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Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

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José Manuel Moller, CEO de Algramo

“Al lanzarme a un nuevo proyecto siento vértigo, que tiene algo de miedo, pero también atracción y magnetismo por el riesgo involucrado”

Por: Veronica Tagle
José Manuel Moller, CEO de Algramo

Mientras vivía con sus amigos en una población de La Granja, José Manuel Moller identificó un problema y en 2012 fundó Algramo, una empresa social que revolucionó los almacenes de barrio con dispensadores de productos entregados en envases reutilizables, evitando así el “impuesto a la pobreza”, por el que se paga un 40 por ciento más al comprar formatos pequeños de grandes marcas. De gran reconocimiento internacional, a la fecha están en 1.600 almacenes, han evitado la generación de 180.200 kilos de basura y recientemente han innovado con triciclos que reparten a domicilio a través de una app. Más tarde fundó Fracción, que hace lo mismo, pero con medicamentos.

—¿Existe algún momento específico que te marcó, y te llevó a desarrollar proyectos y emprendimientos con alto impacto social?

—No sé si solo uno en particular. Yo creo que fue una mezcla entre mi mamá (que toda su vida ha tenido un jardín infantil gratuito en una población), mis abuelos (vinculados desde las ollas comunes a organizaciones sociales), y mi etapa universitaria muy marcada por el trabajo con dirigentes sociales en la ONG Techo y la etapa de la política universitaria.

—¿Sientes miedo al lanzarte a un nuevo proyecto?

—Yo creo que la mejor definición es vértigo, porque tiene algo de miedo, pero también atracción y magnetismo por el riesgo involucrado.

—¿Cuáles son los tres hábitos más sustentables que deberíamos adquirir como ciudadanos?

—Dejar de comer carne, bicicleta al máximo posible y comprar en Algramo, ¡obvio!

—¿Libros o documentales para quien quiere iniciarse en una vida más sustentable?

—Hay un montón. De lo que vi al principio, recomiendo Cowspiracy y Before the Flood, ambos en Netflix. Por el lado de los libros, actualmente estoy escuchando (en audible de Amazon) el libro “Why We Sleep?” de Matthew Walker, ¡súper interesante!

—¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Has aprendido alguna nueva habilidad en la pandemia?

—Cuando puedo, trato de juntarme con mi familia dentro de lo posible, y algunas veces leer libros de temas interesantes. En este contexto de COVID se está muy limitado, por lo cual la verdad es que no se hace mucho. Yo creo que mi nueva habilidad es ser muy bueno en Catán Online (ríe), un popular juego de mesa que, producto de la pandemia, se está empezando a jugar de manera digital.

—¿Qué recuerdos tienes de tu etapa escolar? ¿Te gustaba? ¿Tenías hobbies?

—Muy feliz e intensa. Estuve en todos los talleres y actividades que había: deporte, acción social, centro de alumnos, etc. Lo pasé súper bien y creo que fue bien formador para lo que vino después, en la etapa universitaria. Fue el comienzo de buscar espacios de incidencia, reflexión, y de alimentar el espíritu crítico. Tenía y tengo algunos hobbies medios freaks como coleccionar piedras, billetes, libros exóticos. También me gustan mucho los microscopios. Casi siempre ando con uno de bolsillo.

—¿Algún chascarro de esa época?

—¡Un chascarro doloroso! Cuando chico, estábamos en un “pijama party” y un amigo levanta una pesa que no tenía puesto el seguro en el peso. Se salió el peso y me cayó en el dedo gordo del pie en calcetines. No les contaron a mis papás hasta el otro día, cuando me fueron a buscar y me vieron con yeso. Aún me acuerdo y me duele.

—Estamos en un momento clave a nivel ambiental. ¿Ves la posibilidad de un cambio importante en la sociedad a raíz de la pandemia?

—No solo veo la posibilidad, sino que también veo que hay señales de que estamos avanzando. Lentamente, pero se avanza. Un ejemplo es el movimiento que acaban de impulsar las empresas B con otras organizaciones para movilizar al mundo financiero, o el impuesto al plástico que fijó la Unión Europea como parte del paquete de reactivación económica. Son señales claras de un despertar global.

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