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Nov 2021 - Edición 257

Escuelas Inclusivas

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Cristián Warnken, “Hay que volver a caminar y conversar, como lo hacían Sócrates, Aristóteles y tantos otros”

Quisimos conocer las reflexiones y aprendizajes de Cristián Warnken sobre la pandemia. Conversar acerca de su “musa inspiradora”, del rol de los padres: “No se trata solo de hacer tareas, sino de encontrar momentos de diálogo profundo, de ritos, como el de leer en las noches un cuento”. Y de lo que lo apasiona, escribir: “Una aventura que comienza con la primera palabra que sale de la nada... hay que saber abandonarse y también, después, desapegarse de lo que uno escribió”.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Cristián Warnken, “Hay que volver a caminar y conversar, como lo hacían Sócrates, Aristóteles y tantos otros”

Conocido columnista de diarios y conductor de programas de radio, Cristián Warnken hace un llamado a nuestros queridos profesores: “A los profesores les pediría: colegas, vuelvan a leer a Gabriela Mistral… sus reflexiones pedagógicas siguen siendo inspiradoras. Ella nos enseña el papel de la belleza en educación, el hacer de cada hora de clases una obra de arte, y este imperativo: ‘Ama. Si no amas, no enseñes’ ”.

Recuperar, como dijo, ese amor y poesía por enseñar, pese a las dificultades. De todo esto y más… de los derechos, pero también de los deberes, en esta conversación con Cristián Warnken.  

—¿Qué recuerdos se te vienen de tu época escolar? ¿Eras un buen lector y apasionado por la lectura o eso se te fue dando a través de los años? 

—Primero fueron las lecturas orales de cuentos tradicionales que me hacía mi madre, ella gran lectora. Nunca olvidaré “La muchacha de las cerillas” de Andersen, fue la primera vez que lloré con un libro. Creo que después Dostoyevski me ha hecho llorar así, en algunos capítulos de sus novelas. Y la primera lectura de textos fue la revista Mampato, revista que marcó a mi generación. La esperaba con ansias, tanto que, muchas veces, justo el jueves, cuando la revista llegaba a mi casa (la traía en su moto el suplementero de mi barrio), yo me sentía, sospechosamente, enfermo. Las aventuras de Mampato y Ogú fueron una escuela de vida, de valores (como la amistad, el heroísmo, el espíritu aventurero, la curiosidad por saber, etc.) ¡Qué lástima que ya no existan revistas como esa!

—Este año y el pasado hemos vivido duras situaciones que nos hacen pensar en las cosas importantes de la vida, ¿qué te ha pasado a ti con la pandemia desde el punto de vista del crecimiento personal?

—La pandemia nos ha colocado ante la dura realidad de nuestros límites: los de ser seres biológicos, vulnerables, finitos. Nuestra sociedad iba en un aceleramiento (con grandes flujos de intercambio de información, dinero, viajes) que parecía ignorar los límites. Ese aceleramiento produjo esta invasión viral. Este virus es un pequeño gran mensajero. Tenemos que volvernos un poco más taoístas; lo contrario de lo que está haciendo la sociedad china, que está olvidando las enseñanzas de Lao-Tsé.

Esta pandemia me ha obligado a encarnar muchas de las enseñanzas de libros de autores que he enseñado por años: ahora es la hora de hacer el descenso (el de Ulises, Dante, Gilgamesh), ahora es la hora de realizar la resistencia íntima (Rilke, Esquirol, etc.). ¿Lo lograré hacer? Eso está por verse...

—Las prioridades en educación han ido cambiando. ¿Qué desafíos tiene hacia adelante el mundo educativo?

—La educación está volviendo a apreciar la presencialidad física... darnos cuenta de las posibilidades de verdadero encuentro y diálogo que se pueden suscitar. No basta con tener a los alumnos sentados en una clase. Hay que volver a caminar y conversar, como lo hacían Sócrates, Aristóteles y tantos otros. Abrir las puertas de la escuela al entorno, la naturaleza, la ciudad. Y enseñar a ser usuarios críticos de internet, las redes sociales, etc. Preparar a los alumnos para los riesgos de totalitarismos digitales que vienen. 

—Los tiempos actuales han revelado la importancia de los docentes, ¿qué mensaje les enviarías a los profesores que leen Revista Educar?

—A los profesores les pediría: colegas, vuelvan a leer a Gabriela Mistral… sus reflexiones pedagógicas siguen siendo inspiradoras. Ella nos enseña el papel de la belleza en la educación, el hacer de cada hora de clases una obra de arte, y este imperativo: “Ama. Si no amas, no enseñes”. Volver a recuperar la poesía en el acto de educar, no marcar el paso, no dejarse vencer por la amargura y el desencanto. Los profesores debemos luchar por nuestros derechos, pero también por nuestros deberes. Gabriela Mistral nos entrega la cuota de estoicismo necesario para resistir a una tarea que sé que es difícil y muy llena de injusticias. Ella nos enseña que somos sacerdotes: la tarea de enseñar es sagrada.

—La familia es clave en la formación de nuestros niños. ¿De qué manera es tu familia un pilar en tu vida y cómo has sentido ese apoyo a lo largo de tu vida?

—La pandemia vuelve a colocar a la familia en el centro. Es mucho lo que podemos hacer como padres, a pesar de nuestros cansancios y obligaciones. Allí se juega una parte muy importante de la educación. Pero no se trata solo de hacer tareas, sino de encontrar momentos de diálogo profundo, de ritos, como el de leer en las noches un cuento. No podemos dejar que los ritos mueran y no podemos dejar de enseñar el asombro y el amor por la vida. Que nuestros hijos sientan nuestras ganas de vivir, soñar, cambiar el mundo en lo que está mal y proteger lo que está bien. El “entusiasmo” es clave. Debemos irradiar entusiasmo. No hay tarea más creativa que la de ser padre: con los niños volvemos a ser niños, a jugar (no olvidemos que somos “homo ludens”, como dijo Huizinga), la actividad más seria de todas.

—¿En quién te inspiras para tus columnas? ¿De dónde nacen tus ideas? Cuando eras un niño, ¿imaginaste alguna vez ser un gran columnista?

—Desde muy niño hice revistas, cómics, diarios. Y ahí tenía columnas, mi madre también escribía en uno de mis diarios, recuerdo la sección “columna despierta”. Escribir columnas para mí es un misterio: a veces pienso que no tengo nada de que hablar, estoy ante la página en blanco, y de repente... empieza sola la columna. 

¿Las musas? Tal vez… El inconsciente, nuestro gran maestro. Y estar atento, alerta: saber escuchar la realidad que siempre supera a la ficción. Escribir es una aventura que comienza con la primera palabra que sale de la nada, hay que saber abandonarse y también, después, desapegarse de lo que uno escribió (la corrección es tan importante como la escritura).

Sobre Cristián Warnken 

Columnista de la página editorial del diario El Mercurio. Editor y luego director de Noreste, periódico de matriz poética, que circuló en la década del 80 y en su segunda versión en el 2000. Director y creador del periódico El Corazón, en la década del 90. Creador y conductor de “La belleza nueva”, emisión televisiva de entrevistas, con más de 16 años al aire (www.unabellezanueva.org). Profesor en distintos colegios y universidades, y por más de 20 años, en el taller privado “Viaje a la Palabra”. Actualmente, con motivo de la celebración del Centenario de la Fundación Irarrázaval; Cristián Warnken transmite en radio Pauta, un programa “Desde el Jardín”; que va de lunes a viernes. Los días lunes entrevista a profesores, muchos de ellos, de los colegios técnico profesionales que forman parte de la RED Irarrázaval

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