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Abr 2021 - Edición 250

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Manfred Svensson: “La presencialidad en la educación tiene un carácter invaluable”

En esta entrevista con revista Educar, Manfred Svensson, autor del documento “Educación en línea, claves para el debate”, invita a no idealizar la educación online y a pensar en el rol que debe adoptar la familia en el caso de que las vías digitales continúen protagonizando este 2021.

Por: Ximena Greene
Manfred Svensson: “La presencialidad en la educación tiene un carácter invaluable”

“El hogar y la escuela tienen una tarea compartida con miras a gobernar la tecnología”, señala Manfred Svensson, autor del documento “Educación en línea, claves para el debate”. Y aunque la pandemia ha hecho pensar a algunos en la educación a distancia como una alternativa más permanente, en esta entrevista con revista Educar Manfred Svensson previene del riesgo de confundir enseñanza con acceso a más información: “Lo que necesitamos enseñar hoy es la capacidad de jerarquizar, ordenar conocimientos, distinguir cosas valiosas de las que no importan”, señala este docente.

—¿Cree que la pandemia aceleró un proceso que se venía gestando tímidamente en el mundo de la educación?

—Sin duda, la pandemia nos impuso una necesidad y en la rápida adaptación nos hizo olvidar las insuficiencias y los defectos prácticos que puede tener este tipo de educación. Aquí hay un riesgo, porque incluso las universidades, en general, declaran estar ansiosas por volver a la presencialidad. Lo que me preocupa es que, sin que exista alguna necesidad de perpetuar la enseñanza virtual, debamos comenzar a justificar lo presencial, como si no fuese más bien la virtualidad la que tiene que justificarse ante la experiencia de varios siglos acumulada por la educación.

—¿Cuál es su opinión acerca de que hay que reivindicar los vínculos presenciales entre el profesor y los alumnos, o entre los estudiantes y sus pares?

—Este es un tema clave y es extraño lo invisible que nos resulta. Habla de nuestra tendencia a pensar en la educación como una mera transmisión de información, como una actividad productiva cualquiera, cuando en realidad se trata de una acción humana que da origen a un mundo compartido.
Y cuando hablamos de la importancia del vínculo alumno-alumno, hay quienes piensan que solo nos estamos refiriendo a lo social. Sin embargo, la asociación entre compañeros también puede ser una relación intelectual. Por otro lado, no podemos dejar de mencionar la importancia de la escuela o del campus, como un espacio igualador, compartido por personas de trasfondos y realidades muy disímiles. También las brechas académicas se ven afectadas por esto: en la sala de clases, unos alumnos arrastran a otros a clases, y eso se pierde en la experiencia online.

—En ese sentido, ¿cuál es la importancia que le imprime al desarrollo socioemocional de los alumnos y cómo este va ligado al proceso de aprendizaje?

—Creo que, una vez que tengamos toda la información necesaria para hacer el cálculo retrospectivo, vamos a poder observar más claramente que, aunque durante el 2020, en promedio, los alumnos no anduvieron mal en términos de reprobación, las cosas cambian harto cuando dejamos de ver promedios.

Es un error “pensar en la educación como una mera transmisión de información, como una actividad productiva cualquiera, cuando en realidad se trata de una acción humana que da origen a un mundo compartido”. Manfred Svensson.

Mi impresión es que las personas que traían la capacidad de gestionar mejor su tiempo y que tenían hábitos de estudio más arraigados, no tuvieron grandes dificultades y rindieron como en un año normal. Pero, del mismo modo, a los que no tenían eso y traían como muletas la compañía del resto, el entorno, la masa, la infraestructura, los compañeros, etc., les ha costado mucho más. Entonces, el promedio del año 2020 nos puede parecer, tal vez, más tranquilizante de lo que es en realidad. Si nos centramos en casos individuales o concretos, vamos a ver muchas experiencias preocupantes y tendremos ahí más razones para valorar y validar la experiencia compartida. La presencialidad en la educación tiene un carácter invaluable.

Manfred Svensson es licenciado en Humanidades con mención Filosofía, de la Universidad Adolfo Ibáñez. Entre 2003 y 2007 se doctoró en Filosofía por la Ludwig-Maximilians-Universität, de Múnich, Alemania. En la actualidad es el director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes e investigador senior del Instituto de Estudios de la Sociedad.

El rol de la familia

Manfred Svensson señala que uno de los grandes desafíos que se presentan hoy a la familia es mantener en el tiempo los puntos de encuentro y conversación que el contexto de pandemia entregó a los hogares. “Tener dos o tres comidas juntos al día era una cosa impensada en la vorágine en la que estábamos insertos antes del año pasado. Tener la oportunidad de estar cerca de los hijos e integrarlos en una conversación valiosa es algo que no debemos dejar pasar”, explica el docente.

—¿Cree que la urgencia con la que se debió salvar el año académico arrojó a los niños y jóvenes a una sobreexposición de pantallas que se podría haber evitado de algún modo?

—Creo que hay que estar agradecidos de que la educación en línea durante el 2020 permitiera que se salvara un año académico que de otro modo se hubiera perdido. Pero no creo que ningún contexto justifique una sobreexposición a las pantallas; sobre todo, en los niños más pequeños.

Como tenemos un año similar por delante, al menos el primer semestre, vale la pena subrayar aquí la importancia de la gradualidad. No es necesariamente una ayuda el llenar las mentes jóvenes de decenas de distintos recursos, instrumentos, aplicaciones, etc. El hogar y la escuela tienen aquí una tarea compartida con miras a gobernar la tecnología.

—En su opinión, ¿qué valores o habilidades debe fomentar la familia para tener una buena experiencia de educación en línea?

—Formar personas en un contexto de sobreabundancia de información como el de hoy es un gran desafío que tienen los docentes, pero sobre todo los padres. No es el acceso a más información lo que necesitamos enseñar hoy, sino la capacidad de jerarquizar, ordenar conocimientos, distinguir cosas valiosas de las que no importan. Una persona educada es aquella que es capaz de ordenar y gestionar su tiempo, pero también la que, mediante ciertas experiencias educativas, como leer un libro, adquiere la capacidad de atención que hoy tanto nos falta.

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