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Jun 2020 - Edición 241

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Jaque Mate al individualismo

La pandemia nos está demostrando que sin colaboración ni solidaridad, sin una comunidad sólida, no es posible salir de esta crisis. Josefina Araos, historiadora, y María José Calvimontes, magíster en Gestión de Empresas de Comunicación, nos explican cómo podemos aprovechar este tiempo para mostrar a los hijos la importancia del bien común.

Por: M. Ester Roblero
Jaque Mate al individualismo

La crisis sanitaria que estamos viviendo en todo el planeta “es probablemente la evidencia más potente de que dependemos unos de otros. El individualismo tiende a pensar que el individuo se basta a sí mismo, y en contextos como el que vivimos ahora, se ve que eso es un juicio equivocado”, señala Josefina Araos, licenciada y magíster en Historia UC. Agrega: “Quedarse en la casa no es sólo por uno, es por el bien de los otros; si otro fue antes al supermercado y se llevó todos los útiles de aseo, tú te quedas sin insumos básicos, y así. Sin colaboración ni solidaridad, sin una comunidad sólida, no es posible salir de esta crisis”.

María José Calvimontes, magíster en Gestión de Empresas de Comunicación (Universidad de Navarra, España), coincide en que estamos viviendo “el llamado más contundente a ser comunidad que hemos tenido como humanidad en los últimos tiempos. A este virus no vamos a ganarle solos, y quien todavía no lo entienda así sufrirá las consecuencias y nos las hará sufrir a los demás. Porque es así: o nos salvamos o nos hundimos, pero lo haremos juntos. Si no nos cuidamos por nosotros, nos tenemos que cuidar por no enfermar a otros. Y junto con la crisis sanitaria, sobre todo cuando ésta pase, también juntos tendremos que hacer frente a las dificultades económicas que le seguirán. Nuestra interdependencia se ha hecho evidente y eso tiene que hacernos reflexionar”.

Individualismo vs. bien común

Josefina Araos, Licenciada y magíster en Historia UC.

Josefina Araos es coautora del libro “Primera persona singular. Reflexiones en torno al individualismo”, IES Chile, 2019. Explica que el individualismo es un fenómeno complejo y que admite distintas definiciones al interior de las ciencias sociales. Pero, en términos simples, es una corriente de pensamiento “que ve en el individuo, autónomo y soberano, el punto de partida de la vida social, de la vida en común, y no en cambio el mundo compartido, la existencia recibida. Este modo de pensar tiene consecuencias teóricas y prácticas de primera importancia”. Josefina Araos cita a Alexis de Tocqueville, historiador francés, para quien “el individualismo consistía en un juicio erróneo sobre la realidad, en que el individuo cree que su destino está exclusivamente en sus manos”.

“Quizás es el llamado más contundente a ser comunidad que hemos tenido como humanidad en los últimos tiempos. A este virus no vamos a ganarle solos, y quien todavía no lo entienda así sufrirá las consecuencias y nos las hará sufrir a los demás”. María José Calvimontes.

Hoy, desde distintos rincones y culturas del planeta se repite la necesidad de aunar fuerzas para combatir la pandemia. Así, esta nueva conciencia de destino compartido puede convertirse en una oportunidad para conversar con hijos y alumnos sobre el error del individualismo y la importancia del bien común.

Pero, “más que estar buscando cómo sacar a las personas del individualismo, hay que descubrir en qué ámbitos y experiencias se constata el mundo compartido, y se puede refutar así la hipótesis equivocada de que el punto de partida de la realidad es el individuo, y no la vida en común”, señala Josefina Araos. “En ese sentido, la experiencia verdadera de comunidad, en que el sentido y valor de las cosas se aprende porque se recibe y se entrega a otros, es fundamental. Y hay que ir en busca de esos espacios, que pueden ser la familia, la escuela, los amigos”, afirma.

Descubrir el bien común en el hogar

Para María José Calvimontes el tiempo de cuarentena puede ser una oportunidad para, más que nunca, fomentar la corresponsabilidad, pero también podría ser una fuente de conflicto en el hogar a la hora de gestionar las tareas domésticas.

“Hoy, en muchos hogares se está teniendo que compatibilizar las labores de la casa con el teletrabajo, el cuidado de niños y el apoyo a sus tareas académicas a distancia, y es prácticamente imposible (e injusto) que solo una persona esté a cargo de todo ese trabajo. Por eso es un excelente momento para involucrar más a todos los miembros del hogar en su cuidado”, afirma. “Si hay niños o adolescentes que no están acostumbrados a hacerlo, es importante asignarles responsabilidades acordes a su edad”, señala.

En su opinión, “a los adolescentes hay que guiarlos más que controlarlos, y contar con ellos para acciones cotidianas que les interesen y desafíen, pero también pedirles colaborar en las tareas que pueden no gustarles tanto. Y a todos transmitirles que convivir en un espacio limpio y ordenado anima y hace más llevaderos los días, que entre todos se termina antes y mejor, y hay más tiempo libre para compartir y dedicar a nuevos intereses para los que en la rutina de siempre no solía haber espacio. Una buena idea es tener, de lunes a viernes, un horario familiar muy claro y concreto, con tiempo para cumplir esos encargos, para estudiar, para hacer ejercicio, para jugar y descansar”.

María José Calvimontes, Magíster en Gestión de Empresas de Comunicación

El encierro y la tecnología

Muchos adolescentes están viviendo el cierre de los colegios y la curentena con mucha angustia y frustración por no poder ver a sus amigos. Y las redes sociales se les presentan como una herramienta para seguir conectados con ellos. Sin embargo, las redes sociales podrían aislarlos de su entorno familiar.

“La adolescencia es una etapa de autodescubrimiento, donde estamos más volcados sobre nosotros mismos, mirando aquello que nos gusta, lo que no, explorando en qué consiste eso que somos, quiénes nos rodean, en fin. El problema está en permanecer para siempre en esa fase, en que ese encierro en uno mismo se vuelva insuperable. Y ahí está la responsabilidad de los adultos, que en el objetivo valioso de querer respetar ese proceso, a veces terminan por abandonar a los jóvenes en ese encierro, a no enseñarles a descubrir que la individualidad es valiosa, pero que tiene luces y oscuridades. Hoy, muchos jóvenes salen al mundo diciendo: este soy yo, aguántense si no les gusta. Como si esa individualidad se resolviera a solas, cuando en realidad debe ir configurándose justamente en el encuentro con otros, en las tensiones, encuentros y desencuentros con los demás”, explica Josefina Araos.

“Más que estar buscando cómo sacar a las personas del individualismo, hay que descubrir en qué ámbitos y experiencias se constata el mundo compartido; se puede refutar así la hipótesis equivocada de que el punto de partida de la realidad es el individuo, y no la vida en común”. Josefina Araos.

Para María José Calvimontes es clave en estos días lograr espacios de encuentro familiar que sean atractivos para todos: “Sin negar la realidad, ojalá esos espacios de encuentro no los inundemos de malas noticias, quejas y críticas. Al contrario, podríamos proponernos que todos salgamos de esa conversación más serenos e inspirados. Conceptos simples como el valor de la familia, la gratitud, la riqueza de las cosas pequeñas…, son la base de otros más complejos como la responsabilidad social, el consumo responsable o la sustentabilidad. Es cierto que en periodos de crisis lo más natural puede ser concentrarse en el afán de cada día y en lo que nos afecta más directamente como familia, pero no podemos perder la perspectiva de que somos parte de una comunidad y de un ecosistema, y de que todas nuestras acciones, incluso sin salir de casa, tienen impacto en otras personas y en nuestro entorno”.

Un punto de partida de una conversación que muestre a los adolescentes la importancia del bien común, propone María José Calvimontes, “pueden ser noticias que en estos días hemos visto en Chile, que vale la pena conocer y difundir: donaciones millonarias de empresarios (más de 85 millones de dólares hasta principios de abril), cervecerías que producen alcohol gel, fábricas de calcetines que cambian de rubro y hacen mascarillas, emprendedores y universitarios que diseñan prototipos de respiradores artificiales, agricultores que ofrecen sus tractores para desinfectar calles, vecinos convertidos en conserjes, otros que se organizan para hacer las compras de los adultos mayores de la comunidad, y muchos ejemplos más... Todo lo que estamos viviendo hoy nos interpela y nos mueve a transformamos todos, para servir más y mejor durante y después de la crisis. Da enorme esperanza ver que hay muchos que ya lo están haciendo”.

 

 

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