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Jun 2021 - Edición 252

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Proyecto de vida: Hablemos del futuro

Muchos adolescentes y jóvenes pueden sentir que la pandemia afectó su proyecto de vida. Este es el momento de salir a su encuentro y decirles “acá estamos para apoyarte”, señala María del Carmen González, psicóloga y miembro del equipo del Instituto de Psiquiatría de Montevideo (IPM).

Por: M. Ester Roblero
Proyecto de vida: Hablemos del futuro

Llegada cierta edad los adolescentes comienzan a preguntarse qué querrían estudiar en el futuro, en qué les gustaría trabajar de adultos, y a bocetar un proyecto de vida. “Este es un tema apasionante”, explica María del Carmen González, psicóloga y miembro del equipo de Instituto de Psiquiatría de Montevideo (IPM), especializada en Orientación Vocacional Ocupacional y Adolescencia. “El proyecto de vida es parte integral del desarrollo humano. Crecer no solo depende de aspectos biológicos, sino de otras vertientes que nos hacen humanos”, señala.

Durante la educación inicial los proyectos educativos trabajan muchos aspectos ligados a la identidad del niño. “De modo lúdico, por ejemplo, a través del juego se logra estimular su imaginación e impulsar el pensamiento crítico: ¿qué me gusta hacer?, ¿qué quiero ser?, ¿cómo quiero ser?”, dice María del Carmen González. “Al poner esas preguntas en el niño, a través del juego, no buscamos sus respuestas definitivas, sino conseguir que estas lo acompañen en todo su tránsito a la adolescencia, para que no sean interrogantes que recién aparecen cuando tiene que elegir determinado campo disciplinario en sus estudios”. 

María del Carmen González

Pero muchos adolescentes llegan menos preparados a esta etapa y frente a la opción de una línea humanista, científica, técnica o artística, dicen: “Es la primera vez que me pregunto esto”. La psicóloga explica que los padres y educadores “pueden apoyar a ese adolescente conversando sobre lo que le gusta, lo que quiere..., porque lo importante es que él se contacte con su ‘propósito’. Muy ligada a la idea de ‘mi proyecto de vida’ está la de ‘mi propósito’, o ‘mis propósitos’. ¿Qué me propongo, a qué me siento llamado, cuál es mi llamado, o qué me llama?, son las preguntas que podemos ir haciendo para ayudar a ese adolescente a conocerse mejor y a proyectarse”.

La trayectoria vital de cada niño

“Hay adolescentes que tienen 14 o 15 años y que han tenido una trayectoria biográfica tan rica en oportunidades, donde su familia, sus personas más cercanas, sus profesores, orientadores pedagógicos, preceptores o tutores, le han ido ayudando a hacerse preguntas con respecto a su proyecto de vida y ha podido ir resolviéndolas, conociendo sus talentos, sintiendo su llamado. Mientras que hay otros, que tienen 22 años o más, y que todavía están en esa búsqueda. Y digo ‘todavía’ sin un matiz negativo, sino en relación a las expectativas que a veces pone la sociedad. Yo tengo alumnos universitarios que han pasado por varias carreras antes, y ese proceso de cambio se ha dado esperando encontrar su propósito, encontrar el área donde servir mejor, y ese recorrido es tan valioso como el otro”, explica. 

Lo que sí es importante, señala nuestra entrevistada, es “estar alerta a cuando los niños y adolescentes desarrollan una estrategia evitativa, en que evitan decidir. Eso ocurre cuando en vez de desarrollar la capacidad de pensar detenidamente, decidir y ejecutar algo, evitan las decisiones. En ese caso también hay que acompañarlo para que visualice las alternativas que tiene por delante en las mejores condiciones posibles”.

El proyecto de vida en contextos vulnerables 

En contextos desfavorecidos, la pandemia ha tenido grandes efectos y ha vulnerado mucho a las familias y a sus hijos. La gran tarea hoy es salir al encuentro de todos esos adolescentes y recuperar sus trayectorias y acompañarlos en su desarrollo. Un aliado para esto es el cerebro de cada joven, con su maravillosa capacidad de adaptarse, de cambiar favorablemente y tomar lo positivo de cada experiencia.

“De acá en adelante yo me centraría en la agenda que tenemos que hacer. Ya sabemos que hay jóvenes que no se conectan a sus clases, que han perdido continuidad educativa, que están con ansiedad, angustia, y que muchos han perdido la esperanza. Creo que hay que generar programas de acompañamiento, de reconexión y de resocialización, donde lo humano sea lo central. Asegurarles que estamos acá, ponernos objetivos reales y que el mismo adolescente vea que se pueden llevar a la práctica. Comprometerlo a que se involucre activamente, porque veremos frutos solo si conseguimos un encuentro y trabajo en común”.

¿Cómo puede apoyar la familia el proyecto de vida de sus hijos?

  • Cultivando una muy buena comunicación con ellos. Eso es algo previo que siempre hay que trabajar. 
  • Aprendiendo a “verlos”: seguir su desarrollo de cerca y notar cuáles son aquellas actividades o aficiones que les gustan, los hacen felices, o para las que tienen habilidades particulares.

  • Haciendo explícita nuestra observación, con frases no inquisitivas ni invasivas. Por ejemplo: “¡Qué bien se te da escribir!”, o “Te veo feliz dibujando”. Así empezamos a poner en palabras algo que el hijo puede sentir, pero aún no racionalizar.

  • Observando y valorando también sus habilidades blandas: capacidad de organizar, ayudar, resolver problemas, persuadir a otros. Y comentarlo: “Cuando trabajas en equipo, qué bueno eres para lograr acuerdos entre todos”.

  • Escuchando a los hijos mucho. La calma para oírlos nos permite a la vez transmitirles que hay decisiones que deben tomarse con calma, que debemos aprender a pensar y reflexionar sin premura ciertos asuntos.

  • Estando muy presentes. Las adolescencias requieren mucha presencia de los padres, quienes sin estar encima o invadiéndoles, les hagan sentir que están cerca. 

Programa Maestros Comunitarios

Una estrategia de acompañamiento personalizado

La figura del maestro comunitario ha sido clave en Uruguay durante la pandemia y lo será más aún al enfrentarse a casos de deserción escolar. Se trata de docentes contratados por el sector público, pero que se integran al equipo de la escuela. Su trabajo consiste en visitar en sus hogares a los alumnos para lograr alianzas pedagógicas con la familia. 

Su principal objetivo es restituir el deseo de aprender en los alumnos, quienes por diferentes experiencias anteriores –tanto familiares como escolares– se enfrentaron con situaciones que los marcaron negativamente y que podrían dificultar el hacer frente a nuevos aprendizajes. 

¿Quién es?

María del Carmen González es psicóloga y miembro del equipo del Instituto de Psiquiatría de Montevideo (IPM). Tiene especialización en Orientación Vocacional Ocupacional y Adolescencia; posgrado en Psicología Educacional y maestría en Psicología Educacional.

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