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Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

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Aliados para motivar

Hemos vivido meses complejos y a muchos niños y adolescentes les cuesta cada vez más motivarse para aprender y estudiar. Tres expertos entregan a los padres y apoderados algunas claves para entender cómo se logra y activa la motivación.

Por: M. Ester Roblero
Aliados para motivar

La profesora Karina Pinto, de la escuela Padre Hurtado de Renca, enseña a sus alumnos a preparar soluciones desinfectantes en sus hogares; el profesor Patricio Lobo, del colegio San Francisco de La Pintana, realiza tutorías virtuales en su clase enseñando técnicas de autoconocimiento, y la profesora Francisca Elgueta, del mismo establecimiento, desarrolló un video con gráficas sobre cómo había sido el fenómeno de la denominada “peste negra” en Europa durante la Edad Media.

La creatividad de los profesores a lo largo de todo el país se ha puesto a prueba durante los últimos meses para motivar a sus alumnos a seguir estudiando y aprendiendo en las complejas situaciones que se viven hoy a raíz de la pandemia por Covid 16.

¿Cómo los familiares pueden sumarse a esta disposición de motivar a los alumnos, especialmente a aquellos a los que pareciera no moverlos el estudio? Un psicólogo, una trabajadora social y una educadora entregan a los padres y apoderados algunas claves para entender cómo se logra y activa la motivación.

El punto de partida de la motivación

“Hay estudiantes que se motivan más por un área que a ellos les interesa; a otros, sus experiencias de vida los mueven a superarse y a ponerse metas por sí solos; hay otros que son motivados por sus pares”, enumera Gleny Acevedo, profesora de Matemáticas en enseñanza media en el Colegio Vedruna de San Felipe. “Sin embargo,” –agrega– “también creo que la motivación es algo misterioso, es un motor interno que nos mueve a realizar cosas que pensábamos que no éramos capaces de hacer. Y por eso es un reto constante para nosotros los profesores”.

“Un aspecto fundamental para que la motivación se active dice relación con el vínculo emocional que se produce entre los profesores y los estudiantes, y entre los estudiantes como compañeros. Si se produce un vínculo positivo, la motivación puede aparecer de manera más fácil; si no hay vínculo o es negativo, la desmotivación puede primar”. Liliana Cortés y Jaime Portales, de Fundación Súmate-Hogar de Cristo.

Ese “algo misterioso” también es descrito por Liliana Olivares y Jaime Portales, directora ejecutiva y jefe de Estudios y Evaluación, respectivamente, de Fundación Súmate de Hogar de Cristo, entidad de la cual dependen cinco escuelas de reingreso escolar: “La experiencia en nuestra Fundación muestra que lo primero que motiva a niños, niñas y jóvenes, en particular a aquellos que tienen un alto rezago o que han sido excluidos del sistema escolar, es sentirse acogidos, reconocidos, respetados y valorados por sus profesores y por sus compañeros. Ese es el punto de partida para sentirse motivados, y eso conecta con la importancia de reparar el sentimiento de autoeficacia y la autoestima de estos niños y jóvenes”.

“Cuando ese vínculo ya se ha comenzado a formar, aparecen los otros motivadores relacionados con la tarea de aprendizaje: características de la actividad, materiales y recursos que se utilizan, etc. A esto se suman los motivadores más profundos por aprender: para poder desarrollarme como persona, para integrarme a mi entorno y a la sociedad. Pero lo importante es entender que, sin un vínculo y una conexión emocional positiva, nada de esto es posible”, sostienen.

Tanto desde la escuela como en la familia es posible contribuir a esa motivación, coincide Gleny Acevedo. Así como en medio de esta pandemia “es necesario un mayor contacto de los profesores con sus estudiantes, a través de las clases virtuales, también es necesario compartir en familia, aprovechar este tiempo para almorzar, tomar once y/o cenar juntos”.

La conexión emocional

Liliana Olivares y Jaime Portales explican que, en general, se cree que la motivación escolar depende exclusivamente de factores académicos como “las características y novedad de la actividad de aprendizaje, los materiales y recursos didácticos y tecnológicos que se utilizan, la curiosidad que la actividad despierta en los estudiantes, etc. También se consideran motivadores relacionados con los sentimientos y emociones que se despiertan en los estudiantes a propósito de lo que se está haciendo, y cómo eso se conecta con sus intereses más profundos”.

Sin embargo, definen, “la motivación en educación va más allá de todo lo anterior e involucra dos dimensiones adicionales y muy importantes para los alumnos: el sentimiento de competencia y las motivaciones relacionadas con querer aprender”.

El sentimiento de competencia: “Tiene que ver con sentir de autoeficacia; es decir, con la expectativa que niños y jóvenes tienen de poder realizar adecuadamente una tarea. Si su expectativa es positiva, aumenta la motivación; si es negativa baja la motivación. De aquí la importancia de fortalecer el sentimiento de autoeficacia y la autoestima de los estudiantes. En otras palabras, es clave que los estudiantes se sientan competentes y tengan un sentimiento positivo de sí mismos para estar motivados”.

La motivación relacionada con aprender: “Lo segundo”, continúan, “dice relación con los motivos que dan sentido al aprender y es aquí donde se hace conexión con las motivaciones más profundas que pueden tener las personas para participar de un proceso de aprendizaje. Hablamos de motivadores tales como el desarrollo personal, la inclusión social, el deseo de progresar en la vida, el sentir que, al aprender, se aporta a la sociedad en que se vive, entre otros. Son estos motivadores más profundos los que suelen perderse de vista al hablar de motivación en educación”.

Es en estas dos áreas que las familias pueden cooperar: en la autoestima de sus hijos y nietos, y en el sentirse necesarios e invitados a participar en la sociedad.

Liliana Olivares y Jaime Portales señalan: “Como reflexión final, surge la idea de cómo esta pandemia nos ha llevado a remirar y repensar lo que estamos haciendo en educación en el país y en el mundo. En el caso de Chile, ciertamente todo lo que ha pasado nos lleva a cuestionarnos el excesivo énfasis que hemos puesto en la evaluación de aprendizajes cognitivos mediante pruebas estandarizadas externas, y cómo es necesario fortalecer otras formas de evaluación de carácter más formativo al interior de las escuelas”.

Cómo motivar a los alumnos

Gleny Acevedo, con años de experiencia como profesora en enseñanza media, explica que para los adolescentes es muy motivador “que lo que están aprendiendo tenga sentido y sea desafiante, de su interés, aplicable, práctico, y que sea concreto. Les motiva lo inmediato. Que los saquen de la rutina. Y que los desmotiva lo extenso, lo teórico, lo rutinario…”. Estar al tanto de esas condicionantes nos permite a los adultos orientar nuestras conversaciones a esas áreas. Su recomendación para motivar hoy en medio de la pandemia es:

Desde la familia:

  • Definir un lugar dentro de la casa donde el estudiante realice sus actividades escolares, en el cual tenga pocas distracciones.
  • Elaborar juntos un horario, en el cual el estudiante pueda programar sus quehaceres escolares, así como también sus ratos de ocio y de tareas de la casa.
  • Compartir en familia, aprovechar este tiempo para almorzar, tomar once y/o cenar juntos.
  • Asignar tareas del hogar a los estudiantes.
  • Establecer horas para levantarse y acostarse.

Desde la escuela:

  • Que se busquen distintas estrategias para llevar los aprendizajes a los estudiantes.
  • Que exista, dentro de lo posible, mayor contacto de los profesores con sus estudiantes, a través de las clases virtuales.
  • Que el material enviado para trabajar no sea tan extenso, que el estudiante requiera de un tiempo semanal máximo de 45 minutos por asignatura.
  • Que las tareas sean cortas, que permitan al estudiante plasmar lo que ha ido aprendiendo, y al profesor realizar la retroalimentación a cada uno de ellos.

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