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Ago 2020 - Edición 243

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Pandemia de positividad

“La felicidad, la salud, la capacidad de recuperación son muy necesarias en este momento. Así que difunde el optimismo”. Esto es parte del nuevo protocolo de “higiene de la felicidad”, descrito recién por el autor estadounidense Eric Barker. Conversamos con el psicólogo e investigador Claudio Araya sobre cómo y por qué contagiar optimismo a nuestros hijos y alumnos.

Por: M. ester Roblero
Pandemia de positividad

“Todas las emociones se transmiten; es algo que las investigaciones han demostrado. Los estados emocionales afectan a los demás, ya sean positivos o negativos. Lo comprobamos cuando entramos a un lugar donde ha habido algún conflicto y lo notamos; si permanecemos un tiempo ahí, nos vamos a ver afectados por ese ambiente. Por lo tanto, se puede afirmar que las emociones y la positividad se transmiten y van afectándonos”, explica Claudio Araya, psicólogo, docente e investigador en la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez.

—¿Qué tan importante es para niños y adolescentes vivir en un ambiente donde se respire un aire positivo?

—Particularmente, es muy importante en niños y adolescentes, porque están en un proceso de aprendizaje y maduración. Hoy se sabe que el cerebro humano termina de madurar alrededor de los 25 años, entonces el clima y el ambiente en que nos formamos es particularmente importante, porque nos va dando lo que en psicología se denomina “confianza básica”. Esto tiene que ver con una especie de certeza de que las cosas van a andar bien, o que puedo conseguir lo que me propongo, o que puedo ser y expresar quien soy. Y eso se desarrolla en un clima de aceptación, de confianza, en que los niños y adolescentes crecen y están.

—¿Cuál es la importancia de la conexión con otros para mantener un estado de ánimo positivo y puntos de vista positivos?

—Ese clima de confianza del que hablaba en la pregunta anterior lo creamos en la conexión, en el vínculo. Hoy sabemos que es fundamental establecer un vínculo seguro. Se habla en psicología de apego seguro, pero tiene que ver fundamentalmente con la conexión con otro, con que haya otro que me valide, me acepte y que me mira, que sepa que estoy ahí y que valgo…, más allá de lo que haga o deje de hacer. En ese sentido es muy importante la conexión. Vamos creciendo a través de los vínculos con otros, a través de los vínculos tempranos con nuestros cuidadores, pero también esto se ve presente en el mundo adulto con nuestras parejas, en nuestros trabajos. Porque los vínculos son los que nos sostienen.

Claudio Araya Véliz, psicólogo clínico.

—¿Qué otros aspectos, además de la conexión, influyen en la positividad?

—Destacaría dos. Primero, el tema de presencia: tiene que ver con aprender a estar en el momento, encarnadamente, corporizadamente. Uno nota cuando el otro está genuinamente ahí, presente conmigo, o cuando no está, cuando mi interlocutor está pensando en cualquier cosa. La presencia es muy importante. Hoy día sabemos, porque la investigación es muy concluyente en esto, que es una habilidad que uno puede cultivar. Así como uno puede entrenar la distracción, también puede entrenar la presencia.

En segundo lugar, destacaría la empatía y la compasión, que son un gran tema, difícil de abordar en pocas palabras; pero tiene que ver con la habilidad de ponerse en el lugar de otro (empatía) y luego con la motivación de buscar aliviar su sufrimiento (compasión).

La empatía y la compasión también son habilidades que podemos cultivar y entrenar y en la formación de niños y adolescentes son fundamentales. Porque además de estar presentes, además de conectar, es necesario empatizar desde la emoción y buscar juntos formas y vías de tener una buena vida.

—¿Qué valores en esta línea pueden surgir espontáneamente en los hijos, aunque no se eduquen?

—Yo quisiera destacar algo muy pequeño y básico: en la formación lo más importante es lo que encarnamos, el ejemplo, no lo que decimos. Lo que decimos viene después. Lo más importante y que debe ir primero es la práctica. Los adolescentes detectan inmediatamente cuando hay congruencia o cuando no la hay en los adultos. Los niños también, entonces es muy importante el valor encarnado, no como ideales abstractos –el bien, la verdad y la belleza como conceptos no ayudan mucho, pueden incluso generar más disonancia–, lo importante es la bondad puesta en práctica, la belleza puesta en práctica.

—Por último, ¿cuál es la relación entre optimismo y positividad?

—Me parece interesante la relación entre optimismo y positividad, entendiendo que el optimismo tiene que ver con una visión de lo que va a ocurrir o cómo van a ocurrir las cosas, en contraposición con una perspectiva pesimista. El optimismo implica una visión de mundo que tiene la confianza de que las cosas van a andar bien. Está un poco relacionado con lo que había hablado acerca de la confianza. La positividad implica un estado emocional, de conectarse con las emociones agradables, o positivas como algunos llaman, aunque hay una discusión amplia sobre eso. Hay una investigadora llamada Bárbara Fredickson que ha estudiado lo que nos ocurre cuando nos sentimos contentos y ha mostrado el poderoso efecto que tiene. Es importante cultivar esas emociones, no solo esperar que se den espontáneamente, sino desarrollarlas y cultivarlas cotidianamente, crear un clima a partir de ellas. Por supuesto que se vinculan las dos: el optimismo y la positividad. Una es más cognitiva y tiene que ver con una visión de mundo: el optimismo; y la positividad tiene que ver con los estados emocionales que vamos cultivando. Yo creo que ambas son importantes y se complementan.

—Y en este contexto, ¿cómo enfrentar los malos momentos?

—Yo creo que es importante cultivar el bienestar activamente, sin olvidar una especie de ecuanimidad o perspectiva, que quiere decir no negar las emociones difíciles, que son importantes y uno aprende de ellas. No se trata de desarrollar un optimismo ingenuo, sino más bien de un incluir todo el campo emocional y no dejar fuera emociones como la alegría, el amor, la compasión. Pero sin negar las emociones difíciles.

Check List para generar una pandemia de positividad

“La felicidad, la salud, la capacidad de recuperación son muy necesarias en este momento. Así que difunde el optimismo”. Esto es parte del nuevo protocolo de “higiene de la felicidad”, descrito por el autor estadounidense Eric Barker, creador del blog Barking Up the Wrong Tree. En una de sus recientes publicaciones aconseja:

Conéctate:

Envía un mensaje de texto. Coge el teléfono. Haz una videollamada. Manda señales de humo y semáforo. Lo que sea. Simplemente hazle saber a la gente que te importa, que estás pensando en ellos. ¿Estabas alejado de alguien? Hora de reiniciar y reconectar.

Difunde ayuda:

Corre la voz de que estás ayudando a subir el ánimo a otros. Y pide ayuda para quienes la necesiten. Mantén fluidas las líneas de comunicación para que todos puedan manifestar sus necesidades.

Cultiva el humor:

En este momento, los abrazos no son una opción, así que envía risas. ¿Qué es ese chiste o recuerdo divertido que nunca deja de hacer reír a ti y a tu amigo? Envía un mensaje de texto recordándoles al respecto. Tus amigos lo apreciarán. La sonrisa le da al cerebro tanto placer como dos mil barras de chocolate.

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