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Sep 2021 - Edición 255

La tecnología, ¿Cambió la forma de enseñar o no?

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Frente a la exclusión escolar, la clave: estar atentos y tomar acciones concretas

Conocer los factores de alerta frente al abandono escolar de un niño a su colegio, es fundamental. Revisar el vínculo con su escuela y la asistencia diaria al aula, son también elementos relevantes. Lo importante, dicen los expertos, es que aún es tiempo de abordar el problema.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Frente a la exclusión escolar, la clave: estar atentos y tomar acciones concretas

“Hemos estado muy preocupados en nuestro colegio del tema de la deserción. Para ello, llamamos periódicamente a los estudiantes que no se han conectado a las clases por las plataformas virtuales (Zoom y Meet). Además, una vez al mes, cada profesor jefe debe entregar a los respectivos coordinadores un reporte con los contactos establecidos con el ciento por ciento de los estudiantes de su curso”, nos cuenta el director del Centro Educacional Niño Dios de Malloco, Fernando Pérez.

Acciones como estas que realiza este establecimiento, que forma parte de la Red de colegios de Fundación Irarrázaval, les han permitido estar muy atentos y trabajar el tema de la deserción de los alumnos. “A través de nuestro encargado de convivencia, un asistente social y dos inspectores desarrollan visitas domiciliarias a aquellos estudiantes que se han desconectado de los procesos educativos, se les entregan alimentos no perecibles y guías de trabajo para que no se desentiendan del proceso educativo”.

Muchas veces, nos cuenta el director, a los estudiantes que no cuentan con celular con internet o notebook, el colegio les entrega computadores portátiles o tabletas asociados a un dispositivo que les permite conectarse a las clases virtuales.

Fernando Pérez, director del Centro Educacional Niño Dios de Malloco

“Entre nuestras acciones concretas, semanalmente se analizan situaciones de estudiantes que podrían estar en situación de desertar (a través de reportes de profesores jefe), se busca contacto con apoderados o estudiantes, se conoce su problemática y el Equipo de Gestión concreta visitas y apoyos materiales y emocionales”.

Para la directora de Fundación Programa Presente, Rebeca Molina, la clave es estar atentos al tema porque, a pesar de iniciar el segundo semestre de este año, “todavía estamos a tiempo de realizar accciones concretas que permitan abordar el tema como comunidad escolar”.

Lo que ha sucedido, explica Cecilia Assael, experta en temas de exclusión y directora de Magíster en Inclusión de la UDD, es que evidentemente las condiciones de la pandemia “han puesto de manifiesto con toda la dureza mayores condiciones de exclusión por diversos factores. Entre ellos y lamentablemente ya estudiados y conocidos por todos, los factores socioeconómicos que han hecho nuevamente que las dificultades de acceso tecnológico, distancias en el caso de las localidades rurales, precarias condiciones en los hogares, entre otras, hayan golpeado a un sinnúmero de niños que han sufrido condiciones más adversas para poder estar conectados con sus establecimientos, sus aulas, sus compañeros”. 

Pero la exclusión no solo se ha dado con mayor fuerza marcada por factores económicos, sino también por la falta de interacciones sociales, que son la clave para una educación de calidad y para asegurar condiciones de inclusión. “El ser humano se forma desde lo social, y particularmente el aprendizaje en los niños y niñas tiene una base sociocultural; es decir, la individualidad se constituye a partir de las interacciones con otros, las herramientas de la cultura se incorporan a partir de las experiencias de aprendizaje mediado por otros adultos o compañeros. Quienes no han podido estar en contacto con esas interacciones, han quedado desprovistos de muchas oportunidades de aprendizaje”, señala Cecilia.

Por ello, y en ese sentido, “creo que las medidas más urgentes de implementar es poder asegurar que niños y niñas vuelvan a estar en sus comunidades escolares ya que ahí es donde intencionadamente y planificadamente se construyen interacciones adultos-niños y niños entre ellos; es decir, interacciones entre pares, para favorecer las condiciones para que se produzcan aprendizajes”, dice la académica de la UDD.

Rebeca Molina, directora de Fundación Programa Presente

“No sirve de nada tener un promedio de asistencias 90% porque lo que necesitamos saber es si los estudiantes se están involucrando menos de lo necesario o cuántos alumnos presentan ausentismo crónico crítico, entre otros factores”.

Asimismo, explica Cecilia, un elemento fundamental para que los alumnos no abandonen el sistema escolar tiene que ver con los aprendizajes que sienten que va teniendo, pero también con los factores que influyen en ese aprendizaje; es decir, los factores afectivos motivacionales. “Es muy necesario que los alumnos tengan un sentimiento de pertenencia a su escuela. Que sientan que ese es un espacio de aprendizaje, pero también un espacio de acogida, un espacio de seguridad, un espacio de crecimiento. Por ello, es importante generar aprendizajes significativos, y esto no quiere decir que sean ya conocidos, sino que, por el contrario, sean desafiantes, despierten la curiosidad por cosas nuevas”.

De modo paralelo, es clave, señala la académica de la UDD, que los estudiantes sientan que las oportunidades que les está dando la escuela no pueden encontrarlas en otros espacios. “Eso implica un gran esfuerzo por parte de los profesores. Alumnos que no se queden atrás, pero que, a la vez, se sientan desafiados por los aprendizajes, pero en un ambiente cálido y seguro”.

Desde los primeros años

Hasta hace poco tiempo, nos explica Rebeca, se hablaba de deserción escolar, pero esto era antes, porque ahora, nos dijo, se señala exclusión escolar ya que es toda la comunidad responsable de que un alumno abandone el sistema escolar. Por ello, agrega, lo importante es detectar a tiempo las variables que podrían estar indicando que algo no está bien. Una de ellas, señala Rebeca, es la vinculación que se genera entre el alumno y su establecimiento. “Ese vínculo no significa solamente entregarle un chip al estudiante para que se conecte a sus clases, es mucho más que eso; que realmente los niños y adolescentes sientan que a nosotros como colegio nos importan y, al mismo tiempo, les demostremos que realmente estamos atentos: haciéndonos cargo, apoyándolos y escuchándolos efectivamente, desde los primeros años de escolaridad”.

Es fundamental, indica Rebeca, abordar ese tema desde los primeros años ya que, probablemente, “en la enseñanza media, en tercer o cuarto medio, ya es bastante tarde. Tenemos que enfocarnos en prevenir la exclusión y en cómo iniciamos esa preocupación: trabajando con los estudiantes un sentido de por qué vale la pena estar en la escuela y de que pueden lograr grandes cosas. Es clave trabajar también con ellos la autoestima académica y, además, la vinculación con los apoderados”.

Desarrollar, además, un sentido de pertenencia del alumno con su establecimiento, de por qué y para qué estar en la escuela. “Enfocarse en la autoestima académica, reforzar en el alumno el hecho de que pueden aprender, de que son capaces de lograr los objetivos que se proponen y que, para eso, requieren esforzarse y perseverar”. 

De hecho, según Cecilia Assael, los factores de alerta y que pueden ayudar a prevenir el tema, “se relacionan básicamente con dos frentes que, a su vez, son dos caras de una misma moneda: el alcance de los aprendizajes y los factores afectivos motivacionales”.

Cecilia Assael, experta en temas de exclusión y directora de Magíster en Inclusión de la UDD

“(Es clave) que los estudiantes sientan que las oportunidades que les está dando la escuela no pueden encontrarlas en otros espacios. Eso implica un gran esfuerzo por parte de los profesores. Alumnos que no se queden atrás, pero que, a la vez, se sientan desafiados por los aprendizajes, pero en un ambiente cálido y seguro”.

De hecho, un alumno que no logra acceder a los aprendizajes, “bajará su autoestima, comenzará a sentirse excluido, perderá su sentido de pertenencia y, finalmente, algo que se inició desde una dificultad en el ámbito cognitivo, trascenderá a un aspecto fundamental como factor de aprendizaje, el cual es la motivación por aprender. Por otro lado, un estudiante que está desmotivado, no tendrá la energía movilizadora necesaria para alcanzar los desafíos de las dimensiones cognitivas”, explica la académica de la UDD.

Por lo anterior, resulta primordial que los docentes estén atentos a ambos factores fundamentales para movilizar los aprendizajes: lo afectivo motivacional y lo cognitivo no como dos aspectos separados, sino que interrelacionados entre sí y que se influencian mutuamente. Porque, como señala claramente Rebeca Molina, “nosotros como escuela no nos podemos hacer cargo de todos los factores, pero sí podemos hacernos cargo de algunos, y esos son los que tienen sobre todo que ver con el involucramiento de los estudiantes con su aprendizaje. Para eso podemos tomar en cuenta varias alarmas o indicadores, algunos más complejos y otros más simples. Por ejemplo, si nos damos cuenta de que un estudiante ha repetido de curso o nos damos cuenta de que está con bajo nivel de desempeño académico o con bajo nivel de participación en clases”.

Por ello, advierte la directora de Fundación Programa Presente, dependiendo de la modalidad de clases que tenemos, “nosotros como docentes tenemos que ir monitorizando cuánto está participando o no ese estudiante. Es clave tomar en cuenta el dato de asistencia, no porque el ausentismo sea el único factor predictor, sino porque es un ‘indicador manada’; es decir, una variable que arrastra a otros indicadores, que juntos entregan señales de que probablemente otras cosas también están pasando. Por ejemplo, un estudiante que está con baja participación o que está con ausentismo crónico, tiene altas probabilidades de estar presentando un bajo desempeño académico y, por tanto, altas probabilidades de estar presentando un proceso de adhesión bajo a la escuela o incluso puede estar presentando una situación de vulneración de derechos”.

En esa línea, lo recomendable es que los colegios registren la asistencia de sus alumnos y observen cuánto está participando cada niño y cada niña en el colegio en las diferentes instancias que tienen. “En este sentido no sirve de nada tener un promedio de asistencias 90% porque lo que necesitamos saber es si los estudiantes se están involucrando menos de lo necesario o cuántos alumnos presentan ausentismo crónico crítico, entre otros factores”. 

¿Quiénes son los estudiantes que están fuera del sistema escolar?

  • La deserción escolar es un fenómeno multicausal que se genera por diversas situaciones educativas, familiares, sociales, etc. Es por ello que estos jóvenes son excluidos por el sistema en su conjunto (educativo, familiar, del entorno), y no por una decisión personal. 

  • El 62,5% de los niños y jóvenes de entre 5 y 21 años que se encuentran fuera del sistema escolar pertenecen a familias del 40% de menores ingresos.

  • Tienen una frecuencia cuatro veces mayor de consumo de drogas y dos veces mayor de ingesta de alcohol que los que se mantienen en el sistema educativo. 

  • El 63% de los estudiantes con maternidad o paternidad adolescente abandona su educación.

  • Capital cultural de su familia: en la mayoría de los casos tienen padres que no han completado su educación.

  • Estigmatización y bajas expectativas por parte de sus docentes generan frustración y falta de motivación por su educación. www.mineduc.cl

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