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Oct 2021 - Edición 256

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Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia 2020: “La enseñanza tiene un elemento social y personal que nunca será reemplazado únicamente por las tecnologías”

¿Era Historia su ramo favorito? ¿Cómo fue su etapa escolar? ¿Cómo ve la educación hoy? Estas y otras preguntas fueron las que le hicimos a Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia, quien estuvo en un liceo industrial, donde recibió una enseñanza práctica más que humanista, “coordinar el trabajo mental con el manual me ayudó a ser una persona más o menos aterrizada y, por supuesto, capaz de sobrevivir en momentos difíciles, como cuando trabajé de mecánico en Argentina entre 1974 y 1975”.

Por: Paula Elizalde
Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia 2020: “La enseñanza tiene un elemento social y personal que nunca será reemplazado únicamente por las tecnologías”

En agosto de 2020 recibió el Premio Nacional de Historia, anteriormente había sido distinguido también con el Premio Manuel Montt de la Universidad de Chile por su obra “Andrés Bello: La pasión por el orden”. Académico de la Universidad de Stanford e integrante de la Academia Chilena de la Lengua, Iván Jaksic accedió a dejar su historia reciente para ir en búsqueda de los recuerdos de su etapa escolar. Estos son: 

—¿Qué recuerdos tienes de tu época escolar? 

—Fueron dos lugares diferentes. La primaria en Punta Arenas, y la mayor parte de la secundaria en Puente Alto. El mejor recuerdo que tengo de la primaria es de mi profesora principal, una mujer admirable y dedicada. Me alentó en lo que difusamente yo sentía eran mis inclinaciones literarias. Recuerdo también el rigor de nuestro profesor de gramática, el Sr. Barría, que me dio una formación que con posterioridad me ayudó mucho para entender matemáticas y lógica: la idea de que diferentes sistemas tienen códigos relativamente constantes. 

La secundaria para mí, fue un período difícil: era mucho menor que mis compañeros y tenía un profesor de Taller mecánico que era un verdadero tirano. Por lo menos este último me enseñó el valor de la pedagogía, que él obviamente no tenía para nada. Recuerdo muy positivamente a mi profesora de Castellano, que me hizo leer y apreciar buenas obras de literatura chilena.

—¿En ese entonces, Historia era tu asignatura favorita?

—Ni en la primaria ni en la secundaria teníamos un ramo de Historia, en parte porque estudié en una escuela industrial, en donde el énfasis era práctico. La mitad del tiempo la pasábamos en el taller. Desarrollé un gusto por la historia con posterioridad, a raíz de los eventos que nos tocó vivir como país.

—¿Tienes el recuerdo de algún profesor o profesora que te haya marcado?

—Sí, por supuesto, mi profesora de primaria, Julia Ojeda, y, en la secundaria, la señorita Monsalve. Gentes muy comprometidas con la educación, pero además con mucha sabiduría humana.

—¿Alguna anécdota que recuerdes de los tiempos escolares?

—Ser dirigente del centro de alumnos en la escuela secundaria, eso es lo principal. Me abrió un mundo. Recuerdo también el momento glorioso de cuando mi hermano y yo ganamos en una competencia regional de ajedrez, que nos había enseñado un tío nuestro en Punta Arenas. Creo que la sana competencia debe ser un elemento central de la educación.

De profesor a profesor: “Las satisfacciones que resultan de educar no son instantáneas. Toman años, pero tus estudiantes te van a agradecer el que participaste en su formación o, incluso, que comprendiste el momento vital por el que pasaban”.

—¿Cómo fue tu paso por la educación técnica profesional?

—Muy formador, creo que coordinar el trabajo mental con el manual me ayudó a ser una persona más o menos aterrizada y, por supuesto, capaz de sobrevivir en momentos difíciles, como cuando trabajé de mecánico en Argentina entre 1974 y 1975.

—Hoy, mirando hacia atrás, ¿qué gatilló ese gusto por la historia y la filosofía?

—El afán de conocer que me comunicaron mis profesores, que no eran ni historiadores ni filósofos. A la historia y a la filosofía se entra por muchas puertas, y en este caso fueron los elementos de lectura crítica que me enseñaron mis profesores en la etapa escolar. Cuando me encontré formalmente con esas disciplinas, sentí que ya tenía los instrumentos fundamentales para estudiarlas y disfrutarlas.

—La pandemia ha hecho cambiar muchos aspectos, entre ellos, la educación, ¿cómo ves la educación desde ahora en adelante?

—El trabajo será principalmente ponerse al día y recuperar el contacto humano que se ha desperfilado con tanto Zoom. Algo hemos aprendido durante este difícil proceso, y es que la enseñanza tiene un elemento social y personal que nunca será reemplazado únicamente por las tecnologías. Aunque, también debo decir, hemos aprendido bastante sobre sus ventajas.

—Por último, de profesor a profesor, ¿algún mensaje para tus colegas escolares?

—Llevo 47 años enseñando y lo que quisiera comunicar, sobre todo a los más jóvenes, es que las satisfacciones que resultan de educar no son instantáneas. Toman años, pero tus estudiantes te van a agradecer el que participaste en su formación o, incluso, que comprendiste el momento vital por el que pasaban.

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