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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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Todavía estamos a tiempo para evitar la deserción escolar

A mediados de octubre el Ministerio de Educación lanzó la campaña “Estamos a tiempo”, y esa es justamente la señal que los expertos explican para trabajar en estos meses antes del cierre del año escolar contra la deserción. Aquí, las causas y los factores de riesgo para estar alertas y trabajar de inmediato.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Todavía estamos  a tiempo para evitar la deserción escolar

Pablo –quien nos pidió cambiar su nombre en esta entrevista– estuvo a punto de repetir en 2019, pero logró superarse y salir adelante en los últimos meses del año. Sin embargo, las cosas este año no han ido nada de bien. Es el mayor de cinco hermanos y tuvo que dejar de asistir a los Zoom de su colegio, ubicado en la comuna de Cerro Navia, porque “alguien tenía que cuidar a mis hermanos. No tuve otra opción. Hace más de tres meses que ya no me conecto y que no he sabido nada de mis amigos, ni de mis profesores. No sé qué va a pasar conmigo, pero por ahora no tengo ni puedo hacer nada más”, nos cuenta desde su casa, muy triste y casi al borde de las lágrimas.
Como Pablo, son cerca de ochenta mil los jóvenes que están a punto de perder el presente año escolar. El problema es que, como aseguran los expertos, la deserción no ocurre de un día para otro, es un fenómeno que se produce luego que confluyen diversas variables.

Explica Rebeca Molina, directora de Fundación Presente, que “es importante entender la deserción escolar como un proceso, no como una decisión que se toma de un día para otro; más bien, es el desenlace de un alejamiento progresivo que puede comenzar incluso en los primeros años de básica”.

En este proceso, señalan desde Fundación Presente, influyen múltiples factores, y no existe solo una razón para desertar. “Por lo general, es reflejo de interacciones complejas entre el estudiante, su familia y comunidad, y la escuela. Por eso, tenemos que trabajarlo desde edades tempranas y estar atentos a los estudiantes que nos dan señales de dificultades para aprender, frustración y baja autoestima académica, además de la sensación de no pertenecer, sentirse invisible o no tener vínculo con la comunidad escolar”.

Rebeca Molina, directora de Fundación Presente

“Hemos visto que la entrega de canastas Junaeb es una excelente instancia para trabajar la retención y conocer la situación en la que se encuentra el estudiante. Por eso, recomendaría fuertemente planificar ese momento como un espacio de encuentro mensual con esos apoderados de los alumnos que nos preocupan más. Guardando todas las medidas sanitarias, podemos generar un breve espacio en el que creamos vínculo y ayudamos a encontrar soluciones para que retomen las clases”.

En esa misma línea, Jacqueline Gálvez, quien también ha trabajado el tema de la deserción escolar en su condición de psicóloga clínica educacional de la Escuela Industrial Talleres San Vicente de Paul, establecimiento que pertenece a la Red Educativa de Fundación Irarrázaval, agrega que en su escuela han observado que los principales factores que propician este fenómeno son la falta de comprensión de los contenidos, dado que las habilidades y estrategias del profesor no se pueden replicar de manera eficiente a través de un sistema remoto y muchos alumnos no tenían acceso a conectividad; también, el apoyo económico por la incorporación de nuestros alumnos al mundo laboral, y la inseguridad que tienen los alumnos para ser promovidos a cursos superiores sin haber obtenido conocimientos mínimos para desarrollar las actividades en talleres de especialidades.

Por ello, para Jacqueline, en situaciones como la pandemia resulta clave estar muy atentos cuando ocurre ausentismo en las actividades académicas por parte de los apoderados y alumnos, cuando existen dudas e incertidumbre en la continuidad escolar durante el año, y si existe poca escolarización de los padres para apoyo socioemocional y académico al enfrentar la falta de actividades presenciales.

Sin embargo, Tomás Recart, director ejecutivo de Enseña Chile, advierte que es necesario realizar una distinción. “Hoy día no sabemos qué alumnos van a desertar, porque quienes lo harán son los que no vuelven el próximo año. Por ende, es mejor hablar de estudiantes que no se conectan y, por ejemplo, al menos en los colegios donde nosotros trabajamos, no es el siete por ciento que hoy día se habla que no se conecta, sino que corresponde a un 30 por ciento de alumnos que no se conectan o incluso más. Entonces, hay muchos estudiantes que requieren tener un propósito y sentido para volver a encantarse con el aprendizaje”.

En ese sentido, dice Recart que los docentes deben estar atentos y revisar qué está sucediendo en el 30 por ciento de los hogares más vulnerables donde esos alumnos por diversas razones no se pueden conectar a sus clases virtuales. “Muchas veces puede no ser por un problema de internet, puede ser porque están trabajando, o porque no tienen espacio para poder hacerlo”.

Jacqueline Gálvez, psicóloga clínica educacional de la Escuela Industrial Talleres San Vicente de Paul

“La falta de conectividad, además del desconocimiento en el manejo de las herramientas tecnológicas de nuestros apoderados y docentes, puso como desafío aprender y acomodarse a la realidad mundial actual”.

De hecho, para Raimundo Larraín, jefe de la División de Educación General del Mineduc, una de las mayores preocupaciones es justamente el aumento en la deserción escolar por el contexto de pandemia. “En este sentido, el ministerio ha puesto a disposición de los establecimientos varias herramientas para evitarlo, siendo una de ellas la subvención pro retención, que se caracteriza por ser una subvención que se paga a los sostenedores al año siguiente, si un estudiante con riesgo de desertar se mantiene en la escuela. Pero, además, hace unos meses lanzamos la herramienta Sistema de Alerta Temprana, que busca detectar, anticipar y apoyar la gestión de los establecimientos, permitiendo al director implementar estrategias locales e intervenir oportunamente a los estudiantes para que continúen con su trayectoria educativa”.

Señalan desde su división que “nuestras estimaciones apuntan a que, en el peor de los escenarios, la deserción aumente hasta en 80 mil estudiantes este año, de los 160 mil que ya se encontraban fuera del sistema previo a la pandemia. Por ello, elaboramos un conjunto de herramientas de prevención, como el Sistema de Alerta Temprana y una herramienta para monitorizar el vínculo del estudiante con la escuela, asociada al SIGE, destinada a entregar información concreta de los estudiantes para que tomen medidas que eviten la deserción”.

En todo caso, lo importante es que todavía estamos a tiempo de que jóvenes como Pablo no pierdan el año escolar. “Aún quedan tres meses de clases y hemos visto cómo hay estudiantes que se reincorporan cuando el colegio insiste, se acerca y muestra flexibilidad para que los alumnos retomen sus aprendizajes. Hay estudiantes que han cambiado su domicilio, que están trabajando, que están a cargo de sus familias, y un sinnúmero de otras realidades, pero que deciden retomar cuando ven el compromiso del colegio con ellos”, dice Rebeca.

Por ello, Raimundo es claro en ese punto: “Creemos firmemente que el año escolar no está perdido para ningún niño o joven del sistema, e instamos a los establecimientos a que se revinculen con esos estudiantes a través de diversas acciones para prevenir la deserción, como fortalecer el vínculo con las familias, coordinarse con redes de apoyo que posibiliten disminuir factores de riesgo asociados a situaciones familiares y/o materiales, además de utilizar las herramientas que hemos puesto a disposición para disminuir lo más posible el abandono escolar”.

Algunas acciones concretas que han tomado los establecimientos son importantes. Por ejemplo, Graciela Avendaño, psicóloga encargada del departamento APE (Apoyo a la Participación Escolar) del Liceo Bicentenario Minero SS Juan Pablo II, que apoya la Fundación Collahuasi, cuenta que en ese liceo se ha trabajado de manera preventiva, colaborativa y constante, ya que desde el inicio de la pandemia cada profesor acompañante tomó contacto individual con sus estudiantes para conocer la situación particular de cada uno de ellos en cuanto a sus posibilidades de conectividad de internet y a los dispositivos de trabajo con los que contaban en casa.

Se trata de un trabajo de toda la comunidad escolar y que en el caso del Liceo Bicentenario fue el puntapié inicial a partir del cual surgió una serie de acciones que se fueron generando de manera consecutiva, siempre pensando en asegurar la participación de todos los estudiantes en las mejores condiciones posibles. “Esta labor es colaborativa, puesto que estos esfuerzos de no perder de vista a nuestros estudiantes han sido una misión de toda la comunidad educativa, donde la organización y el traspaso de información han sido fundamentales”, señala Graciela.

Tomás Recart, director ejecutivo de Enseña Chile

“Hoy día no sabemos qué alumnos van a desertar, porque quienes lo harán son los que no vuelven el próximo año. Por ende, es mejor hablar de estudiantes que no se conectan y, por ejemplo, al menos en los colegios donde nosotros trabajamos, no es el siete por ciento que hoy día se habla que no se conecta, sino que corresponde a un 30 por ciento de alumnos que no se conectan o incluso más. Entonces, hay muchos estudiantes que requieren tener un propósito y sentido para volver a encantarse con el aprendizaje”.

La clave, enfatiza Rebeca Molina, es “no ponerse al día de lo que ya se ha trabajado en el resto del año pues sería una tarea imposible de afrontar. Lo que tenemos que lograr es que vuelvan y aprovechen al máximo lo que queda. Tenemos que asegurarnos de que terminen el año escolar participando del colegio porque, de lo contrario, es muy poco probable que el próximo año retomen”.

Señales de alerta

La investigación ha demostrado que, en general, la deserción ocurriría en estudiantes que presentan un cúmulo de factores de riesgo. “Entonces, el mejor predictor sería el riesgo acumulado. Por eso es necesario aprovechar al máximo toda la información disponible sobre el estudiante, y debemos considerar no solo su situación este año”, señala Rebeca Molina.

Lo fundamental es estar atentos a las señales de alerta que se pueden haber ido encendiendo a lo largo de los años y que anticipan una posible deserción, “tales como el ausentismo crónico, haber repetido de curso, presentar problemas conductuales o por bajo rendimiento académico. Estos indicadores se acompañan generalmente de un bajo sentido de pertenencia y, en general, aversión a la escuela”, dicen desde Presente.

Todos estos elementos nos indican que al estudiante le resultaba desafiante mantenerse vinculado al colegio. “En el contexto actual, en el que se suma una serie de enormes dificultades adicionales, debemos prestar especial atención y acompañamiento a esos alumnos, sobre todo cuando vemos que su participación (en clases sincrónicas o en nivel de entregas) es baja o nula”, indica Rebeca Molina.
Jacqueline Gálvez coincide en que todavía estamos a tiempo de poder trabajar. “Todos los seres humanos hemos desarrollado la capacidad de adaptación para sobrevivir, y hoy no es distinto, cada vez que podemos aprender y desarrollar habilidades, será beneficioso, no solo para sortear este episodio de pandemia mundial, sino que formará parte de nuestra estructura cognitiva, seremos todos más fuertes, con más habilidades y capacidad de adaptación a los cambios futuros”, sostiene.

Cuando las familias perciben que la escuela es un espacio protector y formador, y anhelan la movilidad social que un título técnico de sus hijos les puede proveer, sus peticiones para un retorno seguro deben ser atendidas. “Entendiendo que cada realidad es distinta, nuestra responsabilidad como formadores y educadores es escuchar y posibilitar procesos de retorno seguro y protocolizado”, apunta la psicóloga.

Deserción escolar

1. Es multifactorial

  • Personales
  • Contexto
  • Colegio

2. Es un proceso

No es una decisión de un momento a otro, sino el desenlace de un proceso largo.

3. No es silenciosa

  • Bajo rendimiento académico.
  • Ausentismo crónico.
  • Problemas conductuales.
  • Bajo sentido de pertenencia.

Acciones efectivas que los docentes pueden realizar:

  • Acompañamiento a estudiantes que presentan necesidades educativas especiales, quienes reciben apoyo individualizado por parte de nuestras profesoras diferenciales.
  • Cohesionar los equipos liderados por el director para trabajar de forma eficaz, enfrentando situaciones en etapa de crisis, para así contener e informar de forma correcta a toda la comunidad educativa respecto a los lineamientos a seguir.
  • Ejecutar estrategias de intervención temprana socioemocional frente al temor de contagio, desarrollando sentido de pertenencia de nuestras familias con la escuela.
  • Identificación y focalización de los grupos de riesgo para abordar de forma efectiva las necesidades inmediatas de cada familia y sus hijos, papel que han cumplido de forma significativa nuestros profesores, logrando la revinculación con la escuela.
  • Apoyar a las familias y los alumnos, en quienes los procesos desarrollados son de aprendizaje y acomodación, habilidades para la vida que quedarán como huella en cada uno de ellos.

Desconectados

Según cuenta Jacqueline Gálvez, “la falta de conectividad, además del desconocimiento en el manejo de las herramientas tecnológicas de nuestros apoderados y docentes, puso como desafío aprender y acomodarse a la realidad mundial actual. Hoy se ha tenido que trabajar con distintas estrategias para acercar los aprendizajes a nuestros alumnos, debiendo estar presentes no solo desde lo virtual como nos vimos obligados, sino también de forma presencial, visitando a domicilio y apoyando con material impreso. Los docentes hoy tienen la posibilidad de derivar a los equipos multidisciplinarios a aquellos alumnos en riesgo”.

Por ello es que, asegura Rebeca Molina, los profesores y educadores de todo el país “han mostrado una vocación inmensa, especialmente este año, con la cual han sido capaces de superar incluso impedimentos como la falta de acceso a internet. En estos casos hemos visto que los docentes estimulan el trabajo con los textos escolares y material creado por ellos mismos, el que hacen llegar a los estudiantes por diferentes vías, que van desde el retiro en el colegio hasta llevarlos personalmente a las casas de sus alumnos”.

Raimundo Larraín, jefe de la División de Educación General del Mineduc

“Hoy tenemos claro que hay un 10 por ciento de estudiantes que han tenido nula o baja participación con su establecimiento este año, lo que representa un serio riesgo de deserción. Por ello, elaboramos una propuesta específica para esos estudiantes que se llama ‘Estamos a tiempo’, y que propone cinco pasos, con recursos pedagógicos asociados, para retomar el vínculo con estos niños y jóvenes”.

En ese sentido, “el vínculo de los estudiantes con sus educadores es clave, pues los alumnos se sienten comprometidos y motivados cuando ven que el equipo escolar se la juega por sus aprendizajes. Otro elemento súper relevante es trabajar fuertemente la esperanza y el sentido de propósito con ellos y sus familias: esta pandemia en algún momento va a terminar y podremos volver a reunirnos. Mientras, ¿por qué vale la pena que sigamos aprendiendo, a pesar de todas estas dificultades? El vínculo, sumado a ese propósito, permitirá encontrarle un sentido al enorme esfuerzo que están realizando”, dicen desde Fundación Presente.

En esa línea, explica Raimundo Larraín, una de las herramientas que se pueden utilizar ahora a favor de la permanencia es la subvención pro retención. “Tradicionalmente, se usa para elaborar material didáctico para los estudiantes, brindar apoyo socioemocional, desarrollar proyectos para el desarrollo personal y los logros de aprendizaje de alumnos y alumnas, y realizar talleres y tutorías para padres y apoderados, entre otras cosas. Este año se ha permitido flexibilizar el uso de la subvención, destinándola para compras de tabletas, computadores y banda ancha, lo que permite mantener al estudiante vinculado con el establecimiento y continuar con sus aprendizajes de manera virtual”, señala el funcionario del gobierno.

Graciela Avendaño, psicóloga encargada del departamento APE (Apoyo a la Participación Escolar) del Liceo Bicentenario Minero SS Juan Pablo II, que apoya la Fundación Collahuasi

“Tenemos el caso de un estudiante de octavo básico, que no se sentía motivado por esta modalidad de trabajo. Luego de que su profesora acompañante informara su situación, se pudo contactar a la familia y elaborar un plan de trabajo y de acompañamiento específico. Eso le permitió ponerse al día e incorporarse a las clases sincrónicas, en las cuales actualmente se encuentra participando sin mayores dificultades, además de contar con la tranquilidad de poder solicitar apoyo cuando lo requiera”.

 

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