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Abr 2021 - Edición 250

Innovar, ¿Por qué no?

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¿Por qué invertir en innovación educativa?

Cada año, Fundación Mustakis entrega alrededor de $340 millones en fondos concursables a proyectos innovadores en el ámbito de la educación. Este año las postulaciones cerraron a inicios de febrero y se espera dar a conocer los resultados en abril. Conversamos al respecto con Leonor Merín, su directora de Innovación y Contenido.

Por: Verónica Tagle
¿Por qué invertir en innovación educativa?

“Yo estoy para ti, y tú lo estás para mí”. Reconocer ese vínculo entre el estudiante y el docente, quien se convierte en un mediador de la conexión del niño con su entorno y el proceso de aprendizaje, es la clave para la innovación, explica Leonor Merín, directora de Innovación y Contenido de Fundación Mustakis, organización que cada año ofrece fondos concursables para proyectos innovadores en el ámbito de la educación. 

Este año postularon en total 970 proyectos y el año pasado se repartieron $341 millones. Para ser elegibles, deben apuntar a una de las tres líneas de postulación: formación de competencias socioemocionales de niños, niñas y jóvenes, desarrollo de herramientas tecnológicas para el apoyo de la labor docente y experiencias para la conciencia socioambiental. 

Los proyectos que cumplan con ese requisito podrán postular, dependiendo del nivel de desarrollo, a un fondo de incubación o de fortalecimiento. El primero es para programas piloto o elaboración de prototipos, durante un periodo máximo de un año. Está orientado a apoyar iniciativas lideradas por personas naturales, fundaciones, corporaciones o universidades sin fines de lucro con menos de tres años desde su constitución. Este fondo entrega un monto máximo de financiamiento de 10 millones de pesos. El segundo es para iniciativas que ya están en ejecución, en un plazo máximo de tres años. Está orientado a apoyar iniciativas lideradas por fundaciones o corporaciones sin fines de lucro que tengan al menos tres años desde su constitución. Este fondo entrega un máximo de 120 millones en tres años, con un tope anual de 40 millones. En 2020 fueron veinte las iniciativas seleccionadas por la fundación para recibir financiamiento. 

—¿Por qué invertir en innovación docente? ¿Cómo nacen estos fondos?

—La fundación siempre ha tenido una parte ejecutora y otra donante. Entendemos que hay un ecosistema mucho mayor que puede impactar también y por eso tenemos el lema “juntos aprendiendo lo esencial” y la colaboración como forma de trabajo. Los fondos vienen precisamente a apoyar proyectos y organizaciones que tienen potencial en promover el desarrollo integral de cada infante, niño, niña o joven ¡ojalá del planeta! En las categorías socioemocional, sociotecnológica y socioambiental. Son las mismas para las becas de aporte país que ofrecemos.

La pandemia aceleró procesos de cambio que ya estaban sucediendo. Nadie quedó ajeno a tener que repensar (la educación) . Tenemos la oportunidad de darnos cuenta de cómo poner primero el bienestar emocional de cada miembro de la escuela para trabajar la educación sobre la base del vínculo.

—¿Qué es innovación educativa para Fundación Mustakis?

—Nosotros la entendemos como un concepto de capas. Tenemos la innovación respecto del contenido, de la infraestructura que sostiene ese contenido (espacio, mobiliario), del cómo se transmite el contenido (el docente) y desde el punto de vista holístico, que tiene que ver con cómo pensamos una educación 360º, donde el sujeto se pone al centro del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Leonor Merín, directora de Innovación y Contenido de Fundación Mustakis.

—¿Cómo ves la educación y sus cambios, pre- y pospandemia?

—La pandemia aceleró procesos de cambio que ya estaban sucediendo. Nadie quedó ajeno a tener que repensar la educación. Tenemos la oportunidad de darnos cuenta de cómo poner primero el bienestar emocional de cada miembro de la escuela para trabajar la educación sobre la base del vínculo. Solo vamos a conseguir una transformación educacional mientras tengamos todas las capas del ser sobre la mesa, cuerpo y espíritu. El conocimiento está disponible, lo que hay que provocar hoy es trabajar sobre la ética, la adaptabilidad al cambio, la curiosidad, fomentar la creatividad, proteger la mentalidad de crecimiento, que son cosas que el ser humano trae en sí mismo, pero que el sistema va estandarizando y cortando. En la medida en que trabajemos con esas habilidades y el vínculo del proceso de aprendizaje, conseguiremos que la oportunidad de la pandemia sea un real cambio. Dar una tablet puede solucionar un problema de base, pero no es repensar la educación del futuro. 

—¿Qué tan importantes son los recursos y la tecnología, a la hora de innovar?

—Los recursos son lo último. No son necesarios hasta que tienes una buena idea, o buenos líderes para articular esa idea. El financiamiento es importante y hay que meterle energía y estrategia, pero sin lo primero no haces nada. La tecnología digital y análoga es solo una herramienta al servicio del aprendizaje innovador. Un factor clave que incide es el entorno. Hay un estudio de la Universidad de Concepción que establece los factores ambientales perfectos para el aprendizaje como temperatura, espacio, luz, mobiliario, etc. 

—¿Cómo ves el potencial creativo e innovador de nuestro país?

—Creo que en Chile hay un nivel de creatividad altísimo y convicciones muy fuertes, pero solo un mínimo de personas se lo cree en potencia. Acá hay gente haciendo innovación de primer nivel en la educación chilena. Algunos ejemplos son Neyün (organización que lleva la práctica de mindfulness a colegios), Marisol Alarcón con el proyecto Laboratoria (incorpora a la mujer al mercado laboral a través de un proceso educativo de seis meses con gran éxito), Formando Chile (preuniversitario de gran calidad) o Kimche (inteligencia artificial para facilitar la vida de los profesores). Falta hacer una buena dirección de todas estas oportunidades, que hoy están segmentadas por proyectos. 

—¿Tienes sugerencias respecto a metodologías y técnicas que funcionen?

—Para mí, la mejor manera de enseñar es mirando al otro como un igual. Cuando te pones frente a un niño y entiendes que posee grandeza siempre, empiezas a ponerle valor a la persona. La única manera de conectarse con el otro es a través de la emoción y entendiendo que la otra persona es un universo de emociones que no juzgas, sino que ves. Conectarse con las emociones ayuda al aprendizaje profundo y eso está probado por miles de estudios. Con esto el docente deja de ser responsable de saber sobre todo y se convierte en mediador de un proceso de aprendizaje que conecta al niño con el conocimiento, con el entorno y ese es para mí el desafío. 

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