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Nov 2019 - Edicion 236

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Emocionarse para aprender

Los hallazgos en neuroeducación revelan que las emociones son parte fundamental en el aprendizaje. Por ello, es que según cuenta Isabel Valdivia, quien lleva años trabajando en el tema y forma parte de quienes dieron vida al colegio Ayelén, “es esencial conocer cómo aprenden los alumnos y qué ocurre durante ese proceso, lo que involucra a la persona en un contexto, sus procesos cognitivos y su biología”.

Por: Marcela Paz Muñoz
Emocionarse para aprender

Motivar, emocionarse y hasta reír son conceptos que hasta hace poco no se pensaban en el ámbito educativo. Solo hasta ahora, porque la forma cómo aprenden los alumnos ha ido variando, tal como cuenta Isabel Valdivia directora académica de la Fundación Educacional Seminarium, quien fue también miembro del equipo fundador del Colegio Ayelén. particularmente porque desde hace años se han realizado esfuerzos mancomunados de profesionales e investigadores desde diversas disciplinas que buscan responder a esta gran interrogante ¿Qué es aprender?

De todo ello y particularmente de las claves a tener en cuenta al momento de enseñar, conversamos con la destacada profesional y artífice del colegio Ayelén, en Rancagua, donde no seleccionan y han puesto el foco en otras habilidades.

—¿Por qué la neurociencia es clave?
— Hay un cuerpo de evidencia creciente que señala que profesionales de la educación de excelencia, necesitan contar con los conocimientos y habilidades asociados a esta disciplina, la cual permite la innovación constante al servicio del aprendizaje y facilita que todo educador sea más efectivo en adecuar sus prácticas instruccionales para lograr aprendizajes mayores y más profundos en sus estudiantes. No solo en contextos escolares formales, sino que también en los informales y en todo nivel educativo, desde la educación inicial hasta la universitaria. Si bien esta emergente disciplina no dicta estrategias puntuales para aplicar en una sala de clases, sí releva ciertos aspectos claves del proceso de aprendizaje, como las emociones.

“No podemos darnos el lujo de tener niños estresados en las sala de clases, ya que es una condición mínima para poder avanzar en los aprendizajes en cualquier ámbito educativo”.

—Sabemos que la parte afectiva es un elemento clave del aprendizaje, ¿cómo se relacionan?
—Lo primero es plantear que desde hace ya más de 10 años que se sabe que las emociones juegan un rol fundamental en el aprendizaje. Esto no implica que tiene que haber una especial motivación o afecto para aprender algo, sino que simplemente aprendemos algo cuando lo consideramos como relevante en nuestras vidas, es decir, sentimos una emoción “positiva” hacia eso. El desafío es la diversidad que hay detrás de esta afirmación – mientras que para alguien el aprender inglés o resolver ecuaciones es fundamental, y por lo tanto a pesar de los desafíos que enfrente lo aprenderá, para otro puede carecer de la importancia suficiente como para dedicar los recursos necesarios, y entonces será prácticamente imposible que logre ese aprendizaje. Esto ocurre en toda situación de aprendizaje y durante toda nuestra vida.

—¿Y las “emociones negativas”?
—Si bien estas emociones son normales y ayudan a sobrellevar distintas situaciones, como por ejemplo reaccionar frente a peligros o protegernos de riesgos, cuando son permanentes afectan a distintos aspectos de nuestra vida, como el proceso de aprendizaje. Estas emociones son gatilladas por estresores, término que se da a estímulos que asociamos con experiencias negativas. Todos tenemos estresores, pero estos son únicos para cada persona, ya que las experiencias de cada individuo son únicas e irrepetibles. Por ejemplo, mientras hay estudiantes que consideran hablar en público como algo intimidante, es decir es un estresor, otros estudiantes lo consideran algo agradable, un momento en que pueden sentirse destacados, mientras que otros pueden sentir una indiferencia hacia esta instancia. Entonces, es clave entender ambos lados de la moneda, tanto las emociones negativas como positivas en el aprendizaje.

El contexto podría afectar el aprendizaje, en contextos vulnerables, el aprendizaje se ve afectado en mayor modo debido a múltiples factores, ¿qué consideraciones deben tener los docentes?

—Hay ciertas funciones ejecutivas que son predictoras del desempeño académico en contextos educativos formales. Estas funciones son habilidades cognitivas transversales que permiten analizar, planificar, crear, relacionar, e imaginar, en el día a día, y son la puerta de entrada para adquirir aprendizajes complejos superiores, desde el pensamiento matemático, hasta la creación de obras de arte, establecer relaciones interpersonales, o jugar un deporte.

El 78% de los niños egresados del colegio, entraron en el 2018 a la educación superior.  

Actualmente, la evidencia dice que en general estas funciones se ven afectadas en niveles socioeconómicos más bajos a causa del nivel de estrés asociado a dichos contextos sociales. Aunque no siempre, la exposición constante a estresores conlleva un menor desarrollo de estas funciones ejecutivas, por lo que al enseñar en estos contextos es central tener en cuenta que hay un desafío extra – el disminuir en lo posible los niveles de estrés que podrían estar presentes en los estudiantes. Sobre todo en niveles de educación temprana, ya que es en ellos donde el impacto sería mayor y tendría una duración de más largo plazo, afectando el proceso de desarrollo cognitivo, y por lo tanto el aprendizaje de los estudiantes.

Orientaciones concretas

Explica Isabel que “actualmente hay un sinnúmero de estrategias que pueden aplicarse para disminuir los niveles de estrés. Esto es una tremenda ventaja, ya que no hay una estrategia única y cada docente puede buscar algo que se ajuste a su proyecto educativo, a sus intereses, a sus estudiantes, y a su disponibilidad de tiempo”.

—Lo importante es apoyar el proceso personal de cada alumno para que pueda dejar de lado cargas emocionales negativas, sea que provengan desde el hogar o del mismo contexto escolar, durante el proceso de aprendizaje.

Finalmente, hay que señalar, dice Isabel Valdivia, que no es posible eliminar del todo los estresores presentes en la realidad de cada uno, pero sí se puede apuntar a disminuirlos, al menos durante la jornada escolar, lo suficiente como para dar paso al desarrollo potencial de las funciones ejecutivas tan esenciales para el proceso de aprendizaje en todo sentido.

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