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Sep 2021 - Edición 255

La tecnología, ¿Cambió la forma de enseñar o no?

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Cómo cambiará la pedagogía en los próximos cinco años

Recientemente el Consejo Nacional de Educación aprobó la propuesta de Estándares Pedagógicos para la Formación Inicial Docente. Entre los cambios se incluyen un enfoque más inclusivo y aspectos emocionales para que los nuevos docentes trabajen con sus alumnos.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Cómo cambiará la pedagogía en los próximos cinco años

La nueva hoja de ruta se publicaría en el segundo semestre de este año y entonces “comenzará la etapa más importante de esta política pública, que es su implementación, proceso que se extenderá por cinco años y cuyo principal foco es lograr que estos instrumentos se transformen en un referente de mejora de la práctica docente y movilicen y fortalezcan la enseñanza y el aprendizaje en nuestro país”, nos contó Francisca Díaz, directora del CPEIP. 

—¿Qué cambios han ocurrido en los Estándares de la Profesión Docente? 

—Sabemos que ahora se enfocan más en lo inclusivo y en entregar más herramientas desde el punto de vista de lo socioemocional, para que los docentes puedan trabajar aquello con sus alumnos.

Francisca Díaz, directora del CPEIP.

Los nuevos Estándares de la Profesión Docente representan una gran transformación respecto a cómo comprendemos la pedagogía y qué dimensiones promoveremos, como país, en sus distintas etapas, tanto en la formación de las y los futuros profesores, como en el desarrollo de los docentes en ejercicio. 

Los estándares establecen cuatro grandes cambios respecto a los instrumentos referenciales que existían hasta ahora para la docencia: por primera vez tendremos Estándares para la Formación Inicial Docente obligatorios para las carreras de pedagogía; y por primera vez existirán Estándares de Desempeño que guiarán a los docentes en ejercicio. Además, por primera vez estos instrumentos que guiarán la formación de los futuros profesores y la docencia en ejercicio conversan entre sí; es decir, ofrecen un referente común que guiará a los docentes en toda su trayectoria, desde su formación inicial.

Los Estándares de la Profesión Docente están integrados por dos instrumentos: Los Estándares Pedagógicos y Disciplinarios para la Formación Inicial Docente, y los Estándares de Desempeño para la Profesión Docente, que, a su vez, son parte del Marco para la Buena Enseñanza, instrumento referencial para los docentes en ejercicio.

Otro cambio fundamental es que, teniendo como base el conocimiento actual sobre cómo aprenden los estudiantes, estos nuevos estándares se hacen cargo de los desafíos que enfrenta la docencia en el siglo XXI, promoviendo y valorando una pedagogía inclusiva, con competencias para que todos aprendan, que promueve el pensamiento autónomo (metacognición), que atiende el desarrollo socioemocional de los estudiantes, en permanente actualización y desarrollo; capaz de innovar y aprender de la propia práctica; en constante relación con el entorno (pares, apoderados, comunidad) y que pone en el centro los aprendizajes de sus estudiantes. En este sentido, estos estándares tienen el gran potencial de, efectivamente, mejorar los procesos de enseñanza.

—¿Qué nos ha enseñado la pandemia respecto del rol y trabajo de los profesores?, ¿qué se debe mejorar, desde tu punto de vista?

—En este contexto tan complejo y voluble, educadoras, educadores y docentes han demostrado que la pedagogía no solo es una profesión esencial, sino que también es altamente desafiante, que exige actualización permanente, flexibilidad para adecuarse al contexto, compromiso con los aprendizajes e innovación para buscar solución a problemas complejos. 

En este sentido, hoy se abre una oportunidad única de aprovechar, reconocer y sistematizar todas aquellas innovaciones, tecnologías y metodologías que, producto de la pandemia, han adquirido notoriedad y valor de uso. Estos estándares vienen precisamente a valorar estos aspectos y a apoyar a educadores y docentes para su consecución. 

—¿Qué distingue estos estándares respecto de los que ya existían? ¿Cómo definirías, por tanto, el nuevo sello que tendrá la profesión docente?

—El objetivo de estos Estándares de la Profesión Docente es que educadores y docentes cuenten, desde su formación inicial, con conocimientos, competencias y habilidades para responder a este mundo cambiante y desafiante, donde la mera transmisión de conocimientos debe quedar atrás. En este sentido, valoran el potencial transformador de las y los docentes y su capacidad de promover aprendizaje, desafíos clave de la pedagogía actual. 

Estos estándares responden a una pedagogía del siglo XXI, con docentes que promueven el desarrollo educativo equilibrando cognición profunda y desarrollo personal y social de las y los estudiantes, en entornos de aprendizaje más diversos y participativos, atentos al desarrollo emocional y enriquecidos con herramientas de la sociedad digital.

—¿Qué cambios se realizarán en materia de evaluación de los aprendizajes y la capacidad de autorregulación de los alumnos?, ¿la evaluación pospandemia seguirá igual? 

—Cuando decimos que uno de los principios de estos nuevos estándares tiene que ver con el desarrollo del pensamiento profundo o metacognición, eso implica también una transformación en cómo se evalúan esos aprendizajes y los procesos que llevan a los estudiantes a alcanzarlos. 

En la actualidad se considera clave el desarrollo de habilidades y, entre ellas, el aprendizaje autónomo; es decir, que los estudiantes aprendan a aprender y que esto los motive a seguir aprendiendo de forma autónoma a lo largo de su vida. En este sentido, la evaluación de aprendizajes debe enfocarse en el logro de habilidades por parte de los estudiantes y, a su vez, volcarse a lo formativo; es decir, a que sea una herramienta real que acompañe los procesos de aprendizaje y que, a través de esa monitorización, permita garantizar aprendizajes para la vida en cada estudiante. 

Los Estándares Pedagógicos indican lo que todo profesor debe saber y saber hacer en pedagogía al titularse como docente, en tanto los Estándares Disciplinarios consideran los conocimientos disciplinarios y la didáctica específica para cada carrera. Ambos son complementarios.

Eso es lo que valoran y promueven estos estándares, el uso de diferentes estrategias de evaluación y retroalimentación durante las actividades, que permitan a los docentes obtener evidencia del logro de los objetivos, tomar decisiones y reducir brechas de aprendizaje. 

—Otro de los cambios que se han revelado se refieren a entregar mayor importancia al pensamiento crítico de los alumnos, ¿cómo se piensa que los docentes trabajen esas habilidades con sus estudiantes?

—Principalmente, y a modo general, a través del diseño y desarrollo de estrategias pedagógicas que fomenten el debate sobre problemáticas relevantes para la disciplina; que permitan modelar e involucrar a los estudiantes en la elaboración de proyectos, en la investigación y resolución de problemas; o evaluar la veracidad y confiabilidad de las fuentes de información que consultan, entre otros aspectos. Para ello es relevante poder acercar a los estudiantes a problemas reales, a situaciones relacionadas con su vida diaria. 

El pensamiento crítico es una habilidad fundamental que se desarrolla analizando rigurosamente fuentes de información, y contrastándolas con otras. A partir de ello, es necesario incentivar a los estudiantes a desarrollar sus propios puntos de vista, sobre su contexto y sobre la realidad que les toca vivir, y así ser capaces de transformarla y mejorarla. 

 

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