienes van a recibir a ese estudiante en la sociedad. Hay estudiantes que tienen la oportunidad de continuar trayectorias educativas, hacia la educación superior, otros van hacia el sector laboral, pero tenemos que formar una sociedad distinta. No podemos hacer todo un esfuerzo en el sistema educativo, tanto en el nivel parvulario como educación básica y media, y después, cuando ese estudiante se integra en la sociedad, ¿qué pasa con él?, ¿queda desamparado?”.

La clave: el trabajo colaborativo

“Nuestro plan de inclusión institucional fomenta el desarrollo de una comunidad educativa inclusiva, a través de la eliminación de los mecanismos que generan discriminación y la promoción de relaciones inclusivas al interior del establecimiento”, según señala Martín Ñanco, respecto a los colegios del Magisterio de La Araucanía, y teniendo eso como base, “debemos generar los mecanismos, movilizar lo que tengamos que movilizar para asegurar trayectoria formativa en los estudiantes para todos los niveles, independiente de las características que tengan. Es una responsabilidad de esencia y en eso estamos claros”.

Ahora, en la práctica, ¿cómo hacerlo? “Estamos promoviendo el formar equipos de aula. Y estos equipos de aula son multidisciplinarios, los integran no solamente el profesor o el educador diferencial, sino el profesional de apoyo, el profesor tutor, en la modalidad TP”, afirma Martín.

Según la experiencia de Ñanco, los profesores no han sido formados en temas de inclusión: “El acompañamiento que hacemos desde acá es muy significativo, en términos de que el profesor lo que requiere es apoyo. En general, el profesor se siente agobiado, con una carga laboral muy importante y por eso es muy relevante el formar equipos de aula, tenemos apoyo multidisciplinario, el tener equipo, de trabajar en equipo, de fomentar muy fuerte el trabajo colaborativo. Necesitamos formar equipos de aula que puedan trabajar y atender la diversidad”. 

Giovana Muñoz, desde el Colegio Marista de La Serena, cuenta que tienen un espacio definido de trabajo colaborativo, “donde están todos los docentes, los profesionales, todo el ciclo, pero además tenemos espacios de equipos de aula. En el caso, por ejemplo, de una niña de multidéficit, primero presentamos todo el diagnóstico, y ahí empezamos a ver cuáles son las necesidades. Lo resolvemos en el fondo, con mucho trabajo colaborativo”.

Un trabajo permanente ¿Y cómo seguir para adelante?

  • “Es un trabajo permanente, estamos con muchos desafíos, no te diría que estamos en la lumbrera, estamos en el tiempo de las preguntas, de los nuevos desafíos que surgen en educación TP. Esto es variado, el mercado varía. También el mundo diferencial, nos tocó meternos en el mundo de la empresa, conocer empresarios, sensibilizar a gente”, afirma Giovana.

  • Lorena, desde el Magisterio de La Araucanía, afirma: “Hacer la diferencia en que desde nuestro plan, y que ojalá el día de mañana no se hable de inclusión, ese es nuestro objetivo, y entendamos que nos toca vivir un proceso”.

  • Para Macarena Ruiz, encargada de Orientación, Protección y Convivencia Escolar del Sector Chile de la Congregación Marista, el desafío es: “Movernos hacia una cultura inclusiva, ir trabajando en los colegios una cultura inclusiva que no solo sea lo que tiene que ver directamente –y que se han hecho esfuerzos importantes– por atender las necesidades educativas especiales, más bien atender a la diversidad de necesidades educativas que hay en las salas de clases y que todos tenemos. Poder mirar desde la cultura inclusiva”.

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