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Nov 2020 - Edición 246

Deserción escolar, todavía estamos a tiempo

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9 pasos para convertirse en un mediador de lectura en el hogar

A través de los libros se puede crecer, aprender, madurar, viajar por lugares y épocas, emocionarse… Por eso es tan importante que los adultos de la familia se conviertan en promotores de lectura de niños y adolescentes. Dos especialistas nos enseñan cómo hacerlo, paso a paso.

Por: M. Ester Roblero
9 pasos para convertirse en un mediador de lectura en el hogar

Una persona que lee sabe expresarse mejor, tiene mejor ortografía, conoce lugares aunque no haya viajado y tiene experiencias de vida sin jamás haberlas vivido. Además, su conversación suele ser variada y entretenida. Por eso, si los padres y abuelos logran trasmitir el placer por la lectura a sus hijos y nietos, les habrán entregado un tesoro. Hacerlo equivale a convertirse en mediadores de lectura.

Ana María Domínguez, profesora y encargada por más de 15 años de programas de promoción de lectura en Fundación Arauco, y Mary Rogers, escritora, periodista y compositora, coinciden en que el mediador de lectura es siempre “un modelo lector, alguien que se convierte en un puente entre las personas y los libros”.

“La eficacia de su rol depende de la pasión que demuestre al leer. El primer mediador o mediadora es la madre, el padre o el adulto que lee a los niños y las niñas en casa. Luego llega el turno de sus maestros”, explica Mary Rogers.

 

1 Derribar mitos y prejuicios

Ana María Domínguez cuenta que durante sus recorridos por Chile promoviendo la lectura, muchas veces oyó decir que “lee el que le sobra tiempo”, o que “leer es sinónimo de flojera, de no hacer nada”, o “leer es de mujeres”. Entonces, inconscientemente, algunos padres o madres incentivan más en sus hijos actividades físicas, grupales, competitivas o productivas, poniendo en duda el valor de la lectura como una actividad valiosa, aportadora y que beneficia el desarrollo y futuro de niños y adolescentes. “Es importante”, señala, “conversar en familia sobre estos prejuicios”. Mary Rogers explica que, aunque se repite mucho la importancia de la lectura, los adultos debemos convencernos de que “esta es fundamental para desarrollar el imaginario del niño o de la niña, acercarlo al mundo infinito del pensamiento y la creatividad que nace gracias a la lectura. Las habilidades blandas, tan necesarias en nuestros días para cualquier labor, se vinculan directamente con la comprensión lectora”.

 

2 Volver a leer

Ana María Domínguez cuenta que muchos papás y mamás dicen: “Yo dejé de leer después de terminar el liceo. Lo que demuestra que ellos consideran ‘lectura’ solo lo relativo a los libros. Pero también es ‘lectura’ leer el diario, artículos deportivos, letras de canciones, blogs... Por eso, para ser un mediador o modelo lector, los adultos tenemos que abrirnos a todo de tipo de soportes: valorar todas las formas de lectura. Si son de nuestro interés las noticias deportivas, buscar cómo ser un gran lector en ese tema y comentar con hijos y nietos lo que se está leyendo. De a poco se puede ir ampliando y enriqueciendo el ámbito de lectura”, dice.

“Creo que la lectura digital, en este tiempo, está al alcance de casi todos. En internet es posible encontrar mucho material clásico gratuito y las versiones de lo nuevo también suelen ser más baratas que el papel. El libro físico tiene un encanto incomparable, pero valoro la posibilidad de leer en línea también. Dibam Digital abre un mundo maravilloso a los lectores”, agrega Mary Rogers.

 

3 Usar las nuevas palabras que se van aprendiendo

“A veces las familias se comunican solo con frases cortas y eso no permite crear una historia común. Leer permite ampliar el lenguaje; se puede comenzar por nombrar nuestro entorno, conocer el nombre de los árboles o plantas que hay alrededor de la casa, de los cerros o lugares que nos rodean. El lenguaje enriquece el pensamiento”, dice Anita Domínguez. “Lo importante es realmente tomarle el peso a la lectura, en el sentido de que nos da la posibilidad de ampliar y extender nuestra capacidad de pensar. El pensamiento es lenguaje, nace de la palabra. Lo que no se nombra, no existe. De ahí la importancia de ofrecer palabras a los niños y las niñas para que se ensanche su pensamiento. Cada palabra nueva les permitirá imaginar algo diferente. La lectura nos permite enriquecer los recursos con los cuales comprendemos el mundo.

 

4 Respetar su intimidad cuando escriben

“Hay una edad en que a los adolescentes les gusta naturalmente escribir: así pueden expresar y conocer sus propias emociones, lo cual es muy positivo. Por ello, también hay que botar prejuicios en este sentido”, explica Ana María Domínguez. En ese contexto, como actividad asociada a la lectura, escribir es muy valioso. “Iniciar diarios, escritos o dibujados, puede ser una práctica que les interese. Convertir historias clásicas en comics; reescribir y crear. Dramatizar…”, propone Mary Rogers.

“La lectura aún es asociada con algo escolar y que se evalúa. Eso nos ha hecho perder muchos lectores”.  Ana María Domínguez, profesora y promotora de lectura en Fundación Arauco. 

 

5 Sentir los beneficios de leer

No basta con conocer y poder enumerar los beneficios de la lectura. Un buen “mediador” debe saber reflejar que de verdad “siente” eso. “La lectura es la entrada a un mundo paralelo, lleno de ideas y aprendizaje. Reconocemos toda la gama de conductas humanas por medio de la lectura. Viajamos, nos emocionamos y vivimos a través de cuentos, novelas, poemas, obras de teatro. Empatizamos con los personajes de una historia y, de esta forma, practicamos el ponernos en los zapatos del otro en la vida real. Ampliamos el vocabulario, la comprensión del mundo y derrotamos los miedos. La soledad no existe si contamos con un libro”, dice Mary Rogers.

 

6 Disfrutar y gozar leyendo

“Lo principal es hacer de la experiencia lectora un momento que propicie la máxima gratificación. La lectura es todavía muy escolarizada, asociada con la obligación de leer y de ser evaluada. Eso nos ha llevado a perder lectores”, dice Ana María Domínguez. Y recomienda abrirse a muchas posibilidades temáticas para leer:
“El lector busca reconocerse de alguna manera en lo que lee”, explica. “Mientras más se lee, más se va detectando lo que a cada cual le gusta leer. Un buen mediador de lectura transmite pasión por sus temas de lectura”, concluye.

 

7 Crear espacios para leer y comentar las lecturas

Esto, según explica Ana María Domínguez, significa no perder lugar ni oportunidad para comentar sobre las lecturas. Un buen mediador “crea y diversifica los lugares, momentos y formas de encuentro con el libro. Propone distintas formas de compartir la experiencia de lectura propia y de los demás, para que todos conozcan, reflexionen y participen. Un buen mediador de lectura favorece la comunicación, la apertura a múltiples interpretaciones para que el alumno o hijo lector descubra la lectura como un espacio de crecimiento y formación. Va a su encuentro y lo sensibiliza hacia la cultura escrita”, señala.

“En lo social, la lectura nos hace más interesantes; en lo personal, más completos. La lectura forma opinion”. Mary Rogers, escritora, periodista y compositora.

8 Conocer los gustos de los hijos

Ana María Domínguez cuenta que en los programas y talleres de promoción de lectura “insistimos mucho, primero, en la importancia de que los libros respondan a los gustos de los alumnos y, segundo, en la necesidad de las actividades poslectura. Hay que buscar múltiples posibilidades en torno a crear y construir a través del diálogo los significados de lo leído, aportándose unos con otros”. Mary Rogers, por su parte, señala que “en cuanto a los adolescentes, pienso que hay bastante literatura que les puede interesar en esta época. Comentar libros de autores que admiran (como Laura Gallego, Nati Chuleta en comics, John Green, etc.) y pedirles ‘consejo’ sobre otros autores que les interesen. Es una buena forma de acercarlos al mundo literario. Entregar alternativas de lectura, siempre. No imponer”, recalca.

 

9 Conversar sin monosílabos

Poder abrirse a un diálogo que vaya más allá de las órdenes o preguntas. “Cuando he participado en programas de promoción de lectura, a las familias lo que más les solicitamos es abrir un espacio y tiempo para conversar, expresar inquietudes, emociones, compartir recuerdos, historias familiares, anécdotas y dialogar en torno a ellas. Es un espacio diario de conversación que deja afuera las órdenes y los monosílabos, los sí y no, porque juntos se va entendiendo mejor lo que escuchamos unos de otros. Dentro de ese ambiente, es posible incorporar poco a poco lecturas, textos narrativos, poesías, noticias, teatro, canciones, chistes… para construir en conjunto los significados de lo leído. Realizar lectura en voz alta y aportar siempre desde el gusto y placer que nos da la lectura, aunque nos demande un esfuerzo. Eliminar todo lo relacionado con castigo, amenaza o condición en relación a la lectura.

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