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Dic 2020 - Edición 247

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Deserción escolar: Una mirada a Latinoamérica

“Lo que aporta la familia en el acompañamiento de las trayectorias escolares está absolutamente documentado”, señala Vanesa D’Alessandre, investigadora asociada de Educación y Protección Social en CIPPEC, Argentina. Sin embargo, en esta entrevista nos explica que existen condicionantes culturales en Latinoamérica que apremian a ampliar la mirada sobre el problema de la deserción escolar.

Por: M. Ester Roblero
Deserción escolar: Una mirada a Latinoamérica

Aunque la secundaria es obligatoria en casi toda Latinoamérica, cuatro de cada diez niños en la región abandonan la escuela antes de cumplir los doce años de escolaridad (BID, 2019). Vanesa D’Alessandre, investigadora asociada de Educación y Protección Social en CIPPEC, (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), think tank argentino, ahonda en la mirada sobre este urgente desafío regional:

“En los años 2000 la gran mayoría de los países latinoamericanos estableció la obligatoriedad del nivel medio. Eso trajo una presión externa a escolarizar, que antes no existía en términos de políticas públicas. Sin embargo, lo que logramos después de la obligatoriedad fue extender la permanencia de los adolescentes en las escuelas, pero hubo muy pocos avances en la tasa de graduación. En el caso de Argentina, hoy tenemos que solo la mitad de los chicos que ingresan al sistema educativo, egresan dentro de la educación regular. Y después, una proporción pequeña de jóvenes retoman la educación en la modalidad de adultos y ahí se gradúan. Esa es la tendencia”.

El peso de una cultura social y familiar

Al analizar las causas de esta baja tasa de graduación en secundaria, Vanesa D’Alessandre señala que “es importante pensar que las trayectorias escolares se sostienen en sus dos protagonistas: los estudiantes y el sistema educativo”. Con respecto a los estudiantes, la investigadora reconoce al menos tres nudos que abordar:

1.Condicionantes materiales y culturales: “Al año 2000 el primario ya estaba universalizado, pero había familias que sabían que sus chicos no tenían ni una posibilidad de ir al secundario, no tenían expectativas al respecto. Empiezan a acceder y lo que pasa es que dentro de las familias no había recursos para sostener simbólicamente y acompañar esos procesos de escolarización. Se generan incluso tensiones dentro de la familia porque los chicos empiezan a tener más capital educativo que los padres. Entonces, ese es un primer foco de tensión”.

2. La necesidad de trabajar: “En sectores vulnerables de América Latina no pesa el mandato de que hay que terminar el nivel secundario y existen urgencias económicas. Hice un trabajo comparado entre Paraguay y Argentina y vi que en Paraguay todavía está instalado que el trabajo es mucho más valioso que la escuela”.

3. La socialización: “En nuestra región vemos que siguen existiendo dos canales de inclusión social (hacerse adultos) por excelencia en las poblaciones más vulnerables: maternidad y trabajo”. En este punto, la investigadora advierte del error de miradas fáciles y simplistas. (Ver recuadro).

Lograr la escolaridad completa, explica Vanesa D’Alessandre, pasará por cambios culturales, por mejores condiciones materiales y, además, por el necesario tiempo que requiere este proceso.

La desmotivación y falta de sentido

La falta de sentido también es una causa importante y muy presente en la deserción escolar:

—La escuela no te convoca, no te interpela, no sentís que te genera futuro. Porque en esta población acceder al secundario no es garantía de tener mejor trabajo. Ese vínculo se debilita, no tiene fuerza y se rompe, explica.

La investigadora ve como un factor que suma, el que “las familias perciben la educación como algo valioso. De hecho, la pandemia nos está mostrando que la escuela tiene una valoración muchísimo más alta en los sectores populares que en los propios sectores medios. Saben que en la escuela pasan cosas a las cuales no se accede en otros lugares. En la clase media, en cambio, no hay mucha diferencia entre lo que un chico escucha en su casa y lo que escucha en la escuela. Por eso debemos cuestionarnos: ¿Por qué a quienes más escuela necesitan, es a quienes más la escuela expulsa por repitencia, inasistencia, etc.?

Señala que un avance interesante “tiene que ver con generar formatos que flexibilicen rigideces que generan exclusión y fundamentalmente que ahonden en el sentido de la escuela. Que puedan sostener y acompañar la trayectoria. El problema es que estas medidas se desvalorizan socialmente porque se las ve como facilismo o atentado a la calidad, por lo menos en Argentina”, explica. A modo de ejemplo, señala que “repensar el sentido de la escolaridad completa pasa por aprovechar el lugar que está ocupando la modalidad adulta”, señala Vanesa D’Alessandre. “Un porcentaje enorme de lo poco que se avanzó en términos de graduación ha sido gracias a la modalidad adulta. Asumir esto, que hay un sector que no terminará a los 17 o 18 años, pero que terminará a los 20 y tantos es muy importante. Lo digo en dos sentidos: desde las estadísticas, porque yo trabajo con los datos, pero también por lo que veo en campo, en entrevistas. Justamente, lo que trabajan los docentes en las escuelas de reingreso es el sentido, el para qué de la escuela”.

Finalmente concluye: “Lo que más funciona para evitar la deserción escolar es sostener el lazo, profundizar en el acompañamiento, ir estableciendo sistemas de alerta temprana para detectar alguna situación de violencia, o complicada, y ahondar en el tema sentido. Esto último significa trasmitir que la educación suma oportunidad, que hay algo de inversión en la educación. Quizá no lo ves en la adolescencia ni en los primeros años de juventud, pero sí lo ves después y eso sí lo pueden percibir los adolescentes. Hay algo de representaciones a futuro que sí lo pueden entender y ver, incluso desde el primario”.

Ser madre y graduarse en América Latina

El embarazo, la maternidad, el cuidado de sus propios hijos o de sus hermanos más pequeños, son causas de interrupción de las trayectorias escolares femeninas. “Es un tema complejo y no hay que ser reduccionista ni plantear soluciones fáciles”, señala Vanesa D’Alessandre.

Explica: “Hay que entender que la maternidad es un dador de sentido enorme y las niñas crecieron con mamás y con abuelas que criaron a un montón de hijos y vieron que ese fue su reconocimiento. La maternidad tiene estatus dentro de esa estructura de crianza. Yo creo que los cambios culturales son muy lentos, entonces uno no tiene que ir a atacar la maternidad. El feminismo es muy duro en ese aspecto y mira a las mujeres jóvenes embarazadas como que ya se perdieron”.

El análisis de Vanesa D’Alessandre confronta entonces dos realidades: una, que la maternidad es altamente valorada en Latinoamérica, pero, la otra, se sigue entendiendo la maternidad como privativa. “Está muy metida la idea de que cuando uno es madre no se puede hacer otra cosa que ser madre, eso genera muchos problemas sociales”, señala. “De las mujeres que fueron mamás por primera vez en la adolescencia, el 86 por ciento no terminó la secundaria. No hay razón para que en un país como Argentina, donde hay normativas legales que permiten cierta flexibilización, eso ocurra. Es una vergüenza”, afirma.

“Ese es el tema de trabajar: ahí el feminismo se está equivocando cuando dicotomiza, o negativiza la maternidad, porque deja a muchas mujeres afuera. Una mirada de verdad feminista a la maternidad implica entender que es una enorme fuente de sentido para las mujeres. El tema es ¿por qué es incompatible con otras cosas? ¿Por qué si uno es madre no puede estudiar, tener una carrera profesional, y acceder a un sueldo?”.

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