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Oct 2020 - Edición 245

Educar en el cuidado del medio ambiente

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Tiempos de pantallas: ¿beneficio o daño para la salud?

¿Cuánto afectan la salud emocional de grandes y chicos las pantallas? ¿Cuánto tiempo es recomendable? ¿Son una herramienta confiable para aprender en estos tiempos? Conversamos con dos expertos en el tema: Carolina Pérez y Daniel Halpern.

Por: Paula Elizalde y Marcela Muñoz
Tiempos de pantallas: ¿beneficio  o daño para la salud?

En medio de la crisis sanitaria, en la cual la exposición a todo tipo de pantallas aumentó considerablemente, es clave conocer la opinión de los expertos, revisar la forma cómo nos están impactando en nuestra vida diaria y de qué manera es posible sacarles el mejor provecho.

Alfabetización digital vs. daño cerebral

Daniel Halpern: “Para que el salto tecnológico sea positivo e impacte, se requieren habilidades y conocimiento (alfabetización digital). Para ello, se necesita que el estudiante se focalice en lo que está aprendiendo, sea capaz de regular su propia agenda y, por último, debe ser capaz de interactuar con su familia y con sus seres queridos. Con ello, este salto debiese ser ciento por ciento positivo”.

Para el director de Tren Digital existen dos temas relevantes sobre las pantallas, el problema es la “sobreexposición; es decir, cuando ocurre una pérdida de control del día de la persona, puede verse afectada la salud emocional de quien la está usando. Vale decir, si es que la persona no puede generar una agenda y básicamente su día gira en torno a las pantallas, sin tener una estructura mental, aquello ciertamente tiene un impacto, según están demostrando algunos estudios”.

Otro tema que para Daniel Halpern resulta clave es si se trata de jóvenes y niños que son muy ansiosos, en ese caso “las pantallas les impactan mucho más. Porque una persona va a querer saber más y se va a meter más en ese espiral de necesidad de búsqueda de información”.

A la inversa, explica el académico de la PUC, “un joven o un niño emocionalmente sano, por así decirlo, que no tiene grandes dificultades y que además es capaz de regular su tiempo, no debiese verse impactado de forma negativa con la pantalla. Por el contrario, yo creo que la pantalla, a diferencia del chat, permite a los jóvenes el desarrollo de habilidades; por ejemplo, cuando conversa con sus amigos. Por lo tanto, no veo el acceso a las pantallas de forma negativa, solamente si es que existe falta de control, o cuando no hay agenda propia y la agenda la va llevando la pantalla o el sistema que se utilice”.

Carolina Pérez, Educadora de párvulos UC, licenciada en Estética UC, máster en Educación, Harvard University, y directora de Helsby Preschool.

 

Según Carolina Pérez, “como adulto debo velar por que mis hijos y alumnos desarrollen el pensamiento crítico, la capacidad para resolver problemas, que sean innovadores y creativos. Todas estas habilidades y destrezas son aniquiladas por el uso de pantallas interactivas, redes sociales y videojuegos. Entonces, si yo sé cómo funciona un cerebro y sé qué necesita ese cerebro para conectar neuronas, no le voy a pasar adminículos que van a matar su materia gris”.

Para Carolina Pérez, por otro lado “las pantallas afectan a los cerebros en desarrollo de niños y adolescentes en tiempos de paz y en tiempos de crisis. Las pantallas interactivas, las redes sociales y los juegos de video son diseñados para generar adicción, en laboratorios donde fríamente miden que la presión arterial suba, que los niveles de azúcar en la sangre suban, que las pupilas se dilaten, que aumente el ritmo cardiaco y que el cerebro secrete cantidades anormales de dopamina (neurotransmisor del placer). Todo esto altera el normal funcionamiento y crecimiento de un cerebro normal”, asegura. “Y como padres y profesores nuestro deber es velar para que nuestros hijos y alumnos estén sanos y felices, y sean inteligentes, y al pasarles una tableta o smartphone con aplicaciones ‘educativas’, redes sociales y juegos de video, lo único que estamos haciendo es regalarles en bandeja un shot de heroína y estamos lobotomizando sus cerebros”.

“Hoy Chile lidera el ranking OCDE de niños y adolescentes empantallados, con un promedio de siete horas y media de pantallas, de las cuales solo 16 minutos son utilizados para trabajo escolar o académico. Y en los rankings PISA, donde miden el nivel de comprensión lectora de nuestros adolescentes de 15 años, Chile está en los últimos puestos; o sea, las pantallas, las TICS, y los ‘mentores digitales’ no han ayudado en absolutamente nada. Ellos solo han ayudado a normalizar su uso y a dejar tranquilos a los padres”, enfatiza Pérez.

“Como adulto debo velar por que mis hijos y alumnos desarrollen el pensamiento crítico, la capacidad para resolver problemas, que sean innovadores y creativos. Todas estas habilidades y destrezas son aniquiladas por el uso de pantallas interactivas, redes sociales y videojuegos. Entonces, si yo sé cómo funciona un cerebro y sé qué necesita ese cerebro para conectar neuronas, no le voy a pasar adminículos que van a matar su materia gris”, agrega la máster en Educación de la Universidad de Harvard.

Educación en línea: regular y evitar distracciones

¿Y la educación en tiempos como los actuales? “Yo no veo otra opción para este periodo. Hoy no existe otra posibilidad, salvo que las personas quisieran realizar homeschooling. No hay otra posibilidad hoy de educar sino a través de las pantallas. Eso no lo veo mal”, señala Daniel Halpern..

Sin embargo, explica, para el desarrollo cognitivo no es bueno realizar todo el tiempo las actividades con el uso de las pantallas. Por ejemplo, “hace poco publicamos un estudio en el que se explica que los jóvenes que toman apuntes y estudian desde sus cuadernos, tienen mejores promedios”. En ese caso, el investigador resalta el papel mediador del profesor, que es importante siempre en el proceso educativo. Esa mediación del docente es efectivamente relevante”.

Para Carolina, lo que tenemos hoy es educación virtual en tiempos de emergencia, no es educación online: “¡Y si un niño, de tercero básico a cuarto medio, debe usar el computador para seguir con su educación, eso está perfecto! Pero si el niño, mientras abre una tarea, empieza a chatear con los amigos, o se mete a redes sociales, obviamente se desconcentrará y no aprenderá nada, porque el mito del multitasking es la gran mentira. El cerebro humano sólo puede hacer una actividad compleja bien a la vez, no puede leer un libro y wasapear, al final hará las dos cosas mal”, afirma. “Si un niño ve un documental de la Guerra Fría en YouTube y después tiene que escribir su opinión, eso está genial. Pero ¿niños de sala cuna con clases por Zoom?, eso a ojos cerrados es una tontera”.

Carolina explica que cuando un niño lee un texto en una tableta, su cerebro comprende entre un 30 y un 40 por ciento de lo leído, “y, ojo, que el nivel de comprensión lectora en este país nuevamente es de los últimos del ranking. ¿Se imaginan cuánto van a comprender si ahora, como la gran novedad, los niños tendrán que leer sólo libros digitales?”.

Daniel Halpern PhD en Comunicaciones, Rutgers University (Estados Unidos), magíster en Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile, licenciado en Información Social y periodista (PUC), y director del laboratorio de ideas Tren Digital.

Sobre el impacto de las pantallas: “Un joven o un niño emocionalmente sano, por así decirlo, que no tiene grandes dificultades y que además es capaz de regular su tiempo, no debiese verse impactado de forma negativa con la pantalla. Por el contrario, yo creo que la pantalla, a diferencia del chat, permite a los jóvenes el desarrollo de habilidades; por ejemplo, cuando conversan con sus amigos”, dice Daniel Halpern.

Un gran consejo para padres y profesores, dice Daniel Halpern, es la regulación. “Ojalá existan filtros o sistemas como custodios, que no permitan que los niños estén en las pantallas todo el tiempo que ellos quieran, sino que los ayuden a regularse y les permitan realizar otras actividades, que son muy positivas, como conversar, y guiarlos para que realicen actividad física. En algunos casos, la pantalla también puede ser vista de forma positiva, cuando los jóvenes se involucran en desafíos o challenge, por ejemplo, de entrenamiento. Aconsejaría a los padres que regulen el tiempo de sus hijos en pantalla, que supervisen el contenido, ojalá que no posea mucho estímulo, fijarse a cuál acceden sus hijos, ya sean grandes o chicos, incluso los adultos”.

Salto tecnológico de hoy, ¿es o no positivo?

Sobre el salto tecnológico que estamos viviendo, Halpern señala que es siempre positivo, cuando se usa de buena forma. “Tenemos una oportunidad increíble de hacer más horizontal la educación, de tener mayor acceso a esa información. Sin embargo, el trabajo clave es transformar esa información en conocimiento, para ello se requieren habilidades como priorización de información y distinguir la información que es verdadera de la que es falsa, y también la capacidad de focalizarse”.

“Chile ostenta el puesto número uno a nivel mundial de la peor salud mental en niños de cero a seis años, y la salud mental de los adolescentes es la cuarta peor del mundo. Esos son datos duros, nuestros niños y jóvenes están tristes, angustiados y estresados”, afirma Pérez. “Las pantallas interactivas no son la causa de todos estos problemas, las pantallas interactivas agravan y potencian problemas de base. En Chile casi el 70 por ciento de los niños de 9 años ya tiene su propio smartphone. A los 9 años el cerebro es completamente inmaduro para lidiar con lo que significa tener un oráculo en las manos. Pero, los padres chilenos prefieren mirar para el lado, prefieren a sus hijos tranquilos, que no los molesten, y además no quieren ser los papás ‘raros’ del WhatsApp”.

“Hay que tener claro y presente que estamos viviendo tiempos complicados y cuando todo esto termine nuestros niños volverán a clases”, afirma Carolina, y agrega: “Esto de que la educación se transformó y que es mucho mejor lo online es desconocer de manera abismante cómo funciona el cerebro. Yo invito a profesores, padres y expertos a estudiar neurociencias; es difícil, pero hoy no podemos ‘regalar’ smartphones o ‘dejar’ que jueguen ocho horas videojuegos cuando la evidencia científica te explica con peras y manzanas el daño que de manera deliberada producen. Pero, bueno, esto solo si es que quieres hijos y alumnos sanos, felices, inteligentes y que sean un aporte para la sociedad”, ironiza.

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