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Sep 2020 - Edición 244

Tecnologías ¿De enemigas a aliadas?

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Aprendiendo y enseñando en tiempos de pandemia

La suspensión de las clases presenciales ha revelado tanto fortalezas como carencias de nuestro sistema escolar. Señalan los expertos que ninguna institución educativa estaba preparada para enfrentar esta crisis; no obstante, la mayor parte de las escuelas se ha adaptado implementando estrategias para mantener una continuidad escolar a través de medios digitales remotos. ¿Cómo lo hicieron? Aquí les contamos acerca de los desafíos que se vienen para adelante.

Por: Marcela Paz Muñoz I.
Aprendiendo y enseñando en tiempos de pandemia

“Al principio, como todos, fue una situación muy estresante con mucha incertidumbre, pero a medida que analizamos el escenario nos dimos cuenta de que podíamos innovar y transformar este nuevo contexto en un sinfín de oportunidades orientadas a no desistir, y fortaleciendo el nuevo sistema escolar a distancia en nuestra comunidad educativa”, con esas palabras resume la directora del Liceo Bicentenario Padre Hurtado de Pica, que pertenece a la Fundación Educacional Collahuasi, Carolina Guerrero, lo que han significado para ella y su comundidad estos meses de aprendizaje en pandemia.

Sucede que, cuenta la directora, a pesar de estar en un siglo tecnológico, “se nos presentaron dificultades con la conectividad a internet; aunque suene insólito para muchos, aún existen zonas donde no se encuentra este servicio. Además, la señal a las redes de datos ha sido paupérrima debido a la alta demanda en su uso y a que el servicio entregado no estaba preparado”.

Carolina Guerrero, directora del Liceo Bicentenario Padre Hurtado de Pica, que pertenece a la Fundación Educacional Collahuasi.

“Se nos presentaron dificultades con la conectividad a internet; aunque suene insólito para muchos, aún existen zonas donde no se encuentra este servicio. Además, la señal a las redes de datos ha sido paupérrima debido a la alta demanda en su uso y a que el servicio entregado no estaba preparado”. Carolina Guerrero.

Lo que ha ocurrido en Pica ha sucedido también en otras partes del planeta. De hecho, el coronavirus ha generado la mayor paralización de la historia en términos de enseñanza y ha obligado al cierre de escuelas en más de 160 países, lo que hasta mediados de julio significaba cerca de 1.000 millones de estudiantes afectados y unos 40 millones de niños en edad preescolar.

En Chile la situación no es muy diferente. Las cifras son elocuentes: cerca de 3,8 millones de escolares y 1,2 millones de estudiantes universitarios han sido afectados, según datos del Ministerio de Educación. El problema, agregan las autoridades de nuestro país, es que se teme que unos 80 mil niños y jóvenes abandonen el sistema escolar.

Han sido cambios muy rápidos y profundos, no solo desde el punto de vista del aprendizaje, sino también desde lo emocional. Nos cuenta la coordinadora del Departamento Psicosocial de la Fundación Educacional Nocedal, Claudia Andreucci, que “ha sido muy arduo. Esto se ha dado principalmente porque el contexto es muy difícil, pero lo ha sido más en los sectores más vulnerables de la población, los cuales forman parte de nuestras familias”.

Cuenta la coordinadora de la fundación, que trabaja con cuatro establecimientos educacionales, que han aumentado considerablemente los trastornos del ánimo, desesperanza y frustración. “Además, para nadie es un misterio, el aumento de la violencia en las casas por el encierro. A esto se suman la incertidumbre laboral, y la necesidad de salir a trabajar, porque muchas familias ganan lo del día”.

A ello hay que agregar, señala Carolina Guerrero desde Pica, “el poco dominio que existe de parte de los estudiantes en herramientas tipo office, plataformas, correos, entre otras; generalmente, los jóvenes dan uso a redes sociales sin indagar en otros sistemas que no son de primera necesidad para ellos. A ello sumamos también la escasa formación de los hábitos de estudio, razón por la cual se han generado situaciones estresantes para las familias y sus estudiantes”.

Claudia Andreucci, coordinadora del Departamento Psicosocial de la Fundación Educacional Nocedal

 

“Ha sido muy arduo. Esto se ha dado principalmente porque el contexto es muy difícil, pero lo ha sido más en los sectores más vulnerables de la población, los cuales forman parte de nuestras familias”. Claudia Andreucci.

Sin embargo, para la directora ejecutiva de AcciónEducar, Magdalena Vergara, “es difícil saber realmente cuánto han aprendido durante este tiempo los estudiantes, es parte del problema al que nos enfrenta la educación remota. En la sala de clases, el profesor puede conocer con mayor facilidad el progreso de sus estudiantes, quiénes están con mayores dificultades y qué contenidos es necesario fortalecer”.

Lo que ha ocurrido, dice Vergara, es que debido a que ese contacto y comunicación del día a día que se da presencialmente no se logra en línea, resulta complejo ver realmente la situación de cada niño. “Por supuesto, debido a las complejidades de conectividad, de participación de los niños, entre otros, la enseñanza se hace también muy compleja, muchos profesores no han tenido contacto con sus estudiantes, y por tanto se espera que existan pérdidas importantes de aprendizaje”.

Explica Magdalena Claro, profesora asistente en la Facultad de Educación UC y directora del Observatorio de Prácticas Educativas Digitales (OPED UC), que, según los datos disponibles, “las principales dificultades se relacionan con la posibilidad de interacción y comunicación entre profesores y estudiantes. La guía y el vínculo socioemocional con profesores y compañeros son fundamentales para el aprendizaje, y a un porcentaje relevante de estudiantes le ha sido difícil y a otro simplemente imposible contactarse de forma remota. Esto, sin duda, aumentará la brecha de aprendizajes entre quienes tienen mejores y quienes tienen peores condiciones físicas y socioemocionales en el hogar para el aprendizaje”.

Cambios rápidos

Parte de los nuevos desafíos ha sido la urgente e importante adaptación de los docentes. Ellos, tal como cuenta Hugo Martínez, director pedagógico en Colegium, han aprendido a preparar y desarrollar clases en línea, elaborar material audiovisual, gestionar conversaciones a través de plataformas de comunicación digital, etc. En Colegium, explica Martínez, “registramos un incremento del 415 por ciento en el envío de comunicaciones, respecto a similar periodo del año pasado, llegando a más de 17,5 millones de comunicaciones enviadas. En promedio, cada colegio ha publicado en estos últimos cuatro meses, 1.205 actividades en nuestra plataforma de actividades virtuales”.

Por ejemplo, cuenta Carolina Guerrero, que “en nuestro establecimiento hemos desarrollado evaluaciones formativas digitales a través de plataformas Google Forms, Mentis y Quizziz, que las han facilitado no solo a los docentes que comprueban el logro de los objetivos en cada estudiante, sino también a los jóvenes que enfrentan sistemas lúdicos y participativos. Todo este proceso se ha regido bajo las normativas legales vigentes y se ajusta a la realidad que estamos viviendo, ya que lo primordial es apoyar al estudiante en estas circunstancias y no estar presionando con calificaciones. Este proceso posee una ruta de seguimiento por parte de cada docente, donde se evidencia el avance del estudiante y se acompaña de una retroalimentación general para el curso y nivel correspondiente”.

Sin embargo, no hay que olvidar que todo lo anterior significa un gran desafío, “porque la dificultad mayor radica en la imposibilidad de contar con información precisa de los avances o dificultades de los estudiantes”, agrega Hugo Martínez.

Magdalena Vergara, directora ejecutiva de AcciónEducar.

“Es clave atender (la deserción escolar) con urgencia, con medidas focalizadas en los grupos de mayor riesgo, los estudiantes más vulnerables, que ya presentaban ausentismo crónico, estudiantes de la educación técnico-profesional. Aquí es clave el apoyo que entregue el Mineduc, el que, de hecho, ya ha implementado una serie de medidas en esta línea, pero son los propios colegios quienes deben realizar los mayores esfuerzos”. Magdalena Vergara.

En el caso del aspecto emocional, cuenta Claudia que “las dificultades socioemocionales han aumentado con el encierro, existe mayor incertidumbre, temor al contagio, duelos y mucha frustración por planes no realizados. Todo esto lleva a mayores trastornos en la esfera del ánimo, mayores depresiones, trastornos ansiosos, crisis de pánico, pensamiento de muerte e ideación suicida, entre otros”.

Asegura que para su entorno y la comunidad donde trabajan ha sido una situación difícil porque “nuestros alumnos y apoderados no cuentan con la privacidad necesaria para una atención desde nuestra área, ya que varias familias viven en condición de hacinamiento o con pocas habitaciones para conversar tranquilos, sin interferencias alrededor. También nos pasa que a los adolescentes, principalmente, les da vergüenza verse en la pantalla, por lo cual cuesta hacer vínculo con ellos, porque no quieren conectarse con su cámara”.

Sin embargo, como explica Hugo Martínez, todas estas adecuaciones han dejado ver las diferencias que existen en las condiciones de conectividad y trabajo en el hogar tanto de docentes como de estudiantes, como asimismo los desafíos que existen en el ámbito emocional y en el desarrollo de hábitos que entreguen condiciones de autonomía en el aprendizaje. Otro aspecto preocupante es la gran necesidad que existe hoy en día de entregar competencias tecnológicas a los docentes, para el uso pedagógico de las herramientas digitales disponibles.

En el caso de la Fundación Nocedal, indica Claudia que se ha observado la gran brecha socioeconómica que existe en nuestro país. “En este contexto, se ha visualizado con respecto al uso y acceso a tecnología de nuestras familias, conexión a internet y el contar con aparatos tecnológicos. Por lo mismo, ha sido difícil no solo la conexión a las clases, sino también para nosotros como equipo psicosocial, el contactarse para realizar seguimiento y/o tratamiento digital, con nuestros alumnos”.

Compleja evaluación de contenidos

Probablemente, la evaluación de contenidos curriculares, de la forma como se realizaba tradicionalmente en situaciones presenciales, sea muy compleja y prácticamente imposible de implementar durante este y el próximo año escolar. Esto representa una dificultad, pero también una gran oportunidad.

Para Magdalena Claro, en el contexto actual “menos es más”, “por lo que recomendaría enfocarse en pocas evaluaciones, orientadas a los objetivos de aprendizaje esenciales y utilizando estrategias que permitan evaluar conocimientos y habilidades, mediante el desarrollo de trabajos, proyectos o productos audiovisuales de los estudiantes. Por otra parte, la retroalimentación de las entregas es fundamental, especificando lo logrado, no logrado y necesario de mejorar. Es la única manera de que los estudiantes se sientan acompañados en el proceso y sepan si están aprendiendo lo esperado o no”.

En esa línea, para Magdalena Vergara, aunque no existe una fórmula única para todos sobre la evaluación, “fortalecer la evaluación formativa me parece clave y para ello es necesario salir al encuentro de los alumnos”.

El problema, sin embargo, es que los niños requieren de retroalimentación respecto a las tareas y actividades que realizan, independiente de cuáles sean estas, requieren saber si lo han hecho bien, qué cosas se pueden mejorar, e incluso simplemente saber que su esfuerzo ha sido considerado. “Esto ayuda a mantenerlos motivados y con ganas de aprender más. No se puede esperar mantener el ritmo de aprendizajes, pero es clave mantener esta motivación, y aquí la relación entre los profesores y los padres para entregarles estas herramientas a los niños es muy relevante”, señala desde AcciónEducar.

Por eso, explica Hugo Martínez, las adecuaciones en el currículum, junto con las orientaciones respecto a la evaluación formal que ha entregado el Ministerio de Educación, permiten a los profesores y equipos directivos contar con la flexibilidad necesaria para implementar estrategias innovadoras de evaluación. “Por ello, en este escenario proponemos priorizar la evaluación de habilidades por sobre la de contenidos. Hay que evitar los cuestionarios que impliquen memorización o repetición textual de un texto o una fórmula. Hay que preferir aquellas evaluaciones que implican analizar, comprender o reaccionar ante un desafío o una situación problemática”.

Magdalena Claro, profesora asistente en la Facultad de Educación UC y directora del Observatorio de Prácticas Educativas Digitales

En el contexto actual “menos es más”, “por lo que recomendaría enfocarse en pocas evaluaciones, orientadas a los objetivos de aprendizaje esenciales y utilizando estrategias que permitan evaluar conocimientos y habilidades, mediante el desarrollo de trabajos, proyectos o productos audiovisuales de los estudiantes. Por otra parte, la retroalimentación de las entregas es fundamental, especificando lo logrado, no logrado y necesario de mejorar”. Magdalena Claro.


Desde Colegium aseguran que es preferible aplicar instrumentos orientados al diagnóstico más que a la evaluación calificativa. Más importante que registrar una nota es identificar el nivel de avance de cada estudiante, para entregarle al profesor información oportuna y pertinente para la planificación de las actividades: “Justamente por ello es que en Colegium, en conjunto con la Universidad de los Andes, hemos creado un sistema de diagnóstico que se realiza por medio de una plataforma tecnológica, que permite medir las habilidades lectoras y matemáticas de los niños y niñas de forma personalizada, por medio de inteligencia artificial. Esto permite obtener resultados de forma inmediata, resolviendo uno de los problemas que más nos duelen en educación: el tiempo y la personalización”.

Desafíos hacia el futuro

La prolongada suspensión de clases presenciales, sumada a la incertidumbre propia del contexto de pandemia, tendrá impacto de corto y mediano plazo en la vida escolar. El incremento en la deserción escolar será uno de los principales problemas por enfrentar. Esta vez habrá que recuperar las condiciones de seguridad de los recintos escolares y organizar espacios de aprendizaje diversos, que combinan momentos presenciales con no presenciales. La flexibilidad y adecuación a la realidad de cada estudiante puede ser un factor importante para disminuir los riesgos de deserción o abandono escolar.

“Volver a organizar la estructura escolar será también un desafío mayor. Habrá que contar con información que permita identificar los grupos y estilos de aprendizaje de los alumnos para atender la diversidad de niveles existente. Sería un error volver a la estandarización propia de los cursos, sin considerar las diferencias de los estudiantes”, explica Hugo Martínez.

Hugo Martínez, director pedagógico en Colegium

“Proponemos priorizar la evaluación de habilidades por sobre la de contenidos. Hay que evitar los cuestionarios que impliquen memorización o repetición textual de un texto o una fórmula. Hay que preferir aquellas evaluaciones que implican analizar, comprender o reaccionar ante un desafío o una situación problemática”. Hugo Martínez.

Sin embargo, y ahí hay que redoblar los esfuerzos, desde Acción Educar llaman a trabajar en uno de los riesgos que existen hoy, como lo es el aumento de la deserción. “El Mineduc estima que podría aumentar en más de 80 mil niños. Lo hemos visto en otros países que ya han comenzado su regreso y así lo muestra también la experiencia de otras crisis y desastres naturales”.

En este escenario, explica Hugo Martínez que los equipos directivos se verán enfrentados a diseñar e implementar estrategias y mecanismos de comunicación escolar eficientes. “Por eso, para las familias, contar con información pertinente y de calidad será una exigencia significativa. No solo será importante disponer de plataformas que gestionan estas comunicaciones adecuadamente, también se requerirá contar con protocolos y estilos comunicacionales que faciliten la cercanía y el vínculo al interior de cada comunidad escolar”.

Para la comunidad de Pica, señala Carolina Guerrero, el mayor desafío será “generar la confianza en la comunidad educativa ante un eventual retorno, entregando las condiciones sanitarias necesarias que aseguren el bienestar de cada integrante. Otro desafío importante es acompañar a los alumnos de 4° año medio en su nuevo proceso de prueba de transición y, a su vez, el desarrollo de competencias y habilidades técnicas de la educación TP que se ha visto fuertemente golpeada con esta pandemia”.

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