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Nov 2020 - Edición 246

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Francis Bacon Autorretrato (1971)

Por: Catalina Martínez Waman, Área Educativa, Museo Artequin.
Francis Bacon Autorretrato  (1971)

El retrato es uno de los géneros de la pintura más populares dentro de la historia del arte y el que ha sufrido incontables variaciones en términos simbólicos y estéticos; se ha abierto al campo de la experimentación en representación y materialidades. Desde hace siglos se lo ha caracterizado de las más diversas formas. Por ejemplo, en el mundo griego fue mayoritariamente conmemorativo, dando testimonio de un personaje dentro de su sociedad. En el mundo medieval se vio representado en las tablas góticas a propósito de la incorporación de sus donantes. Durante el Renacimiento, se acercó a la similitud de las facciones del personaje a representar y ya acercándose al siglo XIX, y con la llegada de la fotografía, apareció una mayor experimentación en el género y la inclusión de rostros anónimos en los cuadros.

Continuando en esta ruta del retrato, una de las grandes rupturas del siglo XX es la imposibilidad de reconocer la figura representada en la obra. Con ello se pierde la ilusión de realidad para dar paso a la libertad expresiva del artista frente a su trabajo. Este es el caso del artista británico nacido en Irlanda, Francis Bacon (1909-1992), quien ha sido considerado como una de las figuras más perturbadoras del arte de finales de la Segunda Guerra Mundial y cuya obra ha sido estudiada como un referente documental de ese terrible período de la humanidad.

Bacon nace en Dublín, se traslada en 1925 a Inglaterra para trabajar como decorador de interiores. Su carrera como artista fue más bien autodidacta y comenzó alrededor de los años 30, inspirado en la obra de Pablo Picasso, tras visitar una exposición del artista español en la Galerie Rosenberg de París. Sus primeros trabajos no fueron bien acogidos, lo cual lo llevó a destruir la mayor parte de su obra temprana.

Como artista siempre estuvo interesado por lo más complejo de la vida, en sus obras se ve representada una lucha entre el ser y su entorno, donde su lenguaje plástico exhibe detalles misteriosos e inquietantes, propios de las profundidades de la existencia humana. Su búsqueda pictórica versa sobre la condición espiritual y no busca representar la similitud figurativa del representado. Francis Bacon fue un perfeccionista y dominó de manera prodigiosa la técnica pictórica, mezclando en ella el azar y el orden. En sus pinturas podemos reconocer su interés por la fotografía y también su admiración por importantes maestros de la pintura como lo fueron Rembrandt, Goya y Velázquez.

En su obra “Autorretrato”, del año 1971, observamos cómo el artista se representa a sí mismo desde una óptica alterada, con una clara influencia de la obra cubista de Picasso. En estas pinturas es posible reconocer la transgresión al concepto de belleza que se ha instalado en el arte por varios siglos –y una negación ante las corrientes artísticas imperantes en esta época, como el expresionismo abstracto–; en vez de ello, nos invita a revelarnos dentro de nuestra propia corporalidad, expresando en ella desgarro, convulsión y estremecimiento.

Actividad recomendada para estudiantes de segundo ciclo de Educación Media

Se invita a los estudiantes a observar la obra del artista Francis Bacon. Para propiciar la observación y diálogo se sugiere comenzar con algunas preguntas tales como: ¿Qué vemos en esta imagen? ¿Qué reconocemos en ella? ¿Qué colores tiene? ¿Qué figura representa? ¿Creen ustedes que es un retrato? ¿Por qué sí? ¿Por qué no? ¿Qué debe contener una obra para ser un retrato? Luego, se sugiere comentar sobre el artista y algunos hitos importantes de su carrera. Comentarles por ejemplo cómo los retratos han variado en el tiempo, abordar la evolución: en un comienzo eran una representación fiel de las personas, pero con el tiempo comenzaron a experimentar con las emociones y expresiones.

La actividad práctica será un retrato experimental donde deberán colocar su rostro frente a una lámina de aluminio e intentar dibujarlo con un lápiz de tinta permanente. Por las características del material, la representación del retrato no será idéntica, sino que se volverá imprecisa y desproporcionada, como las obras del artista Bacon.

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