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Ago 2020 - Edición 243

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Cómo transformar la vulnerabilidad en aprendizaje

¿Qué han sentido y vivido niños y adolescentes durante esta emergencia sanitaria? ¿Cómo los ha afectado en su autoestima y bienestar físico y mental? Estas fueron algunas de las preguntas planteadas en dos seminarios recientes: “Familia y vulnerabilidad”, organizado por Centro UC de la Familia, y “Efectos psíquicos de la cuarentena en niños, niñas y adolescentes”, convocado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Recogimos lo expresado por tres especialistas, que invitan a asumir una tarea conjunta entre familias y educadores.

Por: M. ester Roblero
Cómo transformar  la vulnerabilidad en aprendizaje

Sentirse vulnerables

Carolina Salinas, abogada y profesora de Derecho de Familia de la Universidad Católica.

“Durante esta pandemia los niños y adolescentes han estado sometidos a una transformación radical de sus vidas: dejaron de ir al colegio, no pueden ver a sus amigos, algunos tampoco ven a sus abuelos y en ciertos casos no han podido estar con el padre o madre que no vive con ellos. Además, los afecta el estrés propio de sus familias, muchas veces derivado de problemas económicos”, describió Carolina Salinas, abogada y profesora de Derecho de Familia de la Universidad Católica. Señaló que, aunque estamos viviendo una situación extraordinaria, hay problemas que venían de antes: separación de los padres, estrés, hacinamiento y violencia intrafamiliar. Por esta razón el reto va más allá de afrontar una situación que durará meses, “y debemos extraer experiencias y aprendizajes en beneficio del interés superior de los niños y adolescentes”.

Cuarentena y confinamiento

Matías Marchant Reyes, Psicólogo, doctorando y magíster en Filosofía. Académico del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile.

Explicó que los conceptos que acompañan este proceso –distanciamiento social, cuarentena y confinamiento– tienen en común apuntar a la limitación radical del encuentro con otros. “El contacto afectivo es lo más importante en la vida del ser humano, es irreemplazable e insustituible. Y lo que ha hecho la pandemia es reducir ese contacto. Aunque niños y adolescentes pueden recibir el afecto de quienes viven con ellos en el hogar, hay que tener en cuenta que a medida que los niños crecen y se transforman en adolescentes aparecen otras formas de amor, como la amistad y el amor romántico que son importantes en su desarrollo”, aclaró.

Enseñarles a gestionar emociones

Paz Rey, Psicóloga, diplomada en Intervención Social con Adolescentes Infractores de Ley e Intervención en Abuso Sexual Infantil, trabaja en Clínica Jurídica de la Universidad Católica. Ha trabajado con familia e infancia en instituciones como Opción, Fundación Belén Educa, Corporación Emprender y otras.

“Este es un momento muy díficil para todos, en que todos nos sentimos vulnerables. Para muchos adultos el confinamiento es estrés, cesantía, insomnio y angustia, y eso afecta la crianza”, afirmó la psicóloga Paz Rey, en el seminario de la Universidad Católica. En este contexto “aparecen normalmente emociones de miedo, tristeza o enojo. Pero lo importante es entender que las emociones no son buenas o malas en sí mismas, ya que todas tienen un sentido adaptativo y nos guían hacia objetivos. El problema surge cuando las emociones nos ‘toman’ y sentimos en nuestro interior ‘bucles’ emocionales, que son pensamientos obsesivos que comenzamos a rumiar. Tenemos que aprender a gestionar las emociones y esto es lo que hay que lograr enseñarles también a niños y adolescentes”, expresó.

La psicóloga invitó a imaginar que nuestras emociones obedecen a tres sistemas: “Un sistema rojo, en que aparece el miedo, la ira, el asco, que son emociones que preparan nuestro cuerpo para huir del peligro y protegernos de situaciones amenazantes. El sistema emocional rojo nos defiende. Luego está el sistema azul, donde aparecen emociones ligadas al entusiasmo, la competencia y el logro, que nos impulsan a la acción, a metas y éxito. Y también está el sistema verde, con emociones que nos hacen sentir en confianza, calmados, seguros. Estas emociones provienen del afecto, se transmiten con miradas, con la amabilidad y la calidez, se despiertan en el autocuidado y la empatía.

Permitirles comunicarse y ser oídos

Carolina Salinas, abogada y profesora de Derecho de Familia de la Universidad Católica.

“Los adultos y la sociedad en general debemos garantizar el derecho de niños y adolescentes a poder comunicarse con sus padres y abuelos. En el caso de aquellos que no viven con alguno de sus progenitores, padre o madre, el regimen comunicacional no puede verse interrumpido por la pandemia. Hay que evitar que esta situación de confinamiento sea utilizada por algún interés unilateral de alguno de los padres y todos debemos velar por que esos niños y adolescentes tengan comunicación regular con sus figuras protectoras, sean abuelos, hermanos, profesores”, señaló Carolina Salinas.

Además, agregó, “todos los niños y adolescentes tienen derecho a ser oídos y por eso es importante que tanto quienes viven en el hogar con ellos, como sus profesores, puedan regularmente preguntarles cómo se sienten, cómo ven ellos lo que está pasando, cuáles son sus temores”.

Ideas para contener la vulnerabilidad

  1. Pregúntales qué le dirían a un amigo que se siente solo, con temor o angustia. Esto puede ayudarles a entender lo que les ocurre y tratarse de manera más autocompasiva.
  2. Invítalos a imaginar cómo recordarán en un par de años la cuarentena y qué aprendizajes habrán sacado de todo lo vivido.
  3. Ayúdales a identificar actividades que los hacen sentir calmados: escuchar música, cocinar juntos, jugar cartas…
  4. Como familia, pueden poner algo de humor a la situación, aunque no sea divertida.

Cómo privilegiar  la calidad de los vínculos

Por Matías Marchant, psicólogo:

  • Lo primero, señaló este psicólogo, “creo que debemos cuidar que el espacio dentro de la casa no sea más gravoso para la salud mental de niños y jóvenes. Identificar aquellos elementos que a los adultos nos hagan estar en mayores situaciones de estrés, para no transmitirlo a niños y adolescentes”.
  • En esta misma línea, continuó, “hay que cuidar el vínculo entre padres e hijos. El confinamiento ha reforzado el papel de los papás y mamás en la educación escolar, situación que tiene componentes positivos pero también negativos, porque aumenta el riesgo de una mayor tensión”.

  • Luego, “permitir la socialización de los adolescentes y jóvenes. Hay profesores que están intentando suplir la falta de encuentro físico a través de grupos de Whatsapp, lo que es muy importante ya que es a través del contacto con otros que se desarrolla la solidaridad y la empatía, y a su vez el sentido de justicia brota en interacción con otros”.

  • Y algo muy relevante: “Potenciar la relación familia-escuela. Esta es una oportunidad muy valiosa para que los profesores sean valorados de mucho mejor manera. Ellos no solo realizan la guarda de nuestros hijos, sino que una labor educativa enorme. Es un momento único para lograr un pacto social entre padres y agentes educativos”.

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